(Segunda y última parte)
Concluye con esta segunda entrega, el análisis sobre la forma como el PRI seleccionó a sus candidatos presidenciales, teniendo en todo momento, porque así lo exigían las reglas del sistema político mexicano, la opinión y la decisión del presidente de la república, que era, en los hechos, el gran elector.
Salinas endureció la fuerza presidencial y promovió la candidatura de Luis Donaldo Colosio, quien fuera cobardemente asesinado en plena campaña presidencial, lo sustituyó, con la influencia del procónsul Joseph Marie Córdoba Montoya, quien propició una carta de Ernesto Zedillo a Salinas, manifestándole su absoluta lealtad, cuando existían factores, como el levantamiento de Chiapas que disminuían la dinámica de la campaña de Colosio; Manuel Camacho Solís se rebeló, lo hicieron canciller y luego negociador con la guerrilla del EZLN; finalmente, Ernesto Zedillo, economista de corte neoliberal, muy vinculado a la política global, que se nos ha impuesto como camisa de fuerza por los fundamentalistas, llegó al poder, alejado del Partido Revolucionario Institucional en el que nunca militó y al que siempre se alejó, guardando, como él afirmó “una sana distancia”.
Esto explica por qué años después, sin mayor problema, reconoció la victoria del panista Vicente Fox, frente a la candidatura del senador Francisco Labastida.
Este fue el fin de la larga primera época de los gobiernos priistas; está por abrirse una nueva página.
Vicente Fox ganó su candidatura secuestrando al PAN y obteniendo ventaja, desde el principio, como activo gobernador de Guanajuato, pretendió impulsar a su secretario de Gobernación, Santiago Creel, pero el rumbo de la estructura del sistema político había cambiado, ya no fue la voluntad omnímoda del presidente la que definió el rumbo de los panistas.
Felipe Calderón, al que se le veían pocas posibilidades, inició una activísima precampaña que finalmente lo convirtió en el candidato presidencial del PAN, donde fue cuestionada severamente su elección, pues todas las encuestas y opiniones daban por hecho que el triunfador sería Andrés Manuel López Obrador, finalmente el tribunal electoral de la federación en una controvertida y polémica decisión le dio la ventaja a Calderón por el 0.56% de los votos. Con ello, el gobierno panista continuó por seis años más, que en este tiempo y con los nuevos factores del poder es probable que concluya, pues las condiciones internacionales y nacionales así lo advierten.
Las prácticas de la selección presidencial han cambiado, la candidatura de Roberto Madrazo surgió de un PRI golpeado violentamente por todas las fuerzas internas y externas, su derrota fue responsabilidad, en parte, de la que fue secretario general del partido con el propio Madrazo, Elba Esther Gordillo, y por muchos de los gobernadores priístas que no lograron impulsar la candidatura de Arturo Montiel, por razones graves, quien renunció a su precandidatura; sólo Everardo Moreno Cruz enfrentó a Roberto Madrazo, sin ninguna posibilidad, y las condiciones de división interna impidieron que creciera Madrazo.
Hoy, en este momento político, las circunstancias son completamente distintas; los resultados electorales, la división de la izquierda con López Obrador, activo y decidido a ser candidato, frente a un jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, quien también aspira, y la decepción que ha generado el fracaso de la lucha contra el crimen organizado, están abriendo, de par en par, la puerta del retorno del PRI, que finalmente debemos asumirlo como la corriente histórica que propició los grandes cambios del México moderno.
El PRI llegará unido a la elección presidencial y la experiencia y el talento político de Manlio Fabio Beltrones, de Emilio Gamboa, de Beatriz Paredes, de Joel Ayala y de Heladio Ramírez, no serán desaprovechados, pero sin duda, el próximo presidente de México será el joven e inteligente gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto.
Esperamos que esta nueva página se escriba para bien de la república.

