Probablemente todo empezó como un juego intelectual o de habilidades diagnósticas, pero ha derivado en una disciplina o actividad médico-artística que practican médicos de todo el mundo y de diferentes especialidades, que podría tener numerosos beneficios.
Se trata del diagnóstico retrospectivo en modelos de obras de arte, el cual puede hacerse de dos maneras: a partir de la historia médica se establece el diagnóstico y posteriormente se busca la obra en que se encuentra el modelo; la otra consiste en analizar las posturas, semblantes y otros elementos distintivos de personas que fueron inmortalizadas en las obras de pintores de diferentes épocas, con el fin de llegar a un diagnóstico.
Los modelos… de enfermedad
Una de las reuniones periódicas que se realizan con el objetivo de diagnosticar los padecimientos de los modelos de las obras de arte es la Conferencia Anual de Patología Clínica Histórica, de la Universidad de Maryland, en la que un médico recibe la historia clínica de un personaje, sin precisar quién, que puede ser un modelo de alguna obra de arte o una figura histórica. El médico debe analizar los datos, realizar un diagnóstico retrospectivo e identificar al personaje estudiado.
Recientemente, Marc Patterson, de la Clínica Mayo de Rochester, Thomas B. Cole, de la Universidad de Carolina del Norte, Eliot Siegel del Sistema de Atención Médica de Maryland y Philip A. Mackowiak, de la Universidad de Maryland, recibieron la historia clínica de Anna Christina Olson, modelo del pintor Andrew Wyeth en la obra El mundo de Cristina, para hacerle un diagnóstico retrospectivo.

La modelo Judith de Judith con la cabeza de Holofernes habría padecido en el pecho un fibroadenoma gigante o un quiste.
Patterson y colaboradores, refiere Abby Olena en The Scientist Daily del 13 de junio, determinaron que Anna Christina tenía la enfermedad de Charcot-Marie Tooth, que afecta los nervios periféricos (de las extremidades) y causa problemas de balanceo y dificultades para caminar. Patterson reflexionó sobre el particular: “La historia parecía bastante simple, como alguien con una neuropatía periférica progresiva, pero la pregunta era: ¿Qué tipo de obra de arte se relaciona con esto?”.
En el Journal of Child Neurology de este mes, Patterson y colaboradores publicaron sus apreciaciones, que contradijeron a otros médicos que creían que Anna Christina había tenido poliomielitis, pero incluso una supercomputadora del Laboratorio Nacional de Oak Ridge, en Tennessee, le dio la razón al equipo de Patterson.
Hay otros ejercicios en esta disciplina que son a la inversa, a partir de las características físicas del modelo se exploran las posibilidades de que tuviera algún padecimiento. Por ejemplo, el cirujano plástico italiano Davide Lazzeri realiza el llamado diagnóstico presuntivo con sus colaboradores, en algunas obras de arte, especialmente pinturas, pero es muy cauteloso ya que precisa: “Con frecuencia hacemos una interpretación médico-artística, no es un diagnóstico definitivo”.

En Cupido durmiendo el personaje habría padecido, según algunos especialistas, hipopituitarismo, en tanto que otros consideran que era raquitismo.
Rubens y Caravaggio, retratistas de enfermos
Lazzeri identificó un tumor en el pecho en el cuadro Judith con la cabeza de Holofernes, pintado hacia 1616 por Peter Paul Rubens, de la escuela flamenca. El cirujano plástico se basó en el análisis de otros cuadros de Rubens para sugerir que la modelo (Judith) probablemente tenía una masa benigna del pecho como un fibroadenoma gigante o un quiste, según refiere Olena.
Por su parte, el endocrinólogo italiano Paolo Pozzilli, de la Universidad Campus Biomédico de Roma, sometió a prueba a 86 endocrinólogos, 67 de adultos y 19 de niños, a quienes les pidió plantearan qué enfermedad podría encontrarse en el cuadro Cupido durmiendo, del Caravaggio, quien es considerado el pintor por excelencia del barroco e introductor del tenebrismo, que se caracteriza por el contraste brusco de luces y sombras.
Los endocrinólogos de adultos se inclinaron por el hipopituitarismo (disminución de la producción de alguna o todas las hormonas de la hipófisis), en especial por la falta de la hormona del crecimientos; en tanto que los especializados en niños dijeron que se trataba de raquitismo. El doctor Pozzilli concluyó que ambos podían tener razón, ya que el hipopituitarismo puede estar asociado con el raquitismo, según consigna Olena.
En realidad no se trata de un ejercicio ocioso o de curiosidades médicas, ya que estos diagnósticos contribuyen a dar un panorama histórico más completo de la evolución de las técnicas y concepciones de los diagnósticos médicos; asimismo, permiten identificar las relaciones entre los factores socioculturales y las concepciones artísticas de determinadas épocas.
El diagnóstico retrospectivo, además de demostrar la habilidad diagnóstica de los médicos o su ojo clínico, puede ser un valioso auxiliar de los historiadores del arte, de la medicina y de las mentalidades.
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f/René Anaya Periodista Científico

