Necesito silencio, mucho silencio. Hay mucho ruido informativo por todas partes. Mi cerebro da vueltas interesado en tantos temas, que a la larga pierdo capacidad para separar la crema y nata del resto del producto.
Uno de julio, primer aniversario
Uno de julio, ¿Día de celebraciones para el presidente López Obrador?
Más bien supongo que fue el festejo del primer aniversario del triunfo contundente en las urnas de la democracia mexicana. Elecciones limpias que se tradujeron en transparencia del grandioso derecho al voto, derecho democrático representativo, libre, grito contundente de la voluntad mayoritaria de toda una Nación; fiesta nacional aquel 1 de julio de 2018, para nosotros y por nosotros los mexicanos, que a través de muchas luchas por décadas, llegamos a ser testigos de unas elecciones, –las más complicadas de nuestra historia, por la cantidad de puestos que fueron votados–, en términos generales limpias, vigiladas por la propia sociedad, bajo las reglas de las autoridades electorales correspondientes.
Todos en orden nos sometimos a las reglas. Unos a favor, otros en contra de los ganadores. Pero al final todos aplaudimos esa fiesta democrática, donde nos hicimos valer nosotros como pueblo, como mexicanos. ¡Ese es el festejo que debió haberse celebrado el pasado lunes 1 de julio! Nuestra fiesta. No la de un personaje que fue votado.
Vaya que entonces el 1 de julio de 2019 debió celebrarse el triunfo social, el éxito en nuestro mandato demócrata, liberal, representativo de aquel 1 de julio de 2018, cuando millones de mexicanos hartos de lo de antes, votamos por un cambio drástico.
¡Bravo! Se impuso la voz y mandato del pueblo. ¡Bravo! Treinta años de luchas y pleitos por la democracia liberal, representativa, ha dado tal pulida al andamiaje y engranaje de poderes, que algo funcionó y muy bien. Llegó el cambio clamado por una mayoría sorprendente, imposible de ser discutida. Ahí vamos con nuestra bendita democracia mexicana, siempre mejorable.
Nada de quererla romper para luego reconstruirla mejor. Primero porque nadie tiene ese derecho omnipresente. Ha sido un triunfo de millones de mexicanos. Además no sea que por jugar juegos prohibidos, se destape la siempre peligrosa caja de Pandora.
Ese principio demócrata mexicano es lo que tuvo que haberse celebrado el pasado 1 de julio. Ese gran triunfo de nosotros los mexicanos.
El señor López Obrador podrá festejar su primer aniversario de llegada al poder a través de nuestro mandato, pero hasta el próximo uno de diciembre. ¡Qué farsa! Trompetas, bandas, mariachis, discursos y pantomimas. ¿Todo por un solo personaje? Como si con él y a través de él llegara la posibilidad de democracia por generación espontánea a nuestro país. ¡Uuf! ¡Cuidado! Porque hasta hoy hay vetas y pinceladas que lo hacen ver más como la némesis de esa nuestra democracia representativa y liberal.
¿Hacia dónde vamos?
Insisto con necia seriedad: ¿Hacia donde? ¿Cuál es el modelo de nación que ahora será el México 4T? ¿Qué es la 4T? ¿Existe algún manual 4 tetista que nos lleve de la mano? ¡Caramba! Para los que no entendemos la 4T algo así como la revista que se reparte al entrar en los teatros del mundo occidental, donde viene el reparto, el papel de cada actor, quién es la soprano, la mezzo, el tenor, barítono y demás voces. ¿Quiénes serán los que harán de coro? Pero sobre todo, ¿Cuál es el argumento central de la 4T? ¿Es todos contra el neoliberalismo…, o existe una nueva construcción musical, partitura, obra, en fin?
Como nadie me logra definir nada, me permito construir una proyección basada en lo que hemos vivido durante los últimos 10 meses de vivencias con el nuevo grupo que ostenta el poder. Así encontrar una tendencia para esta 4T de la que todos hablamos, pero nadie –hasta donde logro averiguar– sabe definir, explicar: La 4T, obra en seis actos bajo el título, “Muerte al Estado de Derecho, para imponer la visión absoluta del nuevo sustantivo, Andrés Manuel López Obrador”. La 4T es pues la refundación del Estado mexicano, encarnado intrínsecamente en un solo individuo, Andrés Manuel López Obrador, libre de títulos, o investiduras.
