Nora Rodríguez Aceves
A la coyuntura económica mexicana mala y al panorama negativo y complicado para el país, hay que sumarle la decisión gubernamental del alza tan fuerte del precio de la gasolina, habrá inflación. Fue una mala decisión en la forma en que se hizo, en el sentido del tiempo, en la gradualidad, es un golpe muy fuerte a las finanzas.
No hay imaginación ni creatividad por parte de la clase política a la hora de hacer políticas públicas que beneficien a la población en medio de esta coyuntura, hoy más que nunca lo necesitamos para evitar situaciones como las que se están viendo por la liberación del precio del combustible.
Además, viene el fenómeno Trump con la nueva administración norteamericana y ahí están latentes las amenazas recibidas. El anunció de la empresa Ford de cancelar una inversión para una instalación en San Luis Potosí, se suma a este panorama complicado que hay, explica Carlos Brown Solà, asesor y consultor económico para los sectores público, privado y social.
El aumento en el precio de los combustibles, una medida que entró en vigor el 1º de enero y que ha generado entre la población enojo y molestia, así como protestas, manifestaciones, saqueos y actos vandálicos en todo el país, solo es “consecuencia de decisiones de política económica de esta administración federal, no pensadas, no planeadas, a pesar de que algunas intensiones parezcan buenas o malas. Aunque no hay una relación directa con la reforma energética sí parte de una idea de ésta de abrir el mercado, pero sin una planeación, sin estructurar bien cómo abrir el mercado de las gasolinas y la dependencia a su importación absoluta”.
Además viene acompañada de vicios dados desde la administración anterior, incluso Felipe Calderón a pesar de tener una agenda verde y promover acciones contra el cambio climático a nivel global, en lo local promovió muchísimas acciones a favor de la intensificación en el uso de las gasolinas.
Es una conjunción de malas decisiones del pasado y malas decisiones de esta administración.

El trasfondo
La decisión se toma porque anteriormente se anunció que habría una liberalización del mercado, el problema es que hay una falsa creencia de que liberalizar el precio de las gasolinas implica que costará lo mismo en Estados Unidos que en México y no se piensan en los costos de transacciones. Sí la importamos al precio de allá, pero hay que sumarle los costos de transporte, los costos administrativos, los impuestos como correspondan, entonces habrá un precio más alto al interior que al exterior, dependemos totalmente en importación de gasolinas.
Había una falsa idea de que las gasolinas bajarían de precio y es una falsa promesa que hizo el gobierno federal. Si se deja al precio internacional, éste se da por oferta y demanda que están dados por condiciones políticas, geográficas, etc. de posible disposición del petróleo, hay una serie de causas detrás de la oferta y la demanda. Pero si no sumas los costos de transacción y todo lo importas, habrá un diferencial de precios, esto es sólo una preparación para eso.
Las repercusiones
Dentro de una lectura económica, las repercusiones pueden ser importantes, el impacto del alza de los energéticos, no solo de gasolina sino de gas natural, nada más las tendencias que tenemos del exterior puede tener repercusiones en los precios.
Políticamente moverá la agenda, ya se está viendo este doble discurso del partido de derecha, del PAN, que tanto promovió la reforma energética, la liberalización de los precios, ahora pide echar para atrás la forma en la que se pone precio a las gasolinas.
Andrés Manuel López Obrador trae ese discurso desde hace 15 años, ha sido parte de su plataforma electoral desde hace muchísimos años, ahí no hay sorpresas.
En el resto de la oposición, se ha visto más sorpresas, hay esta doble visión de políticos y gobernadores que antes hablaban de cambio climático y de la relevancia de combatirlo al mismo tiempo que quieren que se siga subsidiando un contaminante tan alto, tan grande como son las gasolinas.
¿Subsidio?
El economista e internacionalista asegura que la gente que tiene salario mínimo difícilmente podrá tener acceso a un automóvil, representa un gasto fuerte para una familia, para un hogar, hay una falsa idea de que todo mundo tiene un automóvil, por eso un subsidio en la gasolina favorece a un segmento mucho más pequeño de la población de lo que se cree.
Temas como el combate a la pobreza, desigualdad, progresividad de la política económica en México, no ha sido el debate, el debate solo es tener gasolina barata porque sí. Se han descuidado muchísimos rubros que pudieran tener atención por medio del financiamiento público, hay temas que abarcan a una mayor población que solo subsidiar una gasolina.

