“Me considero un ángel. Reflexionando y meditando,
soy bueno. No tengo resentimientos, tengo bondad”

Pinochet

 

Vamos de sorpresa en sorpresa, día a día descubrimos un nuevo lance, una nueva trampa, algún truco semántico, o nuevos actos de estado que, concatenados, simplemente dan pavor.

“Ley Bonilla”, “ley garrote”, “extinción de dominio” y “cárcel preventiva”, por separado parecen actos disgregados, separados, que no guardan relación alguna pero que juntos, nos podrían llevar a un estadio nunca antes conocido por la ciudadanía mexicana, aquellas viejas encuestas en donde se escondían algunas filias a las dictaduras y las hegemonías, parecen ya realidades ineludibles.

Decir que esto preocupa es lo de menos, asquea que la supuesta izquierda, los que antes engrosaban las filas del Partido de la Revolución Democrática, ahora conversos al morenismo, defiendan la pérdida de libertades como un argumento para la destrucción del antiguo régimen y el nacimiento de uno nuevo, es simplemente increíble, el único cuerdo en esta discusión, pero ya anciano y menguado en su salud es Porfirio Muñoz Ledo, todos incluyendo a Cárdenas y Encinas han decidido guardar silencio, ya sea por miedo o por comodidad.

La izquierda murió con Heberto Castillo y con Gilberto Rincón Gallardo, de forma extraña, ha renacido el totalitarismo, todo indica que aquellos que fueron toleteados en el 68, 71 y 88, y que viven para contarlo, se escondieron en la camiseta del Che, en las horrendas canciones de Silvio y en el ya perdido y demodé ideario de Salvador Allende, eran y son fascistas de closet. Para muestra, Pablo Gómez aplaudiendo a rabiar la posible desaparición del Instituto Nacional Electoral.

La “ley Bonilla” es para efectos prácticos el principio del fin de la vía democrática, de aprobarse, de quedar en firme, cualquier exceso futuro sería prácticamente inatacable, es difícil pensar que el gobernador electo haya actuado solo, sin el consentimiento del aparato de gobierno o ¿cómo se explica que el jefe del ejecutivo haya guardado silencio? ¿cómo explicar la defensa de la presidenta del partido dominante? ¿cómo explicar la actitud de la secretaria de gobernación y de uno de sus subsecretarios?

El gran problema de la “ley Bonilla” se encuentra no en la ampliación de mandatos, sino en la disminución o desaparición de los mismos. ¿Qué la oposición no tiene ganas de cooperar? Desaparécelos. ¿Qué el gobernador fulanito no quiere alinearse? Disminúyanle el mandato. Como esos, hay miles de ejemplos.

La “ley garrote” es sin duda el colmo, la antítesis de quienes se llaman o creen que su corazón late a la izquierda, supuestamente queda en salvaguarda el derecho a la manifestación y el libre tránsito –menos mal- pero ¿qué acaso los supuestos grupos de izquierda no hicieron de las marchas, manifestaciones y plantones todo un arte de la logística urbana? Como ejemplo la toma de Reforma por el ahora presidente, los plantones de los sindicalistas tanto maestros como trabajadores de la industria energética, las manifestaciones en contra de la inseguridad, por la desaparición de los 43 de Ayotzinapa o la trágica muerte de los infantes de la guardería ABC, se suma a todo ello las marchas del 1° de mayo o las del 2° de octubre, entre muchas otras.

¿Sirvió de algo que los ciudadanos defendieran en las calles al ahora presidente por el desafuero o al movimiento #YoSoy132 por su libertad a definirse como ciudadanos en la lucha democrática? Claro que sirvió, sin embargo, ahora ese derecho, básico y necesario está en peligro, cuestionado para que “los conservadores, los de la derecha” no lo hagan suyo. Valiente tontería.

¿Quiere decir que, si un día se le ocurre a la ciudadanía manifestarse por un tema que moleste al ejecutivo, este utilizará como ejemplo la “ley garrote” de su natal Tabasco y desplegará a las fuerzas armadas como lo hizo Díaz Ordaz en 1968? ¿En qué quedamos? ¿Qué no se supone que ahora íbamos a estar mejor?

“Señor su majestad, en la calle hay unos rijosos que apestan a Chanel, traen sombreros Panamá y lentes Persol, quesque no les gusta el nuevo toque de queda ¿Qué hacemos? Pero que pregunta Godínez, saque ese nuevo garrote que nos regaló el gobernador de Veracruz, úselo a discreción”.

Las cerezas en el pastel, “la extinción de dominio” y la “cárcel preventiva”, entonces, cuando le caigamos mal a alguien de la clase política o nos quitan la casa o nos guardan medio año como le pasó a Juan Collado. O nos amenazan vía Whatsapp y al día siguiente misteriosamente decidimos “suicidarnos”. Cuidado, estas líneas no son una defensa al abogado, él sabrá defenderse, pero, hay que reconocer fue el primero en estrenar este maravilloso triunfo legislativo.

Si no es posible manifestarse, porque la respuesta gubernamental es la pérdida del patrimonio, dormir entre barrotes, recibir unos garrotazos o la amenaza política de desaparecer poderes públicos, sinceramente no hay mucha diferencia con la DINA pinochetista, los Órganos –castristas- de Seguridad del Estado o los Cuerpos de Seguridad chavistas.

Pero ¿no podíamos estar peor? ¿O si?

@DrThe