Entrevista a Rodrigo Amerlinck | Empresario

La Torre Latinoamericana es uno de los edificios más icónicos de la Ciudad de México y de todo el país. Desde el año de 1956, el rascacielos de cristal y acero ha sido protagonista del paisaje urbano y la cotidianidad de millones de ciudadanos que la miran a lo lejos, caminan a sus pies o se adentran en su interior para admirar una de las mejores panorámicas de la metrópoli en su cima.

Cine, televisión, fotografía, pintura, numismática y un sinfín de representaciones  tal vez hayan hecho de “La Latino” el sitio más emblemático en la cultura capitalina, lo cual no es un mérito menor; sin embargo, muchas menos personas de las que la identifican actualmente conocen el motivo de su construcción y su nombre y vale la pena recordar que este particular faro fue erigido, en un principio, con el firme propósito de albergar la sede de “La Latinoamericana Seguros”, una empresa que desde su fundación en 1906 ha marcado la pauta a nivel nacional dentro del rubro de los servicios financieros de protección.

A la cabeza de esta compañía centenaria se encuentra el ingeniero Rodrigo Amerlinck y Assereto, quien como presidente del Consejo de Administración, gobierna su corporación desde un despacho donde la cúspide del Palacio de Bellas Artes aparece a la altura de la mirada. Rodeado de reconocimientos, recuerdos y numerosas obras de arte, el empresario recibió a Siempre! En aras de compartir algunas reflexiones y conversar acerca de su más reciente publicación en materia histórica: La Independencia. 1810-1821.

“La obra nació básicamente de mi curiosidad; siempre he tenido la inquietud de saber más, de seguir aprendiendo y de seguir estudiando. Me ha interesado mucho la historia de México y del mundo, y cuando me encuentro leyendo, buscando documentos tomo notas para poder recordar mejor lo que veo, posteriormente esas notas se convirtieron en este libro. Pero no se trata de un trabajo ocioso, sino que busca entender muchos de los conflictos y problemáticas actuales desde su origen, desde la perspectiva del periodo independentista mexicano”.

A lo anterior, añade Amerlinck, se unió el deseo de llenar el vacío que le historia de bronce ha dejado en la conciencia nacional.

“La historia que nos han contado a lo largo de los años es una historia oficial que fundamentalmente se preparó en la época de don Porfirio Díaz: en ella, construyen una cara sin ver la otra, todos los personajes o son héroes o villanos, están divididos en dos, unos tienen calles, monumentos y  se habla con ellos con veneración, mientras que otros han sido olvidado, se les califica  como traidores y se habla mal de ellos. En México  no se ha visto objetivamente la historia, no se ha tomado en cuenta  que  todos somos seres humanos, todos cometemos buenos y malos actos, aciertos y errores.

“Para  entender como seres humanos a los personajes de la historia, tenemos que ver que no son estatuas, que son personas que estuvieron sujetos a muchas fuerzas y presiones, que tuvieron diferentes conocimientos, que cometieron equivocaciones, pero tuvieron también grandes aciertos y que todos ellos han formado el México de hoy.  En mi texto, por ejemplo, pongo mucho énfasis en las influencias y los intereses que tuvieron otros países sobre México durante el proceso de independencia y después de su consumación: se tenía un país nuevo, sumamente rico, con un gran territorio, pero también rodeado de ambiciones de nuestros vecinos, sobre todo los del norte, que habían logrado su independencia antes que nosotros y que no quisieron tener junto a una nación grande y fuerte, y que a través de intrigas o hasta de guerras directas le quitaron la mitad de su  espacio y lo dejaron pobre. México empezó su vida independiente endeudado, empobrecido, y tardamos casi todo el siglo XIX en pagar esas deudas”.

Adicionalmente, dentro de La Independencia. 1810-1821 el lector podrá encontrar un estudio de otros temas interesantes comprendidos en este periodo histórico, tales como la importancia de la invasión napoleónica a la península ibérica y la incompetencia gubernamental del rey Fernando VII, y cómo ambos factores desencadenaron el deseo masivo de independencia de los territorios americanos del imperio español, dando paso a diferentes procesos de lucha y conformación. Sin embargo, en la obra de Rodrigo Amerlinck, desde la portada hasta el contenido profundo, hay un hombre que equipara gran parte del interés del empresario, se trata de Agustín de Iturbide.

