Después de ver la forma en que Morena, a partir de la presión y alianza con la mafia del poder y la corrupción de sus aliados detuvo las sesiones en la Cámara de Diputados y prefirió complacer las presiones laborales de sus aliados electorales que concretar una reforma que mejorara todos los aspectos de la educación, era difícil que se pudiera hacer algo peor al respecto, pero a menos de 15 días de la promulgación de la reforma educativa el presidente López Obrador “superó” lo logrado por sus legisladores con una carta dirigida a la Coordinanadora Nacional de Trabajadores der la Educación.
Para empezar, considero que es sumamente peligrosa la forma en que el presidente López Obrador entiende la labor de los profesores, ya que los califica como el vínculo entre el Estado y las comunidades, y como los portadores de la identidad nacional. Menosprecia la capacidad de transmitir conocimientos desde el primer párrafo de su carta y centra su escrito en satisfacer plenamente las demandas de quienes lo único que han demandado es el control laboral del sistema educativo.
El ofrecimiento que hace directamente el presidente en su carta a la CNTE es iniciar una mesa de trabajo con representación del gobieno federal y de todos los sectores magisteriales para redactar de manera conjunta las leyes reglamentarias de la reforma constitucional, suplantando al poder legislativo. Lo curioso es que ninguno de los invitados a su mesa de trabajo es quien se encarga de legislar en México y aunque es importante construir consensos entre todos los actores involuctrados (preferentemente bajo la figura de Parlamento Abierto), el desprecio al Poder Legislativo y a todos los sectores que nos son el gobierno federal y los sectores magisteriales (como los padres de familia, las organizaciones nacionales e internacionales sobre educación, los académicos e incluso los alumnos) es evidente.
Los objetivos de la legislación secundaria, según la carta del presidente, son la basificación de todos los maestros que trabajan en los distintos regímenes y modalidades del sistema de enseñaza, la federalización de todas las plazas magisteriales, la elaboración de un modelo de homologación salarial, la definición en comun (miembros de la CNTE y gobierno federal) para otorgar plazas a los egresados de las normales y la creación de un sistema de promociones y ascensos con base en tres criterios y especifica: antigüedad (40 por ciento), experiencia y tiempo en zonas de marginación, pobreza y descomposición social (40 por ciento) y reconocimiento de buen desempeño por parte de padres de familia, alumnos y compañeros de trabajo (20 por ciento). Lo anterior contraviene la reciente reforma constitucional.
En una segunda parte de la carta de forma breve aborda el mejoramiento de la infraestructura escolar y, fiel a su estilo, critica lo hecho antes de su llegada y ofrece “reparar el daño” generado a los maestros por la reforma educativa pasada. Nadie pone en duda la importancia del maestro en el sistema educativo pero su importancia es como agente de transformación y como el encargado formar a las nuevas generaciones, no como el gran acreedor del Estado ni como el encargado de adoctrinar a las nuevas generaciones.
La educación no son las plazas del sistema educativo ni la posibilidad de generar una especie de “ejército de operadores políticos” con cargo al presupuesto educativo. La visión del maestro como vocero social del Estado es tan ridícula como anacrónica y hablar de educación durante tres páginas y no mencionar contenidos, alcances, ni calidad o excelencia es reducir al sistema educativo a agencia de colocación de empleos. Para el presidente López Obrador los estudiantes representan menos del 20 por ciento de uno de los cuatro puntos que considera importantes en las legislaciones secundarias de la reforma educativa, cuando deberían de ser el centro y fin de todo el sistema.
Coordinador del Grupo Parlamentario del PAN.
@JCRomeroHicks
