El presidente Trump asevera que el gobierno de México no hace nada respecto a la crisis migratoria: “Muchas palabras sin acción… cerraré la maldita frontera con México, país que necesita leyes y actos fuertes antimigrantes”.
Ante esa denuncia y amenaza, el presidente Andrés Manuel López Obrador consultó a los asistentes a un mitin en Veracruz, si debía o no responder a Trump por los reclamos hechos al gobierno mexicano: “¿quieren ustedes que yo le conteste?”
Y manipulando a los presentes hizo que, primero de voz, y después a mano alzada, respondieran con un rotundo “no”; y satisfecho, López Obrador gritó: “Ese es mi pueblo”.
Horas después incitó a Trump, informalmente en otro mitin: “¡que le entre!… pero a comprar el avión presidencial, pues yo no lo puedo usar porque soy honesto”. Ese es nuestro presidente.
“Así los hago pensar en un tema histórico de importancia… provoqué memes buenísimos… volveré sobre el tema”.
El usual estilo rústico de consulta no fue utilizado por Andrés Manuel respecto a las cartas que envió: una al rey Felipe VI de España y la otra al papa Francisco, exhortándolos a que públicamente se disculpen por injusticias y crímenes cometidos por ese país y esa Iglesia hace 500 años en México. Pero a ellos no les pidió que compren el avión presidencial.
Si hubiese hecho esa consulta, en la misma forma sugerente, la respuesta de cualquier grupo de mexicanos hubiese sido “no”, y se hubiera ahorrado el tremendo ridículo nacional e internacional en el que incurrió, al tratar pésima y unilateralmente el asunto.
Y aunque el reciente libro de Beatriz Gutiérrez Müller (La memoria artificial en la “Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo”) haya influido en esas guasonas epístolas de López Obrador, él y solo él es el único responsable, o el irresponsable, de esas misivas.
Observemos.
Andrés Manuel después de sufrir la rechifla y abucheo en el nuevo estadio de beisbol respondió divertida y taimadamente: “es la porra fifi”.
Similar fue su reacción al recibir las demoledoras críticas por sus provocadores y nimios despachos, pues con sonrisa traviesa y nerviosa intentó justificar su gansada: “Así los hago pensar en un tema histórico de importancia… provoqué memes buenísimos… volveré sobre el tema”.
Esa es salida de cómico de la legua, no de un presidente responsable. Pretende distraernos de lo importante: ¿qué hará Andrés Manuel, real y eficaz, por nuestras etnias originales?
Así, con tremenda “ineptitud e irresponsabilidad diplomática de gobierno”, como bien lo calificó en su preciso editorial Beatriz Pagés, López Obrador sigue con sus pifias diarias: “Hay que empujar al elefante (o sea al gobierno mexicano) para quitarle la reuma”, cuando él personifica al gobierno, y la reuma no se quita a empujones.
Duele y apena la forma en que trataron a nuestro presidente dos literatos distinguidos: Arturo Pérez-Reverte y Mario Vargas Llosa; cada uno en su estilo y en su momento lo visualizaron como turbulento (lento y turbo), perfil escogido por el propio Andrés Manuel.