“Uno de mis objetivos con este proyecto fue realizar una reivindicación de Iturbide, por eso puede apreciarse un retrato suyo en la portada. En realidad la Independencia cuyo proceso se inició en 1808 junto con la inquietud generada por Napoleón, tiene una primera etapa en donde figuran Hidalgo, Allende, Morelos, ‘el grito’ que algunas fuentes afirman que no fue tal, y que es sofocada de una manera rápida y contundente con el fusilamiento de los personajes mencionados. Después de eso, ya con Fernando VII en libertad, se vivió un panorama relativamente tranquilo, pero se cometieron errores como volver a poner a en marcha la Constitución de Cádiz, lo que nuevamente produjo descontento y todos los movimientos políticos y bélicos que conocemos, hasta llegar a una etapa de consumación.

“En el periodo de consumación, el gran protagonista fue Iturbide, fue él quien en verdad logró la independencia a través del Plan de Iguala, de una manera pacífica e integradora que unió a los diferentes bandos y los llevo a un punto de acuerdo común. Al principio, la lucha independentista se transformó en una corriente de matanza y saqueo que una vez pacificada dio las condiciones para el diálogo, siendo Iturbide quien tuvo la visión de culminar 11 años de conflictos en 1821”.

 

 

Una lectura de nuestro tiempo

Aunado al tema de su libro, Rodrigo Amerlinck expresó su opinión respecto al resentimiento que los mexicanos mantienen con su pasado.

“Los mexicanos seguimos peleados con la historia, seguimos divididos y el actual gobierno atañe constantemente a esa división a los mexicanos. El asunto del perdón de España por luchas de hace 500 años representa que estamos llegando a un nivel absurdo. En lugar de conciliar y avanzar vamos para atrás en resolver conflictos históricos. A Europa la conquistaron los romanos y después tuvieron centenares de guerras, dos guerras mundiales muy recientes, y lograron hacer un mercado común y son países que están unidos, sin fronteras, a pesar de que han pasado por enormes es atrocidades, trabajan junto; aquí queremos revivir batallas antiguas, no comprendemos el simbolismo de nuestro mestizaje, que todos descendemos de españoles e indígenas y esa es la nación mexicanos.

“No se puede polarizar a la gente, todos somos los mismos. La postura gubernamental  de que algunos  son chairos y otros  son fifís es inaceptable, todos somos mexicanos y a todos nos interesa que este país progrese y salga mejor. Si no nos reconciliamos con la historia siempre vamos a estar envueltos en problemas. Debemos reconocer que somos herederos de culturas extraordinarias: como nación surgimos en 1521, son 300 años de historia que no se pueden olvidar y a los que debemos el idioma, muchas tradiciones, el ámbito culinario.  Somos todo eso y más, pero gracias a las dos raíces culturales de las que nacimos”.

Por último, el también autor de los volúmenes de La Revolución se refirió al sistema político mexicano y al gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

“En alguna ocasión Antonio López de Santa Anna hizo la declaración de que ojala pudiera funcionar la democracia en México para que él se pudiera ir a descansar a su rancho. Estuvimos con un régimen muy poco democrático con las imposiciones el PRI, después se hicieron luchas para que hubiera un cambio de gobierno pacífico y se logró en 2000, después de dos sexenios regresó el PRI y a nosotros se nos siguió enseñando que la democracia es contar votos.

“Ahora tenemos un  régimen donde se contaron los votos y ganó un presidente que lo único que quiere es imponer su voluntad, controlar el Congreso, el sistema judicial, olvidarse de la democracia, porque levantar la mano en una plaza no es democracia, olvidarse de lo que piensa gran parte de la población y seguir con su proyecto personal de gobierno; incluso dentro de su gabinete él no escucha a los demás, no escucha  los expertos, siempre tiene otra información que es la que él quiere, la que él piensa y la gente vota por él porque ha ofrecido dinero.

“Eso no es democracia, yo creo que en México no ha habido democracia nunca y esto es porque no creo que sea un sistema preparado para México, nos falta la suficiente educación para implementarla y además veo interés de mantener a la gente en la ignorancia, porque es más barato conseguir el voto de un ignorante que el de una persona culta. Personalmente trato de contribuir a lo contrario, hay que ayudar a que se conozca mejor la historia del país, el hacerlo nos puede hacer ver mejor un poco más adelante, no sabemos a dónde vamos, si no sabemos de dónde venimos”.