“…embriaga con su atmósfera naturada
por el aroma de exquisitas flores”.

Manuel Rivera Cambas

 

En julio de 1857, cuando el presidente Ignacio Comonfort se debatía entre cumplir la Constitución Liberal por él jurada o seguir la voz de su conciencia maternal que lo incitaba a la rebeldía, el Ejecutivo mexicano sorprende a propios y extraños al emitir el Decreto Presidencial por el cual reconoce a la Feria de las Flores de la Villa de San Ángel como una feria nacional.

Con tal disposición, el mandatario sorteó el pedimento hecho por las amigas de su madre que habían solicitado la merced de reconocer a la Feria como parte fundamental de la Fiesta Patronal de Nuestra Señora del Carmen, a cuya devoción estaba dedicada la orden de frailes que desde 1615 habían fundado un hospicio que luego devino en casa monacal y parroquia principal de la referida villa sureña del Distrito Federal.

El origen de dicha fundación se remonta a la donación otorgada por el cacique de Chimalistac, en 1613, a la orden del Monte Carmelo y al celo particular de Fray Andrés de San Miguel, quien diseñará tanto el templo como las construcciones accesorias al mismo.

Desde aquella época, los frailes notaron la fertilidad de la tierra y la devoción con la que los pobladores dedicaban la labranza al cultivo de las flores, a cuya deidad dual prehispánica, solían entregar hermosas ofrendas al pie del volcán Xitle, lindante con la amplia propiedad de Chimalistac.

El celo evangelizador de los carmelitas logró, sin saberlo, el sincretismo de esa tradición náhuatl con la Fiesta Grande de Nuestra Señora del Monte del Viña del Edén (Carmelo en hebreo), decisión que fue bien recibida por los novohispanos quienes, al estilo sevillano, adoptaron la costumbre de ornamentar sus balcones y patios con infinidad de flores adquiridas precisamente a los horticultores de la zona, de los campos de labranza de los alrededores y de Xochimilco, cuyos enormes hatos floridos eran transportados en mulas y carretas desde aquellos lares.

Dicha actividad se hizo costumbre y año con año, cada sábado previo al 16 de julio, fecha dedicada a la devoción de la patrona de los carmelitas, se organizaba esta concurrida feria en la que participaba tanto el pueblo como las dilectas familias que contaban con casas de campo en el lugar.

Pese a la Guerra de Reforma, a golpes de Estado, invasiones o revoluciones, de manera ininterrumpida este pasado 13 de julio la comunidad san angelina conmemoró la 162 edición de su Feria de las Flores, y ello trajo a nuestra memoria la hermosa descripción que de dicha villa hizo el extraordinario cronista Manuel Rivera Cambas en su obra “México Pintoresco, Artístico y Monumental”, quien entonces cayó prendado de la naturada atmósfera por el aroma del huele de noche, de la azucena y de “exquisitas flores” que aún hoy crecen a la vera de San Ángel.