Para poder transmitir lo que quiero decir, me permito utilizar párrafos del excelente análisis que aparece en la revista Nexos del 1 de julio, firmado por Ma. Amparo Casar y José Antonio Polo, bajo el título, “Sí o sí: Me canso ganso”. El análisis no hace ruido. No se desvía. Va al tema medular.
Los autores del análisis nos recuerdan que: El 17 de abril en su conferencia mañanera el Presidente López Obrador expresó: “Si hay que optar entre la ley y la justicia, no lo piensen mucho, decidan en favor de la justicia”. Lo hizo en el contexto del famoso Memorándum del 16 de abril pasado, para dejar sin efecto la reforma educativa. Y todavía remata el Presidente: “Yo hice un compromiso, que se iba a cancelar la reforma educativa y eso es lo que estoy haciendo”.
Esto es, el titular del Ejecutivo, del gobierno y de las fuerzas armadas, da el banderazo para hacer justicia por propia mano. En unas cuantas palabras el Presidente López Obrador definió la esencia misma de su 4T: La Antítesis del Estado de derecho. Rompe con el Pacto Social que nos firmamos a nosotros mismos con la Independencia de nuestro país; todo, todo absolutamente pretende ser dado de baja con la consumación de la 4T. Regresamos al Estado de Naturaleza o Ley de la Jungla. Eso es lo que en estricto sentido hace al decir: Si hay que optar entre la ley y la justicia, no lo piensen mucho, decidan en favor de la justicia.
De lo anterior resulta necio cualquier intento de definición del modelo lopezobradorista.
Las comparaciones primarias que hablan de que López Obrador voltea a la década de los setenta del siglo pasado. Que si voltea a ver al Desarrollo Estabilizador, al modelo económico de Antonio Ortiz Mena, son humaredas que el mismo señor López Obrador ha lanzado para desubicarnos. Lo mismo ocurre con los intentos de razonamientos que lo ubican dentro del modelaje marxista, socialista del siglo XXI, del que yo mismo he insistido para tratar de entenderlo.
¿Es acaso el modelo de López Obrador entonces más bien pragmático? Si y no.
Busquemos la esencia
El modelo de López Obrador se antoja populista, autárquico, mesiánico. El Presidente es un hombre pragmático, como la mayoría de los populistas, al que le importa el poder para sí mismo; violará cuantas leyes le convenga, romperá alianzas de un día para otro, con tal de llegar a tener más poder para sí mismo y para su proyecto. El proyecto es voluntarioso. Su visión, instintiva.
Por supuesto que quiere ayudar a los más hambrientos, pero ante todo, le urge fortalecer su nueva dinastía de poder. Para que la esencia de su autocracia perdure después de que deje la silla presidencial, diez, veinte, cien años más. ¿Por qué otro motivo vemos cómo se desliza de entre nuestras manos el Estado de derecho hacia una lenta pero irremediable extinción?
El Estado de derecho, el orden jurídico, son junto con la libertad de expresión y las garantías individuales, los pilares centrales del Pacto Social que emana de nuestra Constitución Política. Si se rompe el Pacto Social, ¿qué queda de país en la síntesis intuitiva lopezobradorista? La recreación de un nuevo Pacto, donde el señor López Obrador es él mismo el Pacto Social con su pueblo. Él decide quienes caben dentro del Pacto, quienes no.
Para muestra un botón
Los casos del gasoducto de Carso, del gasoducto Transcanadá e IEnova, acusando a esta última empresa de inclusive iniciar un nuevo arbitraje internacional, lo cual no es cierto. Los costos de la parálisis de estos gasoductos para el país serán enormes, incuantificables. Revise los valores de los bonos mexicanos a la baja en los mercados internacionales. No se deje llevar que por la fortaleza del peso. Es mucho ruido. No nos desviemos del tema.
