Laura Aceves
Sin duda uno de los principales elementos de diagnóstico sobre las condiciones de vida de las personas con discapacidad es el Anexo Estadístico de la Pobreza 2010–2016 del Consejo Nacional para la Evaluación de la Política Social (Coneval),[1] en su foja 16, donde se describe de forma global la población con discapacidad que vive con alguna carencia social o por debajo de la línea del ingreso de bienestar mínimo.
Quizás el primer dato a considerar es la diferencia entre el total de la población con discapacidad reportada entre 2010 y 2016, dado que primero se contabilizó que 50.2 por ciento de la población con discapacidad vivía en pobreza, es decir 2.9 millones de personas, y en 2016 se sitúa en 49.6 por ciento; pero, al compararse el tamaño poblacional observamos que se reportan 4.3 millones, es decir, una diferencia de 1.4 millones más.
Entonces debemos considerar la primera pregunta, ¿qué criterios utilizamos para contar a las personas con discapacidad? De acuerdo con la misma fuente, Coneval considera las siguientes dificultades: caminar, moverse, subir o bajar, ver, hablar, oír, vestirse, bañarse o comer, poner atención o alguna limitación mental. Además, se clasifican a las personas que tienen alguna deficiencia sensorial, intelectual o física y además encuentran restricciones en su entorno para realizar sus actividades cotidianas.
En enero de 2016 la Secretaría de Desarrollo Social en conjunto con el Consejo Nacional para el Desarrollo y la Inclusión de las Personas con Discapacidad dieron a conocer el documento titulado “Diagnóstico sobre las personas con discapacidad en México”, cuyo objetivo es “mostrar y analizar la información relevante sobre el ambiente laboral, social y económico en el que las personas con discapacidad se desenvuelven [y] aportar elementos útiles para orientar la implementación de políticas públicas para que fomenten el acceso equitativo e igualitario de las personas con discapacidad al desarrollo social del país”.[2] Este documento es un resultado inicial que deberá actualizarse y mejorarse continuamente, para construir una agenda rumbo al empoderamiento de las personas con discapacidad.
La dimensión global del reto involucra los siguientes datos importantes: “en 2014, 6.4 por ciento de la población (7.65 millones de personas) reportó tener al menos una discapacidad; en 19.1 de cada cien hogares (6.14 millones de hogares) vivía al menos una persona con discapacidad. Además, había mayor presencia de hogares con personas con discapacidad en los deciles de ingresos más bajos que en los más altos”.[3]
Sin duda todos estos avances nos permiten acercarnos a una realidad a la cual debemos darle pronta respuesta, para lograr una mayor inclusión de las personas con discapacidad, es necesario tener una idea clara y precisa no solo de su volumen poblacional y contar con la información precisa de las principales restricciones que cotidianamente enfrentan, para diseñar acciones afirmativas que eliminen dichas barreras, pero sobre todo adoptar medidas que estimulen y permitan su participación en los asuntos de su comunidad, así como sociedad, y de forma equitativa podremos participar en la construcción del espacio que compartimos, el fin único de la política.
[2] Ibíd.
[3] Ibíd.

