Entrevista Julieta García, subdirectora de Investigación de la CNMH del INAH
Siguiendo los pasos del legado de Hernán Cortés en la Ciudad de México es imposible pasar por alto el Hospital de la Purísima Concepción y Jesús Nazareno, mejor conocido como el Hospital de Jesús.
Ubicado sobre la icónica avenida 20 de Novimebre, en el corazón del Centro Histórico, este nosocomio fundado en 1524 se encuentra a punto de cumplir medio milenio de existencia, fue uno de los proyectos más entrañables que llevase a cabo el Marqués del Valle de Oaxaca durante su vida y ha funcionado de manera ininterrumpida, siendo testigo y protagonista de importantes acontecimientos en la vida mexicana. Sin embargo, antes de adentrarse en aspectos particulares de la historia de este recinto, conviene sumergirse en algunos conceptos respecto a qué eran y cómo funcionaban estas organizaciones durante el período novohispano en México con el fin de comprender mejor la fascinante travesía de siglos que ha realizado el Hospital de Jesús. Para ello, Julieta García, especialista en la materia, compartió con Siempre! una interesante reflexión alrededor de estas instituciones, cuya esencia se ha transformado con el tiempo.
“El tema de los hospitales o de la hospitalidad, en un tema que ha sido muy tocado por muchos investigadores y en cual siempre debemos tener en claro que cuando en el siglo XXI nosotros escuchamos la palabra “hospital”, evocamos un lugar frio inhóspito, de mucho dolor y de tristeza, pero éste no es el concepto que se tenía de los hospitales en el siglo XVI. En este siglo, en la instalación de una nueva cultura, se van a cambiar mucho las estructuras y los comportamientos que se tenían en el periodo prehispánico y el tratamiento de las enfermedades es también uno de ellos, porque la noción de enfermedad no es la misma en el México prehispánico que en el virreinato. Pero, volviendo al origen de los hospitales, es necesario considerar que la tradición hospitalaria viene de la Edad Media, de ser un hospitium, es decir, un lugar para hospedar, dar un lugar donde se descanse y se proporcione alimento y bebida al hambriento y al sediento. Esto se encuentra ampliamente relacionado con el aspecto religioso, debido a que estas acciones son principios de la caridad, una virtud teologal que sin duda se vivía y se practicaba de manera diferente a nuestros días. Así pues, la instalación de los hospitales va a ser una preocupación muy temprana en la Nueva España, que comienza desde el propio rey y la hacen cumplir los virreyes, y que en la figura de Hernán Cortés se hace realidad: el primer hospital, como institución, es el Hospital de la Purísima Concepción y Jesús Nazareno”.
De esta forma, explica la historiadora, el Hospital de Jesús comienza sus funciones, sin perder su índole medieval, bajo la advocación mariana de la Purísima Concepción, de la cual Cortés era muy devoto, y atendiendo las secuelas que había dejado el encarnizado sitio de Tenochtitlán, recordando las terribles condiciones de insalubridad y propagación de enfermedades que se vivían en aquellos años. Vale mencionar que el Hospital se ubicaba en el mismo sitio donde lo encontramos hoy, aunque con las ampliaciones y modificaciones propicias según sus requerimientos. A pesar de que el Hospital de Jesús podía ser clasificado como un hospital general, el resto de nosocomios que le siguieron en fundación paulatinamente fueron especializándose en enfermedades o grupos determinados.
“Conforme van pasando los años, los hospitales van adquiriendo funciones muy específicas, pero además los vamos ubicando fuera del territorio de lo que constituía la Ciudad de México”.
“Los hospitales van a comenzar a atender cuestiones específicas de tratamientos cuanto a la salud. El Hospital de Jesús es un hospital general, se trata a todo aquel que necesite la atención de poder llegar a un sitio a alojarse, pero hay otros que necesitan ser muy específicos sobre sus tratamientos, o sobre el grupo social al cual van dirigidos, como el hospital Real de Indios, o tenemos el del Amor de Dios, que es la actual Academia de San Carlos, que es un hospital que también fundó Hernán Cortés para enfermos de sífilis. También está el Hospital de San Lázaro que ya se encuentra fuera de lo que en ese momento era la ciudad y estaba destinado precisamente para los que contraían el mal de san Antón y además atendía a la gente con lepra”.
Paralelamente, la maestra en Historia por la UNAM comenta algunos aspectos respecto a la ubicación y el surgimiento de nuevas instituciones en la Nueva España.
“Conforme van pasando los años, los hospitales van adquiriendo funciones muy específicas, pero además los vamos ubicando fuera del territorio de lo que constituía la Ciudad de México. En este punto, es preciso mencionar a un hombre importante en este tema, Bernardino Álvarez, quien trabajó al menos una década en el Hospital de Jesús. Él es un personaje interesante porque se trataba de un mercader del que se habla incluso que poseía una flota de barcos y que tenía comercio interno y externo con otras partes del mundo como Perú; y una manera de ejercer la caridad que a todos exigía el catolicismo por la costumbre y la tradición, es emplear parte de su fortuna en un hospital y a él le debemos Hospital de San Hipólito. De esta institución, las primeras casas van a ubicarse en la zona donde se encuentra hoy la Suprema Corte de Justicia, pero después, en 1572, se van a buscar nuevos territorios fuera de la ciudad, y van a dar a la ermita de San Hipólito, la que es hoy popularmente conocida la iglesia de san Judas Tadeo. Es decir, los hospitales van a ir saliendo poco a poco de la ciudad, que es pequeña pero tiene muchos: hay un hospital de San Pedro en la Santísima Trinidad que es un ejemplo de las organizaciones de este tipo cuyo origen son enfermerías de congregaciones y órdenes mendicantes, muchas de las cuales se volvieron hospitales posteriormente”.
