Cuentan que el pulque de Apan, allá por la década de 1920, era ya toda una tradición. El tren llegaba cada mañana a la Ciudad de México con pulque fresco que se servía en las mejores mesas de la sociedad porfiriana, al igual que en el campo, cuando las mujeres llevaban el “itacate”, siempre acompañado de un jarrito de esta euforizante bebida. Bebida con rango, el pulque se servía en mezcla con otras sustancias a guerreros o a los destinados al sacrificio. Era de uso sacramental y festivo.
En la mitología de nuestros antepasados el pulque se relaciona con “Mayahuel”, hermosa diosa de la tierra que seducida por Quetzalcoatl viene a vivir con los mortales. Para que no sea descubierta su amado la convierte en dicha planta y el hechizo nunca pudo ser revertido.
El pulque suele también asociarse con la representación del conejo, animal que hace sus madrigueras debajo de los magueyes y que comúnmente tiene un color rojizo en sus ojos, por lo cual será relacionado con la embriaguez.
La pulquería “La Gloria”, que se encuentra cerca del metro Zapata, en el sur de la ciudad, tiene más de 70 años de existencia, siendo de las pocas pulquerías que siguen dando sus servicios de este liquido prehispánico.







