El solo dato puede parecer poco relevante para la mayoría, pues decir que en los últimos 250 años han desaparecido 571 especies de vegetales no da una idea cabal de su importancia. Si se agrega que es un poco más del doble de las extinciones de mamíferos, aves y anfibios (217) en el mismo periodo, ya empieza a preocupar.

Aunque lo más impactante es que se trata de una desaparición silenciosa, ya que muchas personas pueden mencionar a un mamífero o ave que se extinguió en los últimos dos siglos, pero muy pocas podrían nombrar a una sola especie vegetal que haya dejado de convivir con nosotros en el mismo periodo. Son imprescindibles, pero casi invisibles.

 

Una cascada de extinciones

Así como se empieza a tomar conciencia de la importancia de las abejas para los ecosistemas o el relevante papel de los colibríes en el proceso de polinización, también debe destacarse lo indispensables que son las plantas para la supervivencia de la vida animal.

Aunque son fundamentales para nuestras vidas, ha sido poco investigado el proceso de desaparición de los vegetales. Por eso adquiere mayor importancia un estudio de investigadores del Real Jardín Botánico de Kew (Reino Unido) y de la Universidad de Estocolmo, Suecia, quienes a partir de una base de datos que se comenzó en 1988 y que actualizaron con registros de las últimas décadas, encontraron que la tasa de extinción de las plantas es más elevada de lo que esperaban.

El trabajo Global dataset shows geography and life form predict modern plant extinction and rediscovery (El conjunto de datos globales muestra que la geografía y la forma de vida predicen la extinción y el redescubrimiento de plantas modernas), publicado el 10 de junio pasado en la revista Nature Ecology & Evolution, reúne el análisis de la mayor encuesta de plantas que se ha realizado en el mundo, con resultados alarmantes.

“Las plantas sustentan toda la vida en la Tierra, proporcionan el oxígeno que respiramos y los alimentos que comemos, además de constituir la columna vertebral de los ecosistemas del mundo, por lo que la extinción de las plantas es una mala noticia para todas las especies”, aseguró Eimear Nic Lughadha, coautor del estudio”.

Los investigadores, encabezados por la bióloga evolucionista Aelys Humphreys, del Real Jardín Botánico de Kew, encontraron que de las aproximadamente mil 234 especies que se habían considerado desaparecidas desde que Carlos Linneo publicó en 1753 su obra Species Plantarum, más de la mitad fueron reclasificadas o redescubiertas, pero aun así son 571 las extintas.

 

Islas y trópicos los más vulnerables

Eso aparentemente da un respiro pero no es así, ya que la tasa de extinción de las plantas es 500 veces mayor ahora que antes de la revolución industrial; además, los autores consideran que a pesar de que el estudio es uno de los más completos, los datos de la tasa de extinción de plantas pueden estar subestimados.

Con los datos de la encuesta, los investigadores elaboraron un mapa en el que se muestra que las islas y los trópicos son las regiones con más altas tasas de extinción. Las selvas tropicales de Brasil, India y Sudáfrica son las de mayor riesgo. Madagascar es un claro ejemplo de isla con extinción de especies vegetales y, como otras islas, contiene especies que no se hallan en ningún otro lugar.

“Sufrimos de ceguera de plantas. Los animales son lindos, importantes y diversos, pero estoy absolutamente sorprendida de que falte un nivel similar de conciencia e interés en las plantas. Lo damos por sentado y no creo que debamos hacerlo”, ha advertido Maria S. Vorontsova, coautora del estudio.

Por esa razón, los autores del trabajo han propuesto varias medidas para detener la extinción de las plantas. Plantean que deben grabarse todas las plantas del mundo, lo cual no es una tarea sencilla; proporcionar recursos a los herbarios que preservan especímenes para la posteridad; apoyar a los botánicos que realizan investigaciones relevantes para conocer mejor las especies vegetales; y educar a los niños en un mayor conocimiento de las plantas de la región en que viven.

De esa manera las plantas, nuestras eternas compañeras, podrán abrirnos los ojos y cobrar la importancia que merecen, como dadoras de vida y fuente de placer estético en paisajes y jardines.

@RenAnaya2

f/René Anaya Periodista Científico