Solamente en el PRI parece haber la certeza, y hasta ahora el menor riesgo de división o ruptura, respecto a la elección del candidato presidencial. Los jaloneos internos y eventuales fracturas se perciben más en el PRD y en este momento, en mayor medida, dentro del PAN.

En el tricolor es abrumadora la ventaja que entre los simpatizantes de ese partido tiene el gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto. La más reciente encuesta, la del periódico Reforma, le da 78% de las preferencias contra 5% de Manlio Fabio Beltrones a quien nadie puede dar por muerto.

En el PRD, y de acuerdo con la misma encuesta, Andrés Manuel López Obrador aventaja con 66% de apoyo de los simpatizantes de la izquierda, contra 27% de Marcelo Ebrard. Tal desventaja es la razón por la que el jefe de Gobierno del Distrito Federal decidió apretar el paso el 30 y 31 de julio pasados, para lo que echó mano de los históricos adversario internos de López Obrador, el grupo político que hoy tiene en sus manos la dirigencia del PRD y la mayoría de los asientos de su Consejo Político Nacional, conocido como los Chuchos.

Jesús Ortega, Jesús Zambrano y Guadalupe Acosta Naranjo anunciaron el sábado 30 de julio la conformación del grupo llamado Demócratas de Izquierda con dos de las corrientes perredistas más numerosas: la de los Chuchos, esto es, Nueva Izquierda, y Foro Nuevo Sol, de la ex gobernadora de Zacatecas, Amalia García.

Con esas tribus ha venido trabajando desde hace varios meses el círculo íntimo de Ebrard, representado por la fundación Equidad y Progreso que dirige su ex jefe de asesores, René Cervera, y otra pequeña célula perredista llamada Demócratas de Izquierda del que toma su nombre este movimiento que el domingo 31 de julio se reunió en el World Trade Center de la ciudad de México con la presencia, entre otros, del gobernador de Guerrero, Angel Heladio Aguirre, y de Sinaloa, Mario López.

No asistieron —aunque se aseguró que fueron invitados—  el empresario Carlos Slim, el también empresario y activista Alejandro Martí, el ex canciller Jorge Castañeda Gutman y los gobernadores aliancistas Gabino Cué, de Oaxaca, y Rafael Moreno Valle, de Puebla.
En el nombre, Demócratas de Izquierda, se entiende que van los argumentos esgrimidos por Ebrard al asumirse como representante de una izquierda “moderna”, dialogante, pacífica, que sin embargo son los mismos con que los Chuchos han pactado con un gobierno que desconocieron después de los resultados electorales de 2006, pero con el que han caminado juntos en proyectos aliancistas coyunturales o de conveniencia.

Demócratas de Izquierda nace, en los hechos, para apuntalar a Ebrard (aunque muy falsamente él mismo haya dicho que no se trataba de un destape a su favor) con un movimiento amplio que confronte al de Regeneración Nacional  liderado por López Obrador. Ese nuevo movimiento requiere expandirse pues los propios operadores políticos del jefe de gobierno de la ciudad de México reconocen solo tener representación en 17 estados del país mientras que el Morena la tiene en los 32 que conforman al país.

En el PAN, mientras tanto, se tensa el proceso interno de selección del candidato presidencial. De acuerdo con la citada encuesta de Reforma, el senador Santiago Creel sigue a la cabeza en la preferencia de los simpatizantes de ese partido con 31%, seguido muy de cerca por la diputada Josefina Vázquez Mota con 27%. Los prospectos de Calderón nada más no levantan pues Ernesto Cordero tiene 7% y Alonso Lujambio 5%, en tanto que el favorito de la ultraderecha, el gobernador de Jalisco, Emilio González tiene 6%.
No se ve que Vázquez Mota y Creel vayan a declinar de lo que las preferencias dicen ahora que podría ser suyo, pero eso los lleva a una confrontación directa con Calderón.

Y las cosas se calentaron  cuando Creel denunció que Cordero utiliza dinero público en su campaña política.

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