En un discurso de una hora y media ante las dos Cámaras del Parlamento en Versalles, Macron desgranó los grandes ejes de su política para los cinco años de mandato, aunque los anuncios más concretos fueron los referidos a su programa de regeneración democrática.
El presidente inició su intervención con una crítica velada a sus predecesores, al referirse al deseo de una “alternancia profunda” expresada en las urnas por los votantes que acabe con “los años inmóviles y los años agitados”.
Las medidas estrella, como la reducción del número de diputados y senadores, ya estaban incluidas dentro de su programa electoral, pero Macron propugnó su aprobación en el plazo de un año, tras lo cual serán sometidas a la votación de los legisladores “o al pueblo francés en referéndum si es necesario”, advirtió.
“Un Parlamento menos numeroso, pero con medios reforzados, es un Parlamento donde el trabajo es más fluido (…) y que funciona mejor“, señaló Macron al respecto de unas Cámaras en las que actualmente hay 577 diputados en la Asamblea Nacional y 348 senadores.
El presidente galo abogó asimismo por acabar con la “enfermedad de la proliferación legislativa”, en la que reconoció haber participado como ministro de Economía bajo la Presidencia de François Hollande, entre 2014 y 2016. En este sentido, en lugar de sacar adelante un torrente de nuevas normas, instó a los legisladores a realizar un mayor seguimiento y control de las que existen, para poder derogar aquellas que ya no son útiles.
Dentro de esas medidas de renovación democrática mostró su deseo de suprimir la Corte de Justicia de la República, el órgano habilitado para juzgar a los miembros del Gobierno por el ejercicio de sus funciones, para que estos rindan cuentas ante tribunales ordinarios como el resto de los ciudadanos.
En ese mismo plano judicial, aseguró que reforzará el papel del Consejo Superior de la Magistratura y que limitará la intervención del Ejecutivo en la designación de los magistrados de la Fiscalía (encargada en Francia de la instrucción).
También reiteró su intención de levantar el estado de emergencia en vigor el próximo noviembre, no sin antes incorporar varias de sus disposiciones a la legislación antiterrorista, “siempre bajo la vigilancia de un juez”.
Además, Macron dedicó el cierre de su discurso a la Unión Europea, a la que consideró “fragilizada por la burocracia” y por “el creciente escepticismo que deriva de ella”. “Creo firmemente en Europa, pero no encuentro ese escepticismo injustificado”, dijo, antes de añadir que confía en “hacer revivir el deseo de Europa” entre sus ciudadanos.
La alocución del presidente estuvo marcada por el boicot de los diputados de la Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon, los comunistas y algunos centristas, que descalificaron la “monarquía presidencial” que, a su juicio, pretende encarnar Macron.
