Se aleja poco a poco el sueño guajiro del presidente López Obrador, de tener un crecimiento anual promedio nacional durante su sexenio del cuatro por ciento. Como bien dijo el secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, —más bien al final del sexenio puede alcanzarse esa meta.
Los sueños de la cuarta transformación con crecimientos dinámicos del cuatro y rumbo al seis por ciento no van a llegar. Aun reconociendo las bondades de la dinámica positiva que pueden generar los subsidios a 25 millones de mexicanos de diferentes sectores de los más desprotegidos del país, no es posible. Si bien habrá un efecto positivo en esa población gracias al incremento de sus ingresos (transferencias de recursos en efectivo), a la larga quedará demostrado que el efecto subsidio dado que no es productivo, será efímero, vaya más con impactos electoreros que con beneficios que permitan a esos mexicanos una movilidad social con bienestar, que genere riqueza y mejores posibilidades de vida, más allá del consumo inmediato, de la sensación benéfica, sin valor agregado alguno.
Como dice el flamante presidente de la Asociación de Banqueros de México (ABM) y presidente del Consejo de Administración de Banco Azteca, Luis Niño de Rivera, puede ayudar a incrementar la bancarización mexicana. No se sabe cuántos de esos 25 millones ya están bancarizados, puede estimular que algunas instituciones financieras se arriesguen con la ampliación de sucursales físicas en zonas del país que no cuentan con infraestructura financiera al día de hoy.
Habrá que esperar para saber si parte de esos 25 millones de usuarios subsidiados tendrán más adelante capacidad financiera y educativa para convertirse en empleados formales, que coticen en los sistemas de seguridad social y generen más ingresos fiscales para el gobierno.
¿Se dará este modelo? Que se va a implantar es ya una realidad. Su resultado efectivo, productivo, para los beneficiarios del subsidio; la posibilidad de movilidad social productiva, eso está lejos de verse plasmado en la economía nacional. Es una magnífica estrategia electorera de Andrés Manuel López Obrador.
Para la economía y su derrama productiva es un volado de bajo pronóstico. ¿Los riesgos para la banca comercial? Mínimos. No ganarán, a decir de su presidente, pero los costos de operación de este circo serán pagados por el gobierno. Así de sencillo.
La gran noticia mañanera
Nada que el Presidente restó importancia y valor a las proyecciones de su Secretaría de Hacienda (SHCP). Sucede que los Precriterios de Política Económica 2020 dados a conocer por la SHCP bajaron los pronósticos de crecimiento gubernamentales para este año y el próximo. Ahora el rango 2019 oscila entre 1.1 y 2.1 por ciento, mientras que para 2020, entre 1.4 y 2.4 por ciento. Es decir que si tomamos los puntos medios de cada valor, puede usted calcular para este año un razonable 1.6 por ciento y para el próximo, por ahí del 1.9 por ciento.
Para el presidente López Obrador serán datos aterradores conforme se vayan confirmando ya que, de ser este el caso, va a requerir un crecimiento extraordinario del 5 al 6 por ciento durante el periodo 2021 a 2024, para cerrar su sexenio con un 4 por ciento anual promedio de crecimiento prometido.
¿Difícil? ¡Por supuesto! Más bien, como decíamos al comienzo del presente, sueño guajiro. El señor López Obrador, sabrá usted, es un admirador de la tesis económica de don Antonio Ortiz Mena, que elaboró el plan económico al presidente Miguel Alemán para iniciar el “milagro mexicano”. Claro, cuando Miguel Alemán promovió férreamente una política de industrialización nacional, sustitución de importaciones dentro de un entorno comercial proteccionista. México era casi una ínsula. Aislado de casi todo el mundo, y así siguió durante poco más de cuarenta años, con una economía que crecía por arriba de la tasa neta poblacional, muy baja inflación, bajísima productividad, con mínima competencia. ¡Ah, los viejos tiempos! Viejos tiempos imposibles de volver a traer a la vida nacional. Éramos en términos económicos un pequeño país, con pequeña economía, pequeño sector privado, gobierno rector del juego económico y nacionalizador de todo lo que podía ser nacionalizado.
Hoy México es país global, con más de 130 millones de habitantes, con población que demanda más de todo, mucho más: inclusión, movilidad, educación, salud, mejores empleos, más ingresos para poder consumir e invertir más. Somos mayoritariamente urbanos. El campo, ya se demostró, requiere ser intensivo, tecnificado, para competir con el resto del mundo. En mal momento se le ocurre al señor presidente querer implantar precios de garantía para los granos. En momentos en los que no hemos ratificado el Tratado de libre comercio México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), dependemos aún del agónico Tratado de libre comercio de América del Norte (TLCAN), y soportando aranceles estadounidenses injustos al acero y al aluminio, porque se le pega la gana al volátil presidente de aquella nación.
