Apenas han pasado seis meses desde que Dilma Roussef fue destituida como presidente de Brasil, y lo que parece ser la segunda parte de la trama se perpetró hace unos días con el reciente encarcelamiento de Luiz Inácio Lula da Silva; la figura más emblemática de la izquierda en el gigante sudamericano.
Lula quedó en el centro de una fuerte investigación judicial por lavado de dinero y malversación dentro de una operación conocida como Lavajato, que destapó una vasta red de desvío de recursos de Petrobras, la mayor empresa de Brasil.
Se le dictaron 12 años y un mes de prisión. Entre las razones por las que se le juzgó están el haber recibido sobornos por parte de la constructora OAS, por haberla beneficiado con la asignación de contratos millonarios cuando era mandatario del país.
El presidente de esa firma, Leo Pinheiro, también le regaló un lujoso departamento tríplex de 215 metros cuadrados. Al igual que Lula, Pinheiro fue condenado pero, en su caso, a 16 años de prisión.
El exmandatario brasileño, quien figura aún como candidato a las elecciones presidenciales de octubre próximo, fue condenado en primera instancia a nueve años y medio de cárcel, pero un tribunal de Porto Alegre elevó la pena a 12 años. El Supremo Tribunal de Brasil también rechazó la petición habeas corpus de Lula, recurso con el que sus abogados pretendían evitar su detención. Sus defensores calificaron la situación como una “decisión arbitraria”, pues a su parecer, aún no se habían agotado todos los recursos en segunda instancia.
La celeridad con que se realizó su detención hace dudar a muchos analistas internacionales, quienes opinan que se trató más bien de una extraña jugarreta para sacar del camino a quien es considerado como el favorito de las elecciones presidenciales, a realizarse en octubre próximo. Siempre! entrevistó a dos periodistas e internacionalistas brasileños, Gilberto Lopes (radicado en Costa Rica) y Denize Baccocina, para conocer la situación y el trasfondo que registró la detención de quien es considerado como el presidente más popular de Brasil.

La destitución gubernamental
¿En qué circunstancias se ha dado el encarcelamiento de Lula da Silva?
Me parece evidente que el encarcelamiento de Lula se ha dado en un contexto de un cierto agotamiento del proceso político transformador que ganó vida al final de las dictaduras surgidas en los años 60 y 70 del siglo pasado. Un proceso que abrió válvulas de escape por donde se manifestaron las aspiraciones políticas de sectores excluidos y avasallados durante esas dictaduras. Y que fueron, en muchos casos, exterminados del escenario político.
A la vez, este proceso coincidió con el derrumbe de los países socialistas del este europeo, con la disolución de la Unión Soviética y el triunfo de las posiciones neoliberales que comandaron el proceso de globalización, el cual entró en crisis en 2007, de la cual no ha salido y no saldrá indemne.
En América Latina, esas fuerzas se han ido adueñando de los gobiernos, en la misma medida en la que el proyecto neoliberal desnuda sus mentiras, y que su apoyo tradicional, vinculado a los intereses norteamericanos en la región, también se debilitan.
Eso genera caos e incertidumbre. Pero el proceso ha avanzado y, para eso, han encontrado una nueva modalidad: la destitución institucional promovida por los parlamentos contra presidentes con débil apoyo parlamentario. Lo ensayaron (con éxito) en Honduras y luego en Paraguay. Y entonces se lanzaron contra la caza mayor: el PT en Brasil. Un debilitado gobierno de Dilma Rousseff no resistió el embate de fuerzas conservadoras que ya no tienen ningún proyecto de país, más que el de sus intereses más mezquinos.
Destituida Rousseff, había que terminar con toda posibilidad de retorno al poder de esos mismos sectores. Eso quiere decir: Lula fuera de las elecciones.
Digo todo esto sin desconocer errores. Pero en cuanto a corrupción —que la hay— la clave es un sistema político que necesita dinero —mucho dinero— para competir. Y todos lo fueron a buscar donde había. Un problema muy grave.
Para mí, esas son las circunstancias que, en este momento, me parece necesario destacar.

Persecución política
Aunque se le acusa por corrupción y lavado de dinero, algunos expertos opinan que se trató más de una maniobra política para quitarlo de la candidatura presidencial, ¿qué opinión tienes al respecto?
Quisiera insistir en el aspecto político de lo que está en juego. Cualquiera que haya acompañado el debate en Brasil se habrá dado cuenta de que se trata de evitar la viabilidad de la candidatura de Lula a la presidencia en octubre. Si lo dejan presentarse, gana, como lo indican todas las encuestas.
Como dijeron parlamentarios y académicos británicos, “desde la destitución de Dilma Rousseff, Lula ha sido objeto de una campaña concentrada en su contra, que ha violado sus derechos humanos básicos. Como parte de este proceso, Lula ha sido sometido a una persecución política y condena, ignorando la evidencia de su inocencia y desatando una crisis de confianza en la vigencia de las leyes”.
Sobre las campañas políticas (en Brasil y, me atrevo a decir, en cualquier lugar donde existen elecciones “libres”) se financian con dineros privados. En muchos países esa “caja dos” es ilegal. En Brasil también. Pero todos se financian así. Así es el sistema.

