Se reúnen, en un solo volumen, dos de las traducciones del poeta Enrique González Martínez, (la primera, de 1892, y la quinta, de 1945) de “El cuervo”, el célebre poema de Edgar Allan Poe. A las versiones del mexicano, se suman dos traducciones al francés, la de Charles Baudelaire, el padre de la poesía moderna, y la de Stéphane Mallarmé, la figura clave de la vanguardia. Como es sabido, Poe escribió un texto titulado Filosofía de la composición para mostrar los andamios de su poema y revelar la ingeniería racional: la elección de las palabras, del ritmo, de las aliteraciones, de los colores evocados. Si le creemos a Poe, nada en su texto está librado al azar y en consecuencia, todo es deliberado. De paso, le da un golpe mortal a la llamada inspiración.
Completan el volumen, el poema de Mallarmé “La tumba de Edgar Allan Poe” y el texto de Baudelaire “Génesis de un poema”, el primero en la traducción del poeta Jorge Cuesta y el segundo, por Salvador Elizondo, quien traduce igualmente la Filosofía de la composición y prologa el volumen y selecciona los textos ahí reunidos.
En la presentación de esta nueva edición del Colegio Nacional y Ediciones el Tucàn de Virginia, el plato fuerte fue la lectura de la actriz Angélica Aragón que leyó fragmentos de “El cuervo” en las distintas versiones en inglés, francés y español. La excelente actriz fue invitada por la fotógrafa Paulina Lavista, viuda de Salvador Elizondo. (No sé si Salvador o Raúl Lavista, el padre de Paulina, hayan escuchado a Pedro Armendariz padre declamar, en ingles y de memoria, el poema de Edgar Allan Poe).
A pregunta del público, Paulina Lavista comentó que el poeta Enrique González Martínez era, por el lado materno, tío abuelo y padrino de Salvador Elizondo. Víctor Manuel Mendiola, a nombre de la editorial, presentó el libro recordando, en un brillante texto, cómo conoció a Salvador. Entre los asistentes a la reunión estaban, entre otros muchos,Lorena Salazar Machain y Tomás Urtusuástegui, ambos de la Sogem, el director Ignacio Hernández, el escritor Luis Chumacero, el también escritor Pável Granados y la crítica de arte Laura González Matute.
Me correspondió, cuando Salvador Elizondo sin decir agua va se decidió a jubilarse de la UNAM, terminar, supliéndolo, su Seminario de Literatura Mexicana. Me prometí, pues sólo faltaban dos o tres semanas para concluir el semestre, que prepararía en el fin de semana el tema que estuviera dando Salvador cualquiera que fuese. Grande fue mi sorpresa cuando al preguntar a los alumnos el tema me dijeron que era Edgar Allan Poe. Naturalmente pensé que esta extravagancia se la podría permitir Salvador, pero contra todas mis promesas propuse, muy precavidamente, un tema de literatura mexicana. Lo dicho, Salvador Elizondo fue siempre fiel a sus amores artísticos y a Paulina. (Tengo un ejemplar de librería de viejo de la Filosofía de la composición, en español, que compré, claro, a sugerencia de Salvador, hace muchísimos años). Carmen Galindo.