A López Obrador le vale sorbete que para el próximo año muy probablemente la economía estadounidense estará en recesión, y que tenemos una tremenda codependencia con nuestros pares económicos y financieros de aquel país. Para el 2022 es probable que Estados Unidos salga de la recesión y que ese mismo año o para el 2023 México retome una senda muy favorable de crecimiento. El empuje de la recuperación estadounidense bien nos puede impulsar a alcanzar tasas del 3 al 3.5 por ciento de crecimiento para el 2023 y 2024. Hasta ahí. Salir en este sexenio de los crecimientos perversos de los unos y dos porcientos y ubicarnos en los tres medios a tres tres cuartos, será un gran legado de la presente administración, si es que lo alcanza.
En vez de eso, en una mañanera reciente, López Obrador dijo respetar mucho la labor de su Secretario de Hacienda; pero que hay que dar por hecho crecimientos superiores a los pronosticados por Hacienda, vaticinó el mesías presidente.
Más allá de los deseos guajiros del gran López, la SHCP presentó ya con toda la comunidad financiera nacional e internacional, el marco macroeconómico de los Precriterios Generales de Política Económica 2020. Van muy de la mano con los pronósticos del Banco de México.

FUENTE: SHCP
Párrafos arriba ya platicamos con ustedes el crecimiento real del Producto Interno Bruto (PIB). Por supuesto, tanto para 2019 como para 2020 el crecimiento real del PIB se ubicará por debajo de los crecimientos alcanzados el sexenio pasado. En los dos primeros años del gobierno de Peña Nieto el PIB creció por arriba de lo que ahora se espera para el primer bienio lopezobradorista (Véase gráfico).

FUENTE: INEGI
Por lo que toca a la inflación diciembre-diciembre, Hacienda marca 3.4 por ciento para este año y 3.0 por ciento para el próximo, con lo cual, de darse este pronóstico, para finales del próximo año se alineará la meta objetivo del banco central mexicano de un rango de 2 a 3 por ciento de inflación.
En tasas de referencia la SHCP espera que este mismo año, —tal vez a partir de agosto—, el Banco de México inicie su estrategia de relajamiento de tasas, para mantener al cierre de año la tasa en 8 por ciento y seguir con esa tendencia rumbo al 7.6 por ciento, para estimular el crecimiento económico, dado que se habrá logrado la contención de las presiones inflacionarias que amenazaban la estabilidad macro del país.
Todo lo anterior dependerá de las decisiones políticas del Ejecutivo que puedan afectar en uno u otro sentido las finanzas públicas (cómo se financiará la exploración y extracción de petróleo, la nueva refinería, el tren maya y el corredor del Istmo de Tehuantepec, el efecto de la política electorera de los 25 millones de subsidiados, entre otros). Aunado a lo anterior agréguese el impacto del retraso mayor o menor de la entrada en vigor del T-MEC y la magnitud de la recesión estadounidense que tiene un impacto directo sobre nuestra economía.
Considérese en este análisis la parte inferior del cuadro, que muestra con claridad la fuerte acometida de la economía estadounidense sobre la mexicana, así como en los precios internacionales del petróleo, cuando el valor de la mezcla mexicana baje hacia el 2020, en plena recuperación de la plataforma de exploración y de producción de crudo.
Ante este escenario es fundamental que el Ejecutivo reconsidere la participación del sector privado en el sector energético integral. Además de la cadena de hidrocarburos y gases, será determinante en las nuevas energías renovables y limpias.
Es imposible pedir que el sector privado participe en un entorno limitado y condicionado, a gusto y conveniencia del jefe máximo.
Tienen que retomarse los concursos y abandonar la estrategia de adjudicaciones. Los concursos propician la competencia, la confianza y estimulan la entrada de nuevos inversionistas con capital de riesgo.
Las adjudicaciones inhiben la competencia, de la que se convierten en una falaz y amañada definición.
Si bien puede ser popular a ojos electoreros, impulsará poco la nueva inversión privada, máxime en proyectos de riesgo. El gobierno mexicano no dispone de los recursos para arriesgar en exploraciones Iniciales, sin tener idea del nivel factible de éxito, sin contar con la tecnología adecuada, que se haya disponible en los mercados internacionales. Lo anterior va tanto para inversiones en todas las ramas de Petróleos Mexicanos (Pemex), como de la Comisión Federal de Electricidad (CFE). El gobierno no se la puede jugar con la seguridad nacional y el progreso del país, para fortalecer el populismo demacrado que ya no corresponde al siglo XXI mexicano.
El gobierno debiera primero garantizar la mejora de las finanzas de Pemex con mayor inversión en exploración certera y explotación de yacimientos que faciliten el incremento en la producción de crudos.
