Alquimia es un artificio sin arte,  cuyo medio es la mentira

y cuyo fin es la mendicidad. Voltaire

Inaugurado el 30 de septiembre de 1968, el Velódromo Olímpico “Agustín Melgar” sorprendió a propios y extraños por su calidad constructiva y su concepción arquitectónica; factura de Herbert Shurmann y Jorge Escalante, este espacio, destinado a un deporte de “altísimo riesgo” —ante los 2 mil 400 metros de altitud de la Ciudad de México—, se consagró como la “Catedral de los Récords”, ya que por su pista de madera africana, el mítico corredor belga Eddie Merckx, Otto Ritter, Emilio Cochise Rodríguez y Radamés Treviño, superaron treinta sonadas marcas olímpicas.

Las instalaciones olímpicas construidas en esta zona de la ciudad cuentan con una larga tradición deportiva, debido al celo que el gran promotor y cómico deportivo Jesús Martínez, Palillo, desplegó en 1956 para crear una ciudad deportiva en los terrenos de la Magdalena-Mixhuca, antiguo islote precortesiano a cuyos habitantes el virrey De Mendoza les retribuyó sus tierras y labranzas en reconocimiento por su laboriosidad.

El proceso de desecamiento del lago unió el islote con tierras salobres acondicionadas en 1910 por el porfiriato para el primer parque popular de la ciudad, el de Balbuena, nombre que se le impone por haber pertenecido al rancho bautizado por la familia Braniff, en honor al cronista Bernardo de Balbuena y al que a lo largo de las administraciones se le fue cambiando nombre y fisonomía, pero que nunca perdió su carácter de espacio público del pueblo.

La hazaña de Palillo al convencer a las autoridades de brindar oportunidades deportivas a los habitantes del oriente de la ciudad se vinculó directamente a la decisión del gobierno de la república de no continuar con el sueño del empresario Simón Neguib, el cual quería   construir una gran ciudad de los deportes, para la que el empresario libanés aportó la construcción de la Monumental Plaza de Toros México (inaugurada el 5 de febrero de 1946 con una corrida que contó con la participación de Luis Castro, el Soldado, Manolete y Luis Procuna con un encierro de San Mateo), y un estadio de futbol americano con capacidad para sesenta mil almas, inaugurado el 6 de octubre de 1946 con un partido entre los Aguiluchos del Colegio Militar y los Pumas de la UNAM, en la que estos obtuvieron la victoria con un marcador de 16 a 14. Luego, el 5 de enero de 1947, el estadio se habilitó para el partido de futbol entre el Veracruz y el Racing de Avellaneda, en el que el equipo jarocho derrotó al visitante 2-1.

Muy pronto “el Coloso de la Nápoles” será demolido y “la Catedral del Ciclismo” también, ambos serán víctimas de la especulación inmobiliaria o, como diría el docto Voltaire, en un artificio sin arte cuyo fin es la mentira, por acto de alquimia política nos quieren llevar a la mendicidad histórica.