¿Por qué cambiamos de tierras, si no cambiamos de sol?

Horacio

La anexión nazi de Austria por el III Reich, orquestada por Hitler en mayo de 1938, alertó a la pequeña comunidad judía en México de los peligros que se ceñían sobre los descendientes de aquellos “ghettos” medievales a cuyos habitantes se les ratificó la negativa de invocar el “derecho de gentes” a través de la bula Cun Nimis Absurdum de Paulo IV, en 1559, forzando por tres centurias la marginalidad de los judíos.

La escalada nazi aparejada a la invasión a territorios circunvecinos, junto al embate franquista en contra de la España libertaria y al rampante fascismo italiano, forzaron a una reflexión colectiva, de las diferentes organizaciones judeo-mexicanas, a fin de generar una Comunidad de Comunidades que permitiera encauzar de manera coordinada los ánimos solidarios que alentaban a sus integrantes y a simpatizantes mexicanos.

Fue así como el 9 de noviembre de 1938 se establece el Comité Central de la Comunidad Israelita de México, determinación que facilitó la acción del gobierno del general Cárdenas para ampliar su activismo diplomático con el fin de proteger bajo el lábaro mexicano a los perseguidos por sus ideales o por sus orígenes étnicos o devoción religiosa.

Tan luego el gobierno de Vichy en la Francia claudicante de Pétain comenzó a ceder territorio a los alemanes, el personal de la embajada mexicana se ocupó de facilitar asilo ya no sólo a los españoles que huían de la devastadora guerra desatada por Franco y sus generales en contra de la República, sino que comenzó a apoyar a familias de origen judío que huían de las tierras que se anexaba amañada o salvajemente Adolfo Hitler.

A pesar de la caída de la II República Española, el diplomático mexicano Gilberto Bosques jamás cejó un momento en cumplir a cabalidad la encomienda del general Cárdenas, y merced a los apoyos que brindaba el Comité Central, pudo servir de enlace para otorgar visas a miles de judíos que huían del odio nazi.

Por ello, en 2013, el Estado de Israel le concedió al diplomático mexicano el título de “Justo entre las naciones”, máximo galardón entregado por ese país a quienes siendo “gentiles” apoyaron al pueblo judío en uno de los más aciagos pasajes de su accidentada historia.

Muchas de esas familias que lograron salvar la vida merced a su trabajo, llegaron a vivir a las colonias periféricas al Centro Histórico, particularmente a las Roma, Condesa e Hipódromo; por ello resulta muy merecido como homenaje que la estatua del ínclito Bosques dé la bienvenida plácidamente sentado en el jardín de la Casa Refugio Citlaltépetl fundada en 1999, por Cuauhtémoc Cárdenas, con la finalidad de apoyar a escritores perseguidos por gobiernos dictatoriales.

Desde ese espacio, la estatua de Bosques da constancia cotidiana de la sapiencia del poeta romano Horacio, para quien el destierro resulta irracional, pues sobre la faz de la Tierra el sol sale para todos.