Para nadie es secreto que Marcelo Ebrard Casaubon ha intentado con poco éxito conquistar alguna candidatura, primero quiso ser candidato a la presidencia, y a pesar de haber obtenido mejores calificaciones públicas que el actual jefe del ejecutivo le cedió el paso, un político tan limitado políticamente merece justo lo que ahora le sucede.
Al haber aquilatado su error, en 2015 se dejó seducir por una diputación federal, al mismo tiempo se inscribió en el proceso de selección de candidatos tanto del PRD como de Movimiento Ciudadano, es obvio que fue impugnado y en un extraño giro del destino buscó acomodarse en la suplencia de la anhelada diputación.
Los rumores de corrupción lo acompañan desde entonces, ello a pesar de otro tipo de errores que sin el apoyo de López Obrador y en otro tipo de coyunturas le hubiesen costado no solo su carrera sino su libertad, es probable que por el espaldarazo político recibido, Ebrard siempre ha antepuesto los intereses de su líder a los propios, vive para servirlo.
Críticos y analistas le recriminan que probablemente él hubiera podido dar la batalla en 2012, el PRD se lo recuerda un día sí y otro también, fue su mal entendida generosidad la que le dio paso a López, esa fue la primera vez que renunciaba a la posibilidad real de contender por la silla del águila. Años después huyó a Francia, guardó silencio y alimento sus odios, hasta que las estrellas se alinearon y fue invitado a participar en la coalición Juntos Haremos Historia, regresó a México.
Marcelo es un espécimen raro, lo fue en el PRD y lo es en MORENA, simplemente no acaba de encajar, demasiado burgués, y aunque ha tenido una carrera importante en pago a su lealtad y a la renuncia de sus verdaderos deseos, no ha logrado esa operación política de masas que sí pudieron construir los “Chuchos”, Bejarano o Monreal.
Ebrard anhela el dedazo, el espaldarazo automático, los Pinos envueltos para regalo con un gran moño y eso simplemente no es posible.
Ahora ha trascendido que a menos de medio año de haber sido designado como secretario de Relaciones Exteriores presentó su renuncia y no le fue aceptada, de nuevo la candidatura a la presidencia le ha pasado de lado y con rapidez.
La política exterior mexicana se haya en un impasse, al presidente no le gusta ni le atrae jugar al diplomático, no solo no le agrada, es un simple actor local con alma de regidor y apariencia de presidente municipal, no entiende la geopolítica, vive en su propio mundo, es un líder insular, un liderazgo así obliga al canciller a jugar en las ligas infantiles. ¿Quién en su sano juicio quiere aliarse con el impresentable de Ortega, con un vulgar cocalero como Evo Morales o con un protodictador como Maduro?
El canciller fue crucificado en Montevideo indirectamente por el Grupo de Lima, viajó a Norteamérica a comprar “pipas” para el transporte de gasolina, su principal embajadora, Martha Barcena, es familiar de la primera dama y parece que se detestan, le achacan el escándalo diplomático con España cuando todo indica que él no participo, Trump lo ningunea cada tercer día y para ser sinceros no lo invitan ni a romper una botella de espumoso y darle nombre a una patera en la Habana.
Ebrard anhela el dedazo, el espaldarazo automático, los Pinos envueltos para regalo con un gran moño y eso simplemente no es posible, el poder se arrebata no se pide ni se negocia y su actual jefe así se lo ha demostrado.
En 2012 debió haber traicionado a López, hoy debió haber renunciado y encabezado un movimiento político que lo lleve a Palacio Nacional, mañana será muy tarde.
Maquiavelo diría “nada grandioso fue jamás conseguido sin peligro…”.
@DrThe
