La lógica del desarrollo capitalista neoliberal, se fundamenta en la apertura de fronteras para generar políticas comerciales y financiera abiertas, en la competencia de las grandes empresas trasnacionales, en la preminencia del mercado sobre el Estado, en el avance de la tecnología y la ciencia y en la concepción individualista de la sociedad.

Este proceso se ha realizado en los últimos treinta años con el crecimiento de las grandes empresas trasnacionales, proceso que ha conducido a la concentración exponencial de la riqueza en unas cuantas manos.

A pesar de que las ruedas de este capitalismo neoliberal se encuentran desgastadas y herrumbrosas, todavía mantienen el control del desarrollo económico planetario. Por eso, no son tan extrañas las declaraciones del canciller mexicano, Marcelo Ebrard, quien, apenas el pasado 3 de junio –antes de la reunión con el Vicepresidente Mike Pence y el secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo– afirmara que existe un 80 por ciento de posibilidades de resolver la crisis, en que nos ha involucrado el presidente Trump, con sus amenazas de aumentar paulatinamente los aranceles de los productos mexicanos desde el 5 por ciento este mes, hasta el 25 por ciento en octubre.

En efecto, si nos concretamos al análisis comercial, no hay duda de que esta actitud agresiva contra México del presidente Trump, no es más que una estrategia electoral, como lo fue su insistencia en que México pagara el muro de la ignominia.

No olvidemos que los Estados Unidos se encuentran en el inicio de una guerra comercial con China y, si no fortalecen el bloque de México, Canadá y Estados Unidos, será imposible que obtengan ventajas de este tremendo conflicto comercial.

Los aranceles supuestos, afectarán a la economía norteamericana –probablemente en menor grado que la nuestra–, aun así, existen grandes intereses de productores y consumidores que desaprueban esta política irracional, a la luz de la lógica en que se desenvuelve el mundo contemporáneo.

México tiene muchas cartas que jugar: primero, dejar el terreno de lo comercial en el tratado de libre comercio actual y en el que se supone, pronto será aprobado el T-MEC; segundo, en la no aceptación de involucrar la política migratoria, de desenmascarar al ejecutivo norteamericano frente a sus propios ciudadanos, que su esquizofrénica política de Bullying tiene un profundo sentido electoral, sin desconocer que existe otro problema, de otra naturaleza y con otro enfoque jurídico, que es el tema de la migración centroamericana, que ha transitado por nuestro país, cada día en mayor número, empujados por la desesperación, el hambre, la ignorancia y la inseguridad.

En cualquier caso, habrá que admitir que la estrategia del presidente López Obrador, no está equivocada; pues un enfrentamiento directo –que es lo que quisiera el señor Trump–, polarizaría la actitud anti-mexicana de muchos norteamericanos y, también, le daría a nuestro viejo sentido anti-imperialista una nueva bandera. Los efectos de esta polarización, en este momento, serian sumamente graves. No obstante, México tiene que defender su actitud soberana con inteligencia, y serán las propias fuerzas internas de los Estados Unidos las que impidan la barbaridad que se pretende.

López Obrador, hoy por hoy, cuenta con un apoyo mayoritario de todas las fuerzas nacionales, más allá de las controversias partidistas e ideológicas, debe aprovechar esta fuerza para –con serenidad e inteligencia– evitar la catástrofe económica en la que podemos caer.

Hay muchas cartas que jugar, la seguridad continental, el combate a los carteles de la droga y la solidaridad comercial de Norteamérica, en medio de un mundo donde la crisis del neoliberalismo afecta a todos los Continentes.

Sí los aranceles son inevitables, como lo señaló el presidente Trump en su reciente visita a Londres, tendremos que hacer lo mismo que se hizo con los aranceles del aluminio y del acero, es decir, “aranceles espejo” que seguramente nos afectarán, pero también a los grandes consorcios internacionales, que están atrás del desarrollo económico de nuestro tiempo.

Patriotismo, serenidad y confianza en nuestra nación, cuya historia demuestra que sabemos ponernos de pie, frente a las agresiones externas.

Posdata. Cuando se escribieron estas líneas, todavía no se celebran las conversaciones entre la delegación mexicana y la norteamericana en Washington.