Cada vez crece la sospecha, la idea o percepción de que la justicia se aplica según sea el personaje o caso. El caso Culiacán, el de Tepito, el de Bartlett, el de Napoleón Gomez Urrutia, los anarcos, el de Romero Deschamps y el de Rosario Robles son ejemplos. De todos estos sólo Robles está en prisión, preventiva, pero prisión. En Culiacán un operativo fallido, cargado de contradicciones y mentiras. En Tepito, un operativo exitoso con resultado final de la liberación de delincuentes. Bartlett y Napoleón Gómez Urrutia protegidos.
Los anarcos impunes. Romero Deschamps influyente, poderoso, intocable y Rosario Robles que se presenta a enfrentar los cargos detenida bajo un supuesto, si un supuesto de darse a la fuga. Y ningún secuestrador de la CNTE detenido. Y ningún huachicolero tras las rejas.
Y ningún resultado creíble, sensato y contundente del accidente de helicóptero en Puebla, aún cuando Barbosa se ha excedido en sus declaraciones y se comprometió con aquello de “no es la primera ocasión que ocurre un magnicidio”. Sin embargo, pudimos observar cómo a un grupo de burócratas que solicitaban audiencia con el Ejecutivo fueron rociados con sustancias lacrimógenas a las puertas de Palacio Nacional.
En las últimas horas se filtró –lo que constituye un delito– audio y video de una de las audiencias de Rosario Robles y lo único que queda en claro es la agresividad, parcialidad y soberbia del juez Delgadillo Padierna.
Así que ni para acá ni para allá. La amplia sombrilla de la justicia sólo alcanza para unos mientras los otros quedan a la deriva y a la discreción de las decisiones del poder ligadas a lo legal. Insisto, y hoy más que nunca, en México todos, sí todos, somos culpables de todo y nos vemos obligados a demostrar nuestra inocencia.
El ejercicio del poder se está empleando para intimidar, para atemorizar, para radicalizar, para romper instituciones y perseguir con dureza a los opositores al actual régimen.
Culiacán es en la historia nacional un parteaguas de vergüenza. Se sabe que el plan del gobierno inició cinco meses antes de la intervención fallida. Y ni así pudieron siquiera con una orden de cateo, con una orden de aprehensión y lo peor, estimando que como sociedad no somos capaces de observar y concluir y entonces somos expuestos a maniqueísmos, a manipulaciones, falsedades e intrigas.
La 4T ha tenido un año para formar a la Guardia Nacional, adiestrarla, protegerla legalmente, armarla y hacerla operativa y efectiva. En 15 minutos un narco de 28 años humilló al gobierno, a las Fuerzas Armadas y mostró su enorme poderío. Desde ese momento y hasta ahora no se ha presentado ninguna renuncia, ni demanda contra los funcionarios que por su torpeza pusieron en riesgo a la sociedad, pero tampoco se ha conocido de alguna acción contundente para detener a los narcotraficantes de la zona.
¡Vamos! Si no han podido ni siquiera identificar a los malandros que intentaron incendiar el edificio de rectoría en la UNAM, ¿qué podemos esperar de un sicario que festeja en vía pública lanzando bala porque soltaron a su patrón? Y que conste que es pregunta.