Gilberto Lopes.
Lo otro es si algún político aprovecha la circunstancia para quedarse con algunos centavos. Ciertamente sí. ¿Quiénes? Muchos, en Brasil son decenas, quizá centenares, los acusados, y probablemente miles, en todos los niveles, desde el federal hasta el regional y el local.
¿Lula es uno de ellos? La discusión del caso sobre el que lo condenaron y metieron preso —el apartamento de Guarujá— no parece ser uno de ellos. Por lo menos en juicio no se pudo probar nada, más que la “convicción” del juez y de los jueces de apelación.
¿El sitio de Atibaia? No sé. El caso no ha sido discutido aún en los tribunales. Y hay otros de los que lo acusan también.
Pero Lula no es un ladrón, ni se ha enriquecido robando. No ha hecho política para enriquecerse, como muchos de sus acusadores.

Un PT tambaleante
¿Cómo queda el Partido del Trabajo ante este nuevo golpe que se ha dado contra una de sus principales figuras políticas y quizás contra el exmandatario más popular que ha tenido Brasil?
Esa es una pregunta de difícil respuesta. Hay mucha especulación sobre el tema en Brasil. Un analista destacado, José Luis Fiori, escribió: “Ahora la libertad de Lula pasa a ser el gran candidato”.
Para Fiori, con la decisión de prender a Lula, “la farsa montada por la derecha llegó a su fin”. A partir de ahora, “se van a dividir, a hacerse pedazos”. La lucha recién comienza, se abre un tiempo nuevo, la iniciativa “ahora es nuestra”, escribió.
Me parece que tiene razón. Lula ya planteó una agenda. Su discurso en el sindicato de metalúrgicos de São Bernardo do Campo, en vísperas de su detención, es memorable. “No van a vender Petrobras (la inmensa petrolera brasileña); vamos hacer una nueva constituyente; vamos a revocar la ley de petróleo que están haciendo; no vamos a dejar que destruyan el Banco do Brasil ni el Banco Nacional de Desenvolvimento, una institución que manejaba más recursos que el Banco Interamericano de Desarrollo; vamos a fortalecer la agricultura familiar, que produce 70 por ciento del alimento que se consume en el país”, afirmó.
Es una propuesta importante. ¿Está el PT en capacidad de llevarla a cabo? Evidentemente hoy no. ¿Cuándo? Difícil de responder.
El PT dejó de dar prioridad a las elecciones legislativas, a los gobiernos estatales y a las alcaldías. De modo que Lula solo podía elegirse con el apoyo del mayor partido del país, el PMDB, hoy un rejuntado de todo tipo de oportunistas. “Si las fuerzas progresistas repiten la estrategia del PT, les va a ir muy mal”, afirmó el filósofo Marcos Nobre, en una larga entrevista.
Creo que tiene razón.

Denize Baccocina.
Juicio amañado: Denize Bacoccina
Denize Bacoccina, internacionalista por la Universidad de Brasilia, es cofundadora del portal A vida no centro (avidanocentro.com.br)
Lula fue detenido tras haber sido condenado en primera instancia por el juez Sergio Moro. Él apeló, pero la condena fue confirmada en la segunda instancia. Ahora, él está buscando otras instancias, pero existe un entendimiento en el Supremo Tribunal Federal (STF) de que una persona condenada en la segunda instancia ya puede ser encarcelada, incluso con la presunción de inocencia en los recursos ante los tribunales superiores. Fue condenado por haber recibido un apartamento de regalo de una constructora, como una prebenda, por haber ayudado a la empresa a lograr contratos concesionados por el gobierno. Aunque el inmueble no estaba en su nombre, la justicia consideró que sería destinado a él. Son pruebas circunstanciales, no documentales, y, para muchos abogados, no existen pruebas concretas.
Llama la atención que el juicio haya sido más rápido de lo normal. Casi siempre, la justicia brasileña es bastante lenta en sus dictámenes y muchos procesos se quedan varados durante años. Esta rapidez, junto a las pruebas circunstanciales, han dado motivos para que mucha gente piense que Lula está siendo perseguido. Hay varias personas que ya fueron encarceladas por corrupción tanto del gobierno como del Partido del Trabajo e incluso aliados suyos. Muchos políticos con cargos de diputados, senadores o ministros solo pueden ser investigados por el Supremo Tribunal Federal y el proceso es largo.
La rapidez con que se juzgó a Lula ha creado un marco de desconfianza al pensar que era un objetivo por algún motivo específico. Pero, a decir verdad, hay decenas de personas que están presas e, incluso, el propio presidente Michel Temer, está siendo investigado por corrupción.
El Partido de los Trabajadores está en una gran crisis. En el pasado, el partido tenía el combate a la corrupción como uno de sus principios, y el hecho de haber sido atrapado en un escándalo tan grande de corrupción sacudió mucho el partido. Muchos se sienten traicionados, pero otros consideran que todo es parte de un golpe y que no existen pruebas contra Lula.
Pero Lula sigue siendo muy popular y es el favorito a la elección presidencial de octubre. No se sabe quién será el candidato del PT o si Lula será capaz de canalizar a este candidato, los votos que él tendría.


