Strauss, Mahler, Brahms y Schoenberg


Mario Saavedra

La Orquesta Filarmónica de Minería dedicó su pasado Concierto de Verano a la Revista de la Universidad de México en su 65 aniversario como una de las publicaciones que han iluminado nuestro andar cultural en las más recientes seis décadas.

Y el extraordinario y poco manido programa musical con el que lo hizo, bajo la batuta de su director asociado, el ahora mismo muy activo José Arean (su reciente trabajo al frente de la Orquesta del Teatro de Bellas Artes con Le fille du régiment de Donizetti fue más que decoroso), ha estado a la altura de las circunstancias: la Fantasía Sinfónica sobre la ópera La mujer sin sombra  de Richard Strauss (1864-1949), el ciclo de canciones Kindertotenlieder de Gustav Mahler  (1864-1911) y la Transcripción Orquestal de Arnold Schoenberg 1874-1951) del Cuarteto para piano y cuerdas en Sol menor (Opus 25) de Johannes Brahms (1833-1897).

A partir del libreto más complicado y fantasmagórico escrito por Hofmannsthal, donde el dramaturgo lleva hasta sus últimas consecuencias tanto su rigurosa formación como sus obsesiones, la Fantasía de la ópera Die frau ohne schatten concentra a la perfección la a mi modo de ver también más compleja y decantada ópera de Richard Strauss. Prodigio de orquestación, esta sobre elaborada síntesis dramático-musical consigue muy bien describir a manera de prefacio la que es sin duda la obra maestra del último gran compositor dramático alemán con efluvios decimonónicos, tan clásico como moderno, y quien precisamente con La mujer sin sombra alcanza el pináculo de su genio tanto teatral como musical.

Orquesta a plenitud

Una manera de arrancar a tambor batiente el trabajo de una gran orquesta a plenitud en todas sus secciones trabajando al máximo, Arean logró subrayar el clima general de encantamiento que en esta partitura se consigue a través de un lirismo intenso, de un amplio y generoso desarrollo melódico, de un magistral discurso instrumental en los numerosos interludios dispuestos entre uno y otro cuadro, en los que las orquesta, deslumbrante en su variedad rítmica y tímbrica, está empleada de diferente modo según se trate de presentar el mundo de los espíritus con un tratamiento casi camerístico, o el mundo terrenal donde asume grandes proporciones.

En un concierto de diversas emociones encontradas, la primera mitad se completó con el que quizá sea el más intimista y poético de los ciclos de canciones de Gustav Mahler: las Canciones de los niños muertos. De sus numerosas canciones a partir de textos de Friedrich Rückert (1788-1866), los luctuosos Kindertotenlieder nacieron sobre cinco poemas de entre los muchos que escribió este poeta alemán en un torrente de desesperación después de la muerte de sus dos hijos Luise y Ernest en 1836, y que en el caso concreto de Mahler ejercieron siempre un gran impacto porque su hermano fallecido adolescente en 1874 también se llamaba Ernest.

En todo el ciclo se reconocen básicamente tres estados de ánimo, que el genio del compositor de Kaliste desarrolla progresivamente a partir de un conocimiento ejemplar tanto de la orquesta aquí visiblemente reducida en algunas de sus secciones, pero también de las facultades tanto de las éstas como de los instrumentos por separado, en cuanto a color, a timbre, a sonoridad: la incredulidad del hombre endurecido por la desventura, el paso del tiempo que no amaina el dolor intensificado por los recuerdos y la loca tentación de creer que los hijos todavía están vivos y todo no ha sido más que una oscura pesadilla.

Barbara Dever, maravillosa

Muy conocida del público mexicano, y si bien ya no se encuentra en su mejor momento, la mezzosoprano norteamericana Barbara Dever nos ha ofrecido una versión de este maravilloso ciclo orquestal-vocálico de este autor bohemio del que se está conmemorando su cincuentenario luctuoso donde sus buenas técnica y escuela, su formidable fraseo, se convirtieron en ingredientes necesarios para abordar una obra que por su carácter intimista y su profundidad poética impone las dificultades propias del género liederista.

Y quizá el mayor atributo del director asociado haya estado en conseguir matizar esos distintos estados de evolución dramático-poética, más en un plano de diálogo que de mero acompañamiento.

La menos escuchada de las tres obras incluidas en este programa celebratorio, momentos verdaderamente apoteósicos lograron la Orquesta Sinfónica de Minería y su titular asociado con su especialmente colorida y chispeante versión de la citada transcripción de Arnold Schoenberg del Cuarteto No. 1 para piano y cuerdas en Sol menor, Opus 25, de Johannes Brahms. Tratándose él mismo de un extraordinario orquestar, sobre todo en su primera etapa, el acercamiento al mencionado Cuarteto No. 1 para piano y cuerdas en Sol menor por parte de Schönberg resalta las virtudes de esta obra de un gran compositor camerístico (tanto como su medular presencia como sinfonista), y que según el padre del dodecafonismo no se toca con la regularidad con que debiera y además se suele relegar la participación de las cuerdas a un segundo término, muy en desventaja del piano que se hace aquí protagonista, quizá respondiendo a una tradición en vista de que lo estrenó y dio a conocer nada menos que Clara Schumann.

Concierto para recordar

Y quizá lo más interesante de esta versión orquestal de Schoenberg sea su final Rondo alla Zingarese, que como en su original de base echa mano una vez más de los temas y afluentes populares gitanos tan caros al compositor de Hamburgo.

Un concierto para recordar por las obras en él programadas, por el trabajo destacado de la Orquesta Sinfónica de Minería en esta ocasión bajo la batuta de su director asociado José Arean, y sobremanera por el motivo celebratorio de una publicación que con su nuevo titular, el maestro Ignacio Solares, ha confirmado el porqué de su protagonismo en los senderos tanto de la inteligencia como de la creatividad.

Felicidades a la Revista de la Universidad de México en su 65 aniversario de vida, en la que ha sido la historia ejemplar de una familia de la que me honra formar parte. ¡Enhorabuena!