El modelo en esencia recuerda mucho al gobierno del presidente Plutarco Elías Calles, y el posterior periodo de tres presidentes, al que se conoció como Maximato, pues Calles fue el jefe máximo de las instituciones por él iniciadas después del movimiento armado revolucionario (fundación del Partido Nacional Revolucionario o PNR) y hasta la llegada del presidente Lázaro Cárdenas.
López Obrador nos lleva a un nuevo maximato, con sus propias reglas, su propio juego, nada demócrata por cierto, sino eso, maximista: Aquí me hacen fila, y yo decido quién llega a la silla grande.
Si el petróleo pierde importancia económica para nuestro país, o el carbón viola nuestros acuerdos internacionales, eso a el no le importa. Por eso no va al G-20, porque no tiene por qué rendirle cuentas a nadie. Dará tintes de corte marxista cuando así convenga, o capitalistas si es el caso.
¿Nuevo T-MEC?
Sí, pero en comercio como en todo lo demás, él seguirá sus reglas, las de las mañaneras, donde a través de epistolarios cristianos, o dogmas de dictador, quizá por datos que solo él tiene, amañados, a modo, devaluando a su equipo, o con denuncias sin sustento que se traducen en difamaciones, o burlas, que cooptan la libertad de expresión y a los propios medios de comunicación. Según sea el público, el recinto, o el estado de ánimo del líder máximo, el señor López Obrador puede romper el laicismo sagrado de nuestro Estado mexicano, para que su pastor personal ofrezca homilías cristianas en celebraciones fronterizas, o puede crear una Guardia Nacional con mando civil, pero rodeado de militares, y muy atrás del cortejo el secretario de seguridad pública.
En fin que son múltiples paralelismos, que no coincidencias, con el Maximato de los años 20 del siglo pasado.
Ahora al Presidente López Obrador en su imaginario, le corresponde, se merece un Maximato XXI que dé un borrón e inicie la cuenta nueva. El fin de las instituciones como se las conoce hasta hoy, para establecer las nuevas instituciones 4T, pero todos al ritmo del nuevo danzón, sea el que traiga consigo el nuevo jefe máximo, sea el que se improvise según se le presenten las noticias y las circunstancias del momento. El señor López Obrador decide desde ya el poder absoluto, pragmático, intuitivo en todas las dimensiones y contextos.
Este comportamiento genera una volatilidad muy peligrosa en la toma de cualquier decisión de Estado, así como en cualquier definición ante los sectores productivos. Complica delicadamente nuestra relación con otras naciones. Por si fuera poco, dificulta aún más las decisiones de la hacienda pública, pues diario establece nuevos compromisos populistas, que pueden significar decenas de pesos, o cientos de miles de millones de pesos.
Parafraseando el análisis de la revista Nexos arriba señalado, en sentido estricto López Obrador abre las puertas mediante el ejemplo a la violación del Estado de Derecho, nos lleva sin consulta alguna a una nueva dimensión de gobierno. No es un mero accidente.
López Obrador es él. Es el nuevo líder máximo. Con su nuevo modelo que se torna en dicotomía entre querer manipular a modo a los sectores privados nacional e internacional, frente al poder hacerlo. Él es él. Con su desvío de recursos de los sectores sociales institucionales a distribuciones directas a mano a beneficiados, para amasar más votantes a su favor. Millones de jóvenes subsidiados, becados, en capacitación, que para él en su mundo paralelo, es creación de millones de nuevas fuentes de empleo que omitió contabilizar el IMSS y el INEGI.
Él es él. Con su bárbara cancelación del NAIM a cambio de Santa Lucía. Él manda. ¿Leyes, cortes, juicios, amparos? ¿Qué significa todo eso? ¡Compló! Manden un memorándum, una orden del Presidente para cancelar cualquier figura legal, jurídica, se quitan las subastas y se crean nuevas figuras de asignación competitiva inexistentes en la legislación internacional y de nuestro país.
Alianzas mezquinas con grupos empresariales, así nada más porque sí, o porque son contemporáneos de su gerentocrático o grupo de asistentes personales.
