No puedo no indignarme cada vez que voy al cajero automático. Al menos en el banco en el que estoy ahora (HSBC), pero también en otros (Santander, Banamex, Bancomer y un largo etcétera), según testifican amigos, lo primero que aparece en pantalla es un “maravilloso” crédito que el banco ofrece con sólo aceptarlo dando unos cuantos clicks, sin que yo lo haya solicitado. Debo poner mucha atención para evitar apoyar el dedo en el botón equivocado: ¡ahí está una perversidad mayor del sistema bancario! No dice “aceptar” y “no aceptar”, sino palabras como “continuar” o “regresar” que uno debe interpretar para no dar inicio a un infierno burocrático o a una deuda indeseada con una tasa de interés no especificada. ¿Continuar con qué? ¿Regresar a dónde?
En mi caso, tengo claro que no quiero un crédito que no podría pagar. Pero, hay personas que deben debatirse entre pinchar “continuar” o “regresar”, pues ven ahí un recurso inmediato. Otras simplemente no entienden o se equivocan. Empleados del banco me han dicho que, de hecho, los buscan para tratar de echar atrás ese crédito (ahí empieza el infierno kafkiano) porque sin querer o sin saber oprimieron el botón equivocado.
Tras lograr pasar la primera pantalla, sin caer en la tentación o en el error, la segunda pantalla no regresa al inicio: ofrece otra vez el mismo crédito. Para no errar, hay que volver a leer con cuidado, mientras detenemos el acto reflejo de nuestros dedos. No hay que ceder a la presión de la prisa ni a la vibra impaciente de la fila que se acrecienta detrás de nosotros. Además, hay que evitar el pensamiento aterrador de que un malandrín vea lo que nos ofrecen, con esos ojos de lince que tienen algunos, para luego acercarse y murmurar: “acepta el crédito y ven conmigo”. ¡Podemos ser víctimas de un secuestro express hasta entregar ese crédito tan amablemente ofrecido por el banco, y luego tendremos que pagarlo! No es que sea paranoica, pero me basta haber sido robada por banca electrónica en Santander hace más de dos años. Robo del que ese banco todavía no me ha resarcido, a pesar de la denuncia penal en su contra que lleva a cabo mi abogado. Los invito a entrar en el siguiente link para que escuchen en voz de especialista porque se acusa penalmente al banco.
Me pregunto, ¿es legal que los bancos ofrezcan dinero contante y sonante a quien no lo ha solicitado?, ¿es legal que lo hagan por medio de un cajero y con trucos para atrapar desprevenidos, ignorantes, atarugados, ingenuos o para seducir a gente que tiene una necesidad urgente e inmediata? Si es legal, es una ley perversa. Si no lo es, ¿por qué se permite?
No puedo dejar de pensar en las famosas tiendas de raya con que los caciques mantenían sujetos a los campesinos vendiéndoles continuamente algo que no podían pagar. Los bancos, nuevos caciques institucionalizados y sistematizados, atrapan, con apoyo del gobierno, a un público que difícilmente puede soltarse de sus garras. En México ya experimentamos en carne propia que si la gente no paga sus créditos y los bancos se van a pique, el gobierno los salvará con nuestros impuestos. ¿Estamos de acuerdo con todo ello? Les propongo escribir y entregar a nuestro banco una carta, con acuse de recibo, para deslindarnos de la aceptación de esos créditos y exigir que no se ofrezcan a través de cajeros automáticos.
Además, opino que se respeten los Acuerdos de San Andrés, que se investigue Ayotzinapa, que trabajemos por un nuevo Constituyente, que recuperemos la autonomía alimentaria, que revisemos a fondo los sueños prometeicos del TLC.

