El nombre de Luis Donaldo Colosio Murrieta se asocia con la tragedia, el crimen, y fue un acto que dejó manifiesta la descomposición de un régimen que simulaba ser heredero de las viejas glorias de la Revolución. Fue una estampa cruel e inusitada en un país repleto de contradicciones y brutalidad.
Ya trascurrió un cuarto de siglo desde aquel 23 de marzo de 1994, una fecha en la que fue la violencia la que impuso las reglas para envenenar ese tiempo de elecciones y agitaciones sociales por todo el país. Los demonios se habían soltado, primero fue el levantamiento armado en Chiapas, el crimen de Colosio y posteriormente el de Francisco Ruiz Massieu, los dos citados políticos allegados al entonces presidente Carlos Salinas de Gortari fueron priistas.
La tragedia política y el drama humano fueron un solo cuerpo, a 25 años de distancia las conclusiones en torno al homicidio de quien fuera dirigente nacional del PRI y candidato de esa organización a la primera magistratura de la nación aún son discutibles, la confusión e infinitas hipótesis nunca fueron desterradas. Parece una trama detectivesca sin una conclusión certera.
El año 1994 se distinguió por replicar hechos trágicos que cuestionaron el presunto grado de modernidad y desarrollo que presumía con singular frenesí el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari, comenzaba operaciones el Tratado de Libre Comercio con los socios del norte, Estados Unidos y Canadá, el mandatario que ocupó Los Pinos tras un burdo fraude electoral buscaba quedar al frente de la Organización Mundial de Comercio, tal aspiración se evaporó tras el crimen de Luis Donaldo Colosio. La ambición de Salinas no prosperó.
Desfilaron los fiscales para investigar el crimen acaecido en la populosa colonia Lomas Taurinas en Tijuana, primero se informó que se trató de un acto concertado, al final se dijo que un sujeto actuó solitario, se presentaba a Mario Aburto como a un ente trastornado que, al parecer, buscó su redención al matar al candidato.
Son muchas las versiones, escurren las hipótesis pero lo indiscutible fue que lo asesinaron y la conclusión del caso nunca se creyó.
Seguramente una inmensa mayoría de mexicanos no cree la versión oficial, es decir la trama gubernamental o “verdad legal”, no hay motivos para comprar dicha historia porque nos han mentido en innumerables casos, la “justicia” a la mexicana es pródiga en lanzar embustes.
Colosio Murrieta fue abatido a balas, una campaña electoral registró un vuelco para poner de relieve la violencia política, la contienda por la Presidencia de la República tomó otro curso y quien ganó en las urnas fue el miedo.
En los albores de 1994 se registraba el inicio del Tratado de Libre Comercio, en el furor del neoliberalismo, simultáneamente se levantaba el EZLN en Chiapas para desnudar la realidad que laceraba a los pueblos originarios en el sureño estado mexicano que cuenta miles de historias de racismo, opresión y discriminación.
La exposición de motivos del EZLN en voz del subcomandante Marcos resultaba inapelable, en el fondo del levantamiento el argumento contundente esgrimía la injusticia inveterada contra los indígenas.
No obstante, en la memoria no se olvida el crimen contra Luis Donaldo, son muchas las versiones, escurren las hipótesis pero lo indiscutible fue que lo asesinaron y la conclusión del caso nunca se creyó.