Enseguida destinar recursos al mantenimiento de las seis refinerías ya existentes en México, aprovechamiento de la coinversión en la refinería de Texas, así como de las ventajas de productividad y uso de las gasolinas y gases de importación de Estados Unidos, mucho más baratos que los nuestros. Entonces sí, después vendrán los caprichos de refinerías que deberán tener capacidad para tratar aceites muy pesados, que son los que en su casi totalidad produce nuestro país. Tal es el caso de la refinería de Dos Bocas que se tiene en la boca, y falta ver estudios de planeación, proyecciones de desarrollo y de financiamiento. Mientras no se cuente con los análisis adecuados, el tema de la nueva refinería es una vil bravuconada que pone más nerviosos a los mercados nacionales e internacionales.
En lugar de restarle importancia a los precriterios 2020 de SHCP, el presidente López Obrador debe evaluar, aunque sea plan de su antecesor, más que trenecitos y refinerías, reexpresar las Zonas Económicas Especiales. Pónganle el nombre que quieran, “Zonas de triunfo 4T”, o lo que quieran. Pero estimular y dotar de infraestructura inteligente en comunicaciones y transportes, logística e inteligencia tecnológica del siglo XXI a parques industriales, centros educativos y de entrenamiento (capacitación) regionales, para crear empleos productivos para los mexicanos del sur y sureste del país.
Estas zonas se convertirán en mecanismos estratégicos de regulación de la migración centroamericana, así como de las zonas de paso del narcotráfico de Colombia a México, con destino al consumo estadounidense, que ya refleja cifras alarmantes de estupefacientes y precursores, que ingresan por Chetumal y por la zona del Suchiate.
Los Puntos sobre la i
- Valdrá la pena que en una de las mañaneras el señor presidente instruya a su gabinete la definición de partes importantes del nuevo T-MEC, que desde ya entrampan su ratificación: rendición de cuentas del sector público; transparencia y combate efectivo, real, medible contra la corrupción con impunidad en todos sentidos: corrupción monetaria, mercantil y compadrazgos; garantías jurídicas claras y transparentes a las inversiones nacionales y extranjeras; seguridad física y monetaria a las inversiones privadas nacionales y extranjeras; vigilancia del contenido total y relativo de insumos y materias primas mexicanas que se incorporarán a los productos de circulación norteamericana. Ni estadounidenses ni canadienses quieren valores ocultos chinos y de otros orígenes que significan, para efectos del T-MEC, competencia desleal y pueden estar sujetos a compensaciones y aranceles.
El Congreso estadounidense en voz de su líder de la mayoría demócrata Nancy Pelosi ya advirtió que no se respaldará el T-MEC, hasta que México apruebe una ley que proteja los derechos laborales de los mexicanos. Lo que esto significa es evitar subsidios disfrazados de bajos sueldos.
La misma Pelosi expresó la preocupación de su bancada por temas relacionados con productos orgánicos, combate a las emisiones de CO2 y temas relacionados con la industria farmacéutica mexicana.
- Me pregunto si coinciden los criterios de la señora Pelosi con la nueva política de creación de sindicatos de la 4T ,como el nacimiento de Petromex, primer sindicato de Pemex en 80 años que no es del PRI. Es pro-López Obrador. Resulta ser también un sindicato charro, pero a modo del nuevo gobierno.
- Más vale que entienda el nuevo gobierno: nuestros socios internacionales siguen muy de cerca el respeto a las soberanías de las entidades federativas por un lado, y la autonomía total al Poder Judicial de la Federación, sin juicios, ni denuncias a modo.
Hoy ya no hay separación de los tres Poderes de la Unión. El congreso opera a modo, eligiendo candidatos, imponiendo reglas y comisionados. La Unidad de Inteligencia Financiera al son de las mañaneras, se dedica a denunciar a quienes estorban al presidente y a la 4T, a modo.
Ya dijo López Obrador que en las mañaneras denunciará a los jueces a criterio de él corruptos, que basados en tecnicismos liberan o no procesan a los defendidos. No se vale pues cumplir con las reglas de los procedimientos jurídicos. El Poder Ejecutivo meterá las narices dentro de un poder autónomo, como es el Poder Judicial. Se acabó pues, de facto, la joven democracia mexicana. Vamos rumbo a un estado totalitario pero en serio.
- Debido a la baja promoción turística gubernamental en el exterior, México ahora es el séptimo país captador de turistas internacionales. El sexto lugar que logramos en el 2018 ahora lo tiene Turquía. Tampoco se le presta atención al desvío de turistas estadounidenses hacia el Caribe americano, Jamaica y otros destinos que ofrecen comodidad, lujo, paquetes y, muy importante, seguridad para los turistas visitantes.
- Cifras finales: homicidios dolosos durante el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa, 104,089; en el sexenio de Enrique Peña Nieto subió la cifra a 128,553. Juntos más de 232 mil muertos en una guerra sin cuartel. Ojalá el gobierno de López Obrador logre bajar de manera importante esta muy negra estadística nacional.
- El Instituto de Finanzas Internacionales (IIF) anunció que en febrero de este año entraron a México capitales por 1, 700mdd, menos de la mitad de lo que entró en ese mismo mes pero del 2018, 3,600 mdd.

