Carlos Bracho (Aguascalientes, 6 de octubre de 1937) es una figura relevante en el panorama de nuestra cinematografía, pero es también lo que se dice un hombre de teatro por los cuatro costados: director, actor, dramaturgo, productor… Carlos Bracho ha sido un creador poliédrico que ha buscado en diversas actividades (incluso en la política) la luz de la verdad, esa verdad que revela en el artista la vocación creativa y su fuerza social. En este sentido, Bracho no podía sino tender hacia la escritura en la que ha incursionado a través de la poesía y el cuento. Acompañado por el poeta y ensayista Dionicio Morales, la primerísima actriz Lilia Aragón y el crítico Ignacio Trejo Fuentes, Carlos Bracho leyó parte de su más reciente poemario Festín inacabable, el pasado 29 de octubre en el Palacio de Bellas Artes, lugar idóneo para homenajear a este intérprete icónico de nuestro cine y nuestra televisión; actor de carácter, pero también galán de alta cepa (al lado de María Félix en La Generala, película de Juan Ibáñez, hizo una actuación magistral); incursionó en la pintura y la fotografía, y tuvo sus primeros alientos literarios nada menos que en el Taller de Juan José Arreola.
Dionicio Morales ha expuesto en su libro Conjuros y divagaciones (2009), que Bracho fue llamado a figurar “en varios planos existenciales” entre los que el toreo fue una catapulta de su expresividad, tanto como la actuación. Bracho, ha dicho el poeta tabasqueño, ha respondido “a la menor provocación, a cualquier aspecto del arte”. Con los poetas Leopoldo Ayala y Alejandro Aura —recuerda Dionicio Morales—, Bracho patrocinó dos galerías de arte donde se foguearon muchos artistas jóvenes que después se consagrarían. En razón del primer libro de Carlos Bracho, Cuentos cínicos (1997), Morales ha destacado el homenaje que el narrador hace a Efraín Huerta: “…a quien Carlos Bracho, como muchos de nosotros, tuvimos el privilegio de contar entre nuestros guías […] Bracho logra dibujar el rostro, el espíritu de Efraín, el gran cocodrilo…”. Así, Morales ha descrito la habilidad cuentística de Bracho de manera contundente, a partir de Cuentos cínicos: “La manera de narrar de Carlos Bracho es sencilla, diáfana, sin subterfugios, sin trampas mortales, sin dilatados suspensos, pero en algunos textos el final acusa la esperada sorpresa”.
Carlos Bracho, intérprete de Kean, montaje legendario, actor que hizo pareja en teatro con Dolores del Río en La dama de las camelias de Dumas; que encarnó a José Vasconcelos en el filme Antonieta, y dio vida lo mismo a Ignacio Allende (en la telenovela histórica Los caudillos), que a Lord Henry (en la versión televisiva de El retrato de Dorian Gray, de Óscar Wilde), ambas series producidas por Ernesto Alonso entre 1968 y 1969; el también actor-autor del monólogo Por qué Neruda y de la obra Sueño de amor y muerte, de los unipersonales Don Quijote, juego teatral en un acto y ¡Me llamo Pablo!; el escritor de libros como Muerte en la azotea y La lujuria del gourmet, Carlos Bracho, al cumplir 80 años de vida, es un ejemplo a seguir: tanto en su inquebrantable vocación actoral, como en su pasión literaria y vital.
Más que merecido y significativo, este Homenaje a Carlos Bracho es un aplauso justiciero al talento creador de un hombre cuya trayectoria ha puesto el acento, siempre, en el profesionalismo, el eco contestatario, la honestidad y el humanismo: un auténtico Festín inacabable.