De la petrolización a la gasolinización
Se ha pasado de la “petrolización” a la “gasolinización” de las finanzas públicas. “En la década pasada, 2000 a 2010, el promedio de los ingresos públicos que venían del sector petrolero eran casi 33%, uno de cada tres pesos que ingresaba a las arcas públicas federales venían del petróleo y ahora lo que pasó es que ese hueco, hay que decirlo, había un hueco fiscal que dejó la baja del precio internacional del petróleo que hemos vistos desde hace año y medio, dos años, eso se empezó a reemplazar con los ingresos de los impuestos a la gasolina, el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios empezó a sustituir ese hueco que había y fue parte el por qué se dio el cambio de que el IEPS fuera un subsidio a que fuera realmente un impuesto, lo que debe ser”.
El gobierno mexicano ha aprovechado bastante bien la coyuntura en ese sentido, ha sido el salvavidas de las finanzas públicas federales y justo ahora viene el tema de la liberalización, ha sido soltar el subsidio para volverlo un impuesto y preparar al mercado para la liberación, el asunto es que no hay infraestructura. Habrá impactos regionales muy fuertes por eso en todo el país, el suministro en Monterrey será muy diferente al que habrá en el sur de Oaxaca o en Chiapas, habrá disparidades regionales en este tema.
En estos momentos toda la clase política se está sumando en contra del partido en el gobierno para frenar la medida, es impopular. La gasolina es un tema sensible en México, en el imaginario colectivo nacional se ha vuelto un indicador económico central y siempre se basa en dos indicadores, los que todo el mundo tiene en la mente: el tipo de cambio y el precio de la gasolina.
Se cree que cuando el dólar y la gasolina están baratos nos va bien, es una falsa percepción de bienestar, ¡pero no! tiene implicaciones económicas y sociales muy fuertes que ambos estén baratos. Sin embargo, así se mide y la clase política está reaccionado con base en eso. Hacia 2018 este será tema de agenda.

Bandera populista
De acuerdo al maestro en economía por El Colegio de México, “tanto el partido gobernante a nivel federal como las oposiciones partidistas de izquierda han enarbolado la bandera populista de la gasolina barata, y este doble discurso del que hablo es una muestra clarísima de que es una “bandera desde los populismos el enarbolar la gasolina barata como algo que queremos o que necesitamos”.
Sí hay repercusiones que la gasolina haya subido en México, la más fuerte es que subió en un porcentaje muy alto, de un día para otro, entre 16 y 20%, eso tiene impactos económicos y sí hay que hablar de estos. Fue una mala decisión de política económica hacerlo de golpe y no de forma gradual.
Se ve un panorama complicado para el país, para empezar las finanzas nacionales se ven mal, la reforma fiscal puso candados, no habrá creación de impuestos nuevos hasta 2018, se hizo un pacto fiscal con los empresarios.
La política monetaria depende muchísimo de los golpes externos, si se da la transferencia del efecto traspaso de las gasolinas a los precios de los bienes básicos el Banco de México subirá las tazas de interés, lo cual provoca menos inversión. Veremos una coyuntura con menor crecimiento económico este año a partir de estas decisiones.
El Banco de México lleva un año reaccionando al tipo de cambio y a lo que ha hecho la Reserva Federal, ha estado aumentado paulatinamente la tasa de interés, hay una inhibición de la inversión en México que se nota.
Sí se tienen los peores niveles de inversión pública de los últimos 25 años y los niveles de endeudamiento más altos en los últimos 20 años, hay algo en la ecuación que no cuadra. Las finanzas públicas se ven mal y en la economía, el panorama del crecimiento económico no es nada bueno.