Recuerden, este grave tropiezo por la suspensión del gasoducto Texas-Tampico y el gasoducto de Carso, aduciendo competencia desleal, actos monopólicos, prácticas para retrasar obras o lo que usted quiera inventar. Todo lleva a la confusión, al caos, a la anarquía. La relación con nuestro socio natural integral, Canadá, se deteriora nada más porque sí, por decisiones caprichosas, sin medir consecuencias, ni leyes ni reglamentos.
¿Qué se puede entrever?
Por supuesto en pleno siglo XXI este intento de maximato desde hoy podemos concluir que aún cuando alegue ser el modelo para el bienestar de los más pobres, descuida al resto de la sociedad, olvida a millones de mexicanos comprometidos en todos los sectores productivos del país.
Es un modelo inoperante, destinado a un tropezón mortal. Pero mientras, se llevará entre las patas los anhelos, sueños y esfuerzos de millones y más millones de mexicanos de buena fe, que votamos hace un año por más libertad, más seguridad, y mejor futuro económico para todos. Sin corrupción, con certidumbre.
A México como nación, le significará de nueva cuenta el riesgo de un retroceso de muchos años en su progreso, lo cual es hacerle un gran favor a otros países que quieren ver a México retrasado, en lugar de Nación pujante y desarrollada para finales de este siglo. Se desdeña la ciencia, la tecnología, porque no son tan populares como plantar 40 mil millones de árboles.
¿Quién es Morena? Es López Obrador. Hay diputados y senadores de adorno, nombrados a cambio de favores cumplidos; pero la lógica central en el Congreso, al igual que en el Ejecutivo, es rodearse de gente fiel, que rinda obediencia ciega y tributo al líder máximo, ya no al partido.
Corolario
En el silencio del análisis, en el meditar, reflexionar, analizar, estudiar, escribir, hoy es un día más para estar atentos y buscar defender a México. Porque hoy ya no existe la amenaza de peligro. El peligro ya es. Se va a romper a más tardar en el 2021 el Estado de derecho, como de costumbre con López Obrador, a modo de su nueva figura multifacética de Jefe Máximo-Presidente-Comandante-Sacerdote-Mesías-Chamán de nuestra confundida y más polarizada Nación. Por supuesto que se puede corregir.
Esté usted seguro que tendrá que ser por decisión y cuenta de todos nosotros los mexicanos, a través de la democracia y la sociedad civil organizada, con la Ley en una mano, y el orden Constitucional en la otra.
El entramado de leyes y ordenamientos jurídicos que norman el comportamiento de gobernantes y gobernados, el Estado de derecho se tiene que nutrir a través de autoridades que respeten y hagan respetar la ley a la letra, no a modo. Como lo mandan las leyes, el orden jurídico, y como lo ordena nuestra Carta Magna, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917.
A su vez la Ley se nutre de ciudadanos que asumen la obligación de regir su comportamiento con base en el marco jurídico, someterse a las consecuencias en caso de no hacerlo, y entender que la ley de la jungla no tiene cabida ni sustento en una sociedad mayoritaria progresista, pujante, como es la del Mexico del siglo XXI.
Mientras lo anterior no se asuma, seguirán los los nuevos políticos empoderados hablando de logros, hechos, frutos y futuros; frente a un pueblo que se empobrecerá dramáticamente, por más subsidios que junten carne de cañón, para los designios del nuevo hombre del Maximato XXI, Andrés Manuel López Obrador.
Acotaciones
Para este artículo utilicé más de dos párrafos del extraordinario artículo,
“Sí o sí: Me canso ganso”, Ma. Amparo Casar y José Polo, Revista Nexos, 1 Julio, 2019 https://www.nexos.com.mx/?p=43039
El autor es licenciado en Economía. Durante más de 35 años se ha dedicado a la comunicación en medios electrónicos e impresos, con temas financieros, económicos, empresariales, estratégicos, RSE, PyMEs, y de las nuevas tecnologías que revolucionan a nuestro mundo. Es conferencista en México y en EEUU.

