Gustave Courbet, nació un diez de junio de mil novecientos diecinueve, dentro de dos años se festejará en Francia los doscientos años de su nacimiento. Se hablará mucho de sus pinturas como paisajista, pero más de sus desnudos, sobre todo de El origen del mundo, obra creada en mil ochocientos sesenta y seis, concebida en un principio para no ser expuesta en galerías ni museos. Ya que fue pintada por encargo de el excéntrico diplomático y coleccionista turco, Khalil-Bey, quien conocía sus obras sobre desnudos, lo reta a que pinte “algo que nadie hubiera pintado antes, algo absolutamente original e inédito”. Y pasan nueve meses, cuando el turco ve el cuadro, queda tan impresionado que no lo acepta en un principio, supo que no lo podría exhibir en su casa, por su naturaleza sexual y cruda. Pero por la insistencia de Courbet de pagar el reto, tuvo que recibir el cuadro y colocarlo sobre una pared de su sala, lo escondía detrás de una cortina verde oscura que siempre tenía que abrir cuando llegaba el pintor acompañado de alguno de sus conocidos. Era feliz al ver cómo se impactaban ante su obra, abrían los ojos desmesuradamente fijos y después como si sufrieran un choque visual que instintivamente desviaban la mirada al pintor, él suspiraba a propósito sin quitar la vista del cuadro, simplemente para que supieran el placer que había tenido al pintar ese cuadro.

Y El origen del mundo tuvo años más tarde otros propietarios, entre ellos el psicólogo Jaques Lacan, quien se formó una concepción sobre la sexualidad entre mujer y hombre: “Todo sujeto debe inventar un fantasma propio, una fórmula privada para la relación sexual; la relación con una mujer es posible sólo en la medida en que la pareja encaja con esta fórmula. Nunca es lo mismo con una mujer; sin embargo, ambos, cada uno de ellos, tienen su fantasía privada, su fantasma privado”.

Y El Origen del Mundo pintado por Gustave Courbet donde se ve a una mujer mostrando su sexo, es para Lacan la representación perfecta del deseo, donde “el problema es que la gente no sabe desear, sino que aprende a desear aquello que cree que los otros desean. Queremos ser deseables para el otro, pero en nuestras interacciones sociales es muy posible que estemos siguiendo el guión que la moral y el supuesto sentido común nos da sobre el deseo”.

Hoy la pintura está expuesta en el museo de Orsay de París, y es curioso como algunas personas casi no miran el cuadro; y otros como “vouyeurs” imaginando las horas que Gustave Coubert estuvo frente a la modelo de su pintura, permaneciendo un tiempo extenso frente al objeto de su creación.