Este punto no es de menor importancia, pues debe tenerse en consideración que los hospitales eran recintos dirigidos a realizar obras piadosas, de caridad, lo cual también incluía atención espiritual por parte de las ordenes y actores religiosos, aspecto que se encontraba en el mismo nivel de prioridad que la atención médica. Ahora bien, si muchos de los hospitales novohispanos poseen relativo protagonismo por situarse en la Ciudad de México o cercanos a ella, asevera García, no deben perderse de vista que existieron una gran cantidad de nosocomios dispersos en todo el territorio virreinal, especialmente en los caminos o sitios intermedios entre urbes donde se daba atención a los viajeros, siendo estos tan importantes que incluso poblaciones enteras y ciudades se fundaron alrededor de ellos. Pero no solo en el urbanismo y la salud pública estos recintos jugaron un papel fundamental en la Nueva España, sino que además fueron cruciales para el desarrollo de la ciencia médica.
“Con la llegada de médicos ibéricos a la Nueva España, la sociedad va a ser susceptible de trasformaciones en sus instituciones, y una muy interesante es la del protomedicato, que regula la organización y aplicación de la medicina, siendo, en pocas palabras, el tribunal en donde se va a verificar que los médicos lo sean y que lo que se está llevando a cabo como medicina, también. Tomando en cuenta el sincretismo cultural en el que durante el siglo XVI la medicina occidental se vio mezclada con nuevas formas de apropiación en el territorio novohispano, mezclando naturismo con medicina europea, había cosas que la iglesia veía muy bien , pero otras no, como , por ejemplo, las que identificaba con indicios de brujería o chamanismo. Esto es importante, porque en el Hospital de Jesús y el resto de instituciones, se va encontrar inmerso dentro de todas estas dinámicas en donde se tenía que justificar cuáles eran los medicamentos adecuados , cuáles contaban con los estudios botánicos requeridos, qué prácticas se podían llevar a cabo. Entonces, los hospitales van a ser sitios de prácticas y experimentación que sin duda se encuentran nuevos conocimientos y nuevas formas de la medicina. Creo que es importante señalar a algunos de esos médicos, como Gregorio López o el propio Bernardino Álvarez, quienes impulsaron lla ciencia médica en nuestro territorio a través de las redes hospitalarias”.

Julieta García, subdirectora de Investigación de la CNMH del INAH
Haciendo referencia a las maneras en que los hospitales podían obtener recursos para su manutención, la también investigadora del INAH enlista los numerosos rubros que representaban el sustento de las instituciones.
“Los hospitales de las ordenes mendicantes pueden sostenerse principalmente mediante limosnas, pero junto con resto de las instituciones, cuentan también con patronatos que se compone algunas veces por el mismo rey y gente de elite social, entonces ellos pueden ir aportando con dinero o especie. Cabe mencionar que en los hospitales hay estatutos y para que puedan formarse, tiene que ser el rey quien de la autorización, aunque no forme parte del patronato, y entonces pasa la orden al virrey, quien a su vez emite un documento en el cual se da la licencia, pero probablemente también se otorgan terrenos. Por otra parte, r el Ayuntamiento podía aportar en especie, con terrenos o con trabajo. Incluso, el virrey puede otorgar indígenas, porcentajes de la venta de alguna cosecha en tal lugar, permisos para pedir limosna con sumas establecidas o libres; todo ello debe estar escrito por su mano. De la misma forma, si había gente que llegaba y se instalaba de paso, esa persona tenía que pagar los servicios y el uso de las instalaciones y entonces esa es otra fuente de financiamiento. Además, los hospitales como los conventos, tenían derecho a pedir una merced, una petición que hacen al rey para tener agua dentro del propio hospital, entonces la tienen para uso propio, pero también pueden vender agua a los aguadores y eso constituye un ingreso importante. Por último, los hospitales también se hacen de patrimonio gracias a los testamentos que les legan tierras o dinero, al igual que las haciendas de los grandes potentados de la época”.
Julieta García manifiesta que la transición hacia los antecedentes del modelo hospitalario que conocemos hoy en día se origina en el siglo XVIII a través de un concepto en el que se transforma la idea de la enfermedad y su vínculo social, relacionando la infraestructura de los hospitales, por ejemplo, con las cárceles. Aunado a ello, se mantuvo la premisa de mantener alejados los nosocomios de las ciudades, además de establecer la separación entre hombres y mujeres, distribuidos en amplios pabellones donde circulara el aire y la luz tuviera acceso, aumentando, por igual su enfoque médico y la esperanza de vida de todo aquel que ingresase a estos recintos. Finalmente, la académica comparte su perspectiva en torno a rescatar la memoria de los hospitales novohispanos.
“Considero que debemos tratar de documentarnos cada vez más sobre los hospitales, porque creo que de las instituciones novohispanas, son de las menos atendidas. Si actualmente no se valora la memoria de ordenes conventuales o religiosas, mucho menos la de los hospitales y las ordenes hospitalarias, Lo primero que tenemos que hacer es conocer y nos toca a nosotros ,las instituciones, el difundir estos valore y tratar de que a la gente lo retome como algo significativo en su vida y establezca un vínculo entre el pasado y el presente de este tipo de lugares, y, especialmente, debemos sobre todo a las personas que los fundaron, porque tenían en su mente la conciencia de una labor a la sociedad y pocas reconocemos este ámbito. Al propio Hernán Cortés es necesario reivindicarlo como un hombre que dotó a esta ciudad de escuelas, hospitales, iglesias y dejar de verlo con el resentimiento absurdo de un país que no se da cuenta de la riqueza de su pasado”.
