Limonada (Lemonade, Rumania, 2018) de Ioana Uricaro.

La narración parte de un estupendo guión escrito por Ioana Uricado, con la colaboración de Tatiana Ionescu. La acertada actuación de Malina Manovici, en el papel de Mara, una inmigrante rumana que habla muy bien inglés y que se emplea, con una visa temporal, como enfermera, en Estados Unidos, permite a la realizadora, influenciada por el nuevo cine rumano, muy dado a la crítica social y política, y por el cine norteamericano, que nada tiene que ver con la industria del entretenimiento y la evasión, atraparnos solidariamente en su denuncia de actos de corrupción, en forma de chantaje, alegando soborno, si muchas migrantes no acceden a las pretensiones sexuales, de parte de un agentes de migración. Dada la supuesta situación de falta de oportunidades de trabajo, en su país de origen, la mujer en cuestión lucha por conseguir su “green card” (residencia) enfrentado, misoginia y xenofobia. Cabe destacar que la realizadora estudió bioquímica, en Rumania y, después, cine, en la Escuela de Artes Cinematográficas de la Universidad del Sur de California.

Lxs chicxs salvajes (Les garçons sauvages, Francia, 2017) de Bertrand Mandico.

El cine francés no es un cine emergente; pero, considerando las imágenes de Lxs chicxs salvajes, habría que suponer la posibilidad de que sí, sin las carencias de los cines emergentes faltos de presupuesto, para dimensionar, irrealistamente, la imaginación de sus autores. Un cine emergente nutrido, no del cine heredero de la tradición narrativa clásica, sino de las vanguardias surgidas a lo largo de su historia y de las que, por supuesto, tiene conocimiento el guionista y realizador francés Bertrand Mandico. Aparte del viaje alucinógeno, por alta mar, al que son obligados a emprender, bajo las órdenes de un Capitán despiadado, hasta llegar a una isla “encantada”, un grupo de rebeldes jóvenes burgueses pervertido que han cometido un crimen, y en la que sufren una metamorfosis anatómica sexual, hay en la película una mezcla de experimentación del color y el blanco y negro, de principio a fin, de efectista barroquismo formal. Cabe destacar que aparecen todo tipo de vanguardias estéticas que conjugadas chocan delirantes, incluida la onírica imitación, sin efectos poéticos, a que llegó Jean Vigo con su Cero en conducta (Zéro en conduite, Francia, 1932).

 

La balsa (The raft, Suecia-Dinamarca-Alemania-Estados Unidos, 2018) de Marcus Lindeen.

A 45 años del experimento de Santiago Genovés (31 de diciembre de 1923-5 de septiembre de 2013, Ciudad de México), antropólogo físico e investigador social, para estudiar el porqué de la conducta humana violenta, llevando en una balsa (bautizada con el nombre de Acali) a cinco hombres y seis mujeres, más él, de diversas nacionalidades y razas, del Puerto Las Palmas, España, hasta Cozumel, México (101 días de viaje), a través de Océano Atlántico, el realizador sueco Marcus Lindeen, recrea, con las imágenes de la filmación original y las ancianas sobrevivientes de aquella aventura, incluido un anciano japonés, la experiencia vivida, al recurrir a los recuerdos de las mujeres a las que, por decisión de Santiago Genovés, fueron las que tomaron el mando. El actor Daniel Giménez Cacho presta su voz para narrar los textos de Santiago Genovés, después de la experiencia. Cabe destacar que el realizador ha vuelto a recurrir al método de situar la cámara en entornos artificiales y luego pedir a las personas que platiquen sus propias historias.

Aquellos que están bien (Dene wos guet geit, Suiza, 2017) de Cyril Schaublin.

