Decía Nelson Mandela que “hablarle a alguien en un idioma que entiende permite llegar a su cerebro, pero hablarle en su lengua materna significa llegar a su corazón”. Esta semana, el pasado miércoles 21 de febrero, se celebró el día internacional para la preservación de la diversidad lingüística en el marco de apoyo y promoción a la Agenda 2030 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Es importante recordar que este día no se celebra como parte de una prebenda política, sino que es producto de una conquista social que rememora la muerte de un grupo de estudiantes de Bangladesh, en 1952, a manos de la policía, únicamente porque buscaban el reconocimiento de su lengua y su cultura en la vida pública de su país.
La principal reivindicación que se hace en esta fecha es la de fomentar que jóvenes —mujeres, hombres y niños— “tengan acceso a la educación en su lengua materna y en otros idiomas (…) Las lenguas locales, especialmente las minoritarias e indígenas, transmiten culturas, valores y conocimientos tradicionales, desempeñando así un papel importante en la promoción de un futuro sostenible”. Un proyecto de nación en donde verdaderamente no se deje a nadie atrás pasa por visibilizar y atender a millones de mexicanos que han sido olvidados. En el recorrido de nuestro desarrollo como país hemos discriminado a los pueblos originarios, no solo en su situación social y política, sino también cultural.
En el caso de México, el tema de las lenguas maternas toma real importancia debido a que según el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (Inali), al día de hoy contamos con 11 familias lingüísticas y 68 lenguas originarias que, sumadas al español, nos posiciona como uno de los países con mayor riqueza cultural y lingüística. No obstante, aun con toda esa riqueza, es relativamente reciente el reconocimiento del Estado mexicano hacia las lenguas maternas u originarias que existen dentro del territorio nacional, pues no fue sino hasta 2003 que se creó la Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas que reconoció el carácter plurilingüe de la nación mexicana.
Como senador de Chiapas no soy ajeno al valor político y la riqueza cultural que representa una sociedad plurilingüística, pero tampoco soy indiferente a la exclusión estructural y a las luchas históricas de los pueblos originarios por ser incluidos en igualdad de condiciones en un mismo proyecto nacional. La preservación de las variaciones lingüísticas que existen en nuestro país (alrededor de 360) es un imperativo ético para quienes pensamos que un México más justo y más igualitario es posible, y todavía más para quienes trabajamos por ello desde espacios de representación política. Sin embargo, esta visión permanece todavía como una posición aislada tanto en la Cámara de Senadores, como en la de Diputados. Para ello un ejemplo: resultaría mucho más fácil y accesible para mis colegas senadores leer este texto si estuviera escrito en inglés, a que si lo escribiese en náhuatl, en chol, en tzeltal, o en tojolabal.
Con eso en mente es que apoyamos, congruente con nuestros dichos y con la humildad de reconocer que nos equivocamos, a Mardonio Carballo —indígena originario de Chicontepec, Veracruz— en el amparo que promovió y ganó en contra del artículo 230 de la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión que estableció que las transmisiones de radio debían hacerse “en lengua nacional”, entendida esta como el idioma español.
El artículo 230, tal y como había sido aprobado originalmente, no respetaba la Constitución en el sentido de que el Estado fallaba en su obligación de facilitar las condiciones para que los pueblos y comunidades indígenas pudieran adquirir, operar y administrar medios de comunicación. El amparo prosperó y la modificación reconoce ya la diversidad plurilingüística del país en el texto vigente.
Son pequeñas cosas que detonan la alegría de hacer para que nuestro compromiso con la diversidad cultural y la pluralidad lingüística sea un asunto de orgullo, sí, pero también parte de nuestro modelo de sociedad. Entendiendo que cada que muere una lengua, muere conocimiento, una perspectiva y una parte de la riqueza de México. Defender las lenguas es también defender la vida y la historia de nuestro país. Así somos en Morena. Así queremos que sea en todo el país.
@ZoeRobledo
Senador de la República por Chiapas

