Las distorsiones que ha sufrido el sistema político mexicano han permitido que se realicen reformas positivas y de gran calado, como la de otorgar el uso gratuito de los medios de comunicación; otras más, son francamente absurdas, como la de fijar tiempos de precampaña, que al final se ha convertido en una falacia que esconden las campañas electorales, indicando que la precampaña solo se destina a los militantes; sin duda, esto constituye un fraude a la ley que a nadie engaña y que pone en ridículo a las instituciones electorales.

Hoy, más que nunca, son absurdas las precampañas, cuando ya están definidos con claridad los candidatos de los partidos que se han dividido en 3 grupos de 3.

En efecto, la ideología dejó de convertirse en la esencia del sistema, del proyecto y del programa; las obsesiones del poder, por el poder mismo, permiten que se reúnan el agua y el aceite en la misma fórmula.

El candidato del PAN no puede establecer los principios de su partido porque lleva de compañeros al PRD y a Movimiento Ciudadano.

El candidato de Morena tiene que hacer declaraciones inesperadas y pletóricas de estulticia cuando tiene que justificar el apoyo del partido más derechista del espectro nacional; en el fondo López Obrador vuelve a surgir más como un pastor evangelista que como un político nacionalista —que lo fuera en su juventud—; apoyarse en un partido que combate los principio libertarios es tan grave que tuvieron que ser sus grandes admiradoras, la escritora Elena Poniatowska y la actriz Jesusa Rodríguez, quienes le reprocharon esta absurda alianza.

El PRI es más consecuente en su Frente, pues no es nueva la alianza con el PVEM y con el partido Nueva Alianza, aunque claro, con la modalidad de un candidato ciudadano, que en realidad es un eficiente funcionario público, que entiende el entorno interno y particularmente el externo.

Tres ocurrencias que lo único que hacen es desprestigiar más el sistema de partidos, tres actitudes fraudulentas a la ley que muestran que los partidos han perdido su origen y su destino y navegan en las procelosas aguas del oportunismo.

En estas condiciones todo será posible hacia la campaña electoral que, digan lo que digan, ya se inició y nos bombardea día y noche con spots francamente para débiles mentales.

Los ciudadanos esperan que hacia el futuro inmediato se levante la mira de principio y proyectos, y el ciudadano común y corriente pueda entender cada bloque de estos partidos tan mal acoplados en uniones absurdas.

Hoy tenemos un López Obrador disperso, equivocado y cada día más incoherente en su discurso; un Ricardo Anaya que quiere pelear con el mundo, sin entender ni qué propone y ni qué quiere, sin rumbo, sin precisión, sin propuesta, enamorado de sí mismo y encantado de escuchar su voz; y por otra parte, un José Antonio Meade sereno, humilde, participativo, pero al que le falta mucho para convencer y vencer, y para llegar a las entrañas reales de la ciudadanía.

Mal principio de todos, ojalá que en los próximos meses surja el debate de los grandes temas nacionales y de los objetivos que hoy, más que nunca, requiere la nación; 3 precampañas, 3 fraudes, 3 ocurrencias, frente a un pueblo que todavía no sabe, ni entiende, qué pasa en este proceso esquizofrénico y absurdo.