El Instituto Federal de Telecomunicaciones es el órgano autónomo que diseñamos, discutimos y aprobamos en el Senado en 2013. Está encargado de regular un mercado —el de las telecomunicaciones y radiodifusión— que aporta al PIB nacional más que el estado de Coahuila junto y cuyo crecimiento ha sido cinco veces mayor en los últimos años que el de la propia economía nacional. Esta semana el Senado votó a favor y terminó por ratificar a Gabriel Contreras como su presidente un periodo más.

Hay quien puede pensar que el proceso de renovación del comisionado presidente ha sido largo. Puede que tengan razón, pero tomemos en cuenta lo amplio de nuestra convocatoria y lo escrupuloso de nuestro procedimiento.

Y en términos comparativos, basta con revisar el caso estadounidense.

El día de ayer se ratificó en el Congreso estadounidense al secretario general de la Comisión Federal de Comunicaciones, o la FCC, por sus siglas en inglés. Dicho proceso duró más de cinco meses.

Allá no se habla de deterioro institucional, sino de fortalecimiento democrático y rendición de cuentas.

A algunos senadores les parece bien que en el Senado de la República solamente se hable de los nombres de quienes van a ocupar los sillones vacíos. Y ya. Solo nombres. Y solo eso. Pelotear varios nombres, definir un proceso en el que se determine quién logra el consenso entre todos y entonces simplemente nombrar a alguien que ocupe el sillón en la Suprema Corte de Justicia, o en alguna embajada, o en alguno de los recientemente creados organismos autónomos como la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece) o el propio IFT. Como si el Senado de la República solo importara para eso: nombrar a gente que se siente en sillones.

En realidad el Senado es un órgano  colegiado en donde estos sillones debieran tener un significado distinto. Es el aquí en donde el Pacto Federal fija el rumbo de nuestra república. Por eso es que los sillones sí importan. Y si nos tomamos esa responsabilidad en serio, en el Senado somos corresponsables de sus nombramientos pero también de las acciones que se tomen después. Cada nombramiento debe cumplir los requisitos técnicos, particulares y específicos del encargo, claro. Pero no solamente eso. Los nombramientos en el Senado también deben ofrecer claridad a la gente para saber por qué ciertos problemas públicos son definidos como prioridades y no otros; y cómo se van a resolver con un sentido de responsabilidad compartido.

En resumidas cuentas, el Senado de la República decide si se pone al frente de la mayoría, o si decide darle la espalda. Y todos y cada uno de estos nombramientos traen consigo esa carga de prueba. Pero el diseño institucional de nuestros órganos autónomos y la relación de las instituciones públicas es de principal importancia.

Los senadores de esta legislatura hemos tomado la renovación del comisionado presidente del IFT como una oportunidad para cimentar una fuerte base de legitimidad al presidente y al Instituto en particular, y al Estado de derecho en general. Pero la renovación que hace falta es la del ejercicio del poder que rompa los esquemas de secrecía, prepotencia e impunidad. Nada de esto para el futuro.

@ZoeRobledo

Senador de la República por Chiapas