Al principio, vemos a tres personajes platicando de cualquier cosa. La mujer comienza a hablar sobre una película que trata sobre una estafa, sin poder acordarse del título. En otro lugar, de la misma ciudad (Zurich), vemos una mujer policía que le comenta a su compañero, también policía, sobre otra película que trata sobre una estafa, sin poder acordarse del título. Después, vemos imágenes sueltas, sin ninguna conexión entre sí, gélidas, de la ciudad y de citadinos que viven en ella, en una sociedad de solitarios, regida por el internet, hasta que descubrimos que la historia de la película se va armando sobre, precisamente, un caso de estafas, perpetuados por una chica que, aprovechando su privilegiada situación de trabajar en una empresa en la que se solicita los datos personales de sus futuros clientes, aprovecha la oportunidad para cometerlas, a mujeres de la tercera edad. Cabe destacar que el realizador suizo Cyril Schaublin es autor total de la película, al escribir el guión, fotografiarla, dirigirla y editarla, bajo los principios minimalistas del filipino Lav Díaz y estructuralistas del norteamericano James Benning.

Masacre (Zan, Japón, 2018) de Shinya Tsukamoto.

El impactante sonido de los tambores japoneses, al inicio de la proyección, nos transporta a imágenes sensoriales visuales, guardadas en nuestra memoria, de las películas de samuráis, en las que el choque de los espadas en los combates a muerte y el rasgar de la carne, con el fluir a chorros de la sangre, son la constante inevitable. La nobleza, la lealtad, el honor, la venganza, el deber, han sido temas tratados, muchas veces, de forma brillante, en unas, y de manera convencional, en otras, a lo largo de la historia del cine japonés. El realizador japonés, Shinya Tsukamoto, usando cámara en mano y recurriendo a cortes rápidos, en el montaje de los combates, le ha dado más importancia a la acción y a la violencia que a los rituales previos en los que los contrincantes se estudian antes de liarse en los duelos. Cabe destacar que, si de importancias se trata, habría que realzar la compleja dramática emocional, al tratar temas como la represión del deseo que requeriría de una interpretación psicoanalítica más profunda.

La casa lobo (Chile-Alemania, 2018) de Joaquín Cociña y Cristóbal León.

¿Sabían ustedes algo sobre la Colonia Dignidad, ubicada en la comuna Parral, Provincia de Linares, Región de Maule, Chile? Los primeros habitantes llegaron en 1961, de la mano de Paul Schäfer, acusado de pederastia y otros crímenes, en Alemania. Posteriormente, la Colonia adquirió fama porque ahí se encerraba y torturaba gente en la dictadura de Augusto Pinochet. Lo realizadores chilenos Joaquín Cociña y Cristóbal León, escribieron el guión, con Alejandra Moffat, sobre una niña que escapa de la Colonia, refugiándose en una casa denominada lobo. El resultado fue un largometraje, en stop motion (técnica de animación que consiste en aparentar el movimiento de objetos estáticos por medio de una sucesión de imágenes fotografiadas), muy bien estructurado, en el que vemos el horror y la angustia que padece la niña, al recordar las atroces condiciones de existencia a que fueron sometidos los habitantes de la Colonia. Cabe destacar el tenaz trabajo de  cinco años  de todo el equipo de producción, para conseguir una obra admirable, por su denuncia social y política.

Monrovia, Indiana (Estados Unidos, 2018) de Frederik Wiseman.

Estados Unidos de América, Estado de Indiana, Condado de Morgan, Poblado de Monrovia. Tomas abiertas del lugar. Cultivo y cosecha de campos agrícolas (trigo y maíz) y cría y venta de ganado vacuno y porcino, de manera industrializada. Subastas. La vida transcurre libre y monótona. Vida familiar, bodas, funerales. Todos se conocen. No pasa nada extraordinario. Los habitantes recuerdan su pasado y disfrutan conformemente la feria anual. Una sociedad conservadora y puritana. El veterano realizador Frederick Wiseman, nacido en 1930, en Boston, Estados Unidos, de quien se dice que es uno de los documentalistas más influyentes de la historia del cine, se ocupa en observar, en mostrar, en contemplar, en el sentido de separar el conocimiento de la actividad teórica, de la trasformación práctica de la naturaleza y la sociedad. Cabe destacar que su labor es directa, sin influir en lo que captar con su cámara complaciente, por lo que, casi inmediatamente, el tedio se apodera del espectador más paciente y afecto a esperar alguna toma o secuencia que lo despierte del letargo.