En ocasiones me gustaría trasladar de forma literal el lenguaje de las redes sociales a lo que escribo, solo a veces es posible, en otras como esta buscaré la forma prudente de hacerlo…
La oposición mexicana, específicamente la izquierda proto perredista estuvo fregando y enfadando –usted lector busque un mejor par de sinónimos– para que las elecciones ya no fueran organizadas por el aparato de Estado materializado en la Secretaría de Gobernación, era obvio que la falta de transparencia en el proceso dejaba un mal sabor de boca en la oposición y convivir después de las elecciones no era exactamente fácil.
La verdad es que hicieron bien, la primera versión del IFE poco a poco se fue corrigiendo institucionalmente, se fue profesionalizando, entendieron su papel y dieron la batalla por construir junto con la sociedad civil y partidos políticos el andamiaje, el escenario, la puesta en escena que nos permite elegir a nuestros gobernantes y representantes.
Decía el Dr. Woldenberg que un solo consejero electoral en el colegiado difícilmente podía ser una correa de transmisión efectiva de un partido político pues al final siempre tendría que negociar y llegar a un punto óptimo que no necesariamente lo deseable o lo que se esperaba, sin embargo, el proyecto del partido dominante es más que preocupante.
Al interior del Consejo General del INE el presidente y su proyecto “transformador” ya tiene el voto claro y constante de un consejero; viene en el primer semestre de 2020 la designación de cuatro nuevos consejeros, al tener junto con sus aliados la mayoría calificada al interior de San Lázaro, difícilmente van a querer negociar con la oposición los perfiles de quienes ocuparan un lugar en el Consejo General, si a ello sumamos el cinismo con el cual impusieron a la nueva ombudsperson, que no nos sorprenda el tipo de personas que llegaran a construir el bloque oficialista.
Pero, si a todo lo anterior añadimos el deseo casi lúbrico de destituir al actual consejero presidente, el Dr. Lorenzo Córdova, el bloque crecería a seis votos, fácil, cualquier abuso especialmente en materia de fiscalización quedaría sin efecto para la coalición en el poder, lo intentaron materializar como moneda de cambio para lograr la reforma constitucional referente al financiamiento de los partidos políticos, así que no es una exageración.
Construido el bloque de seis, solo necesitan dos más para cambiar el total de las áreas ejecutivas, recordemos que ya cuentan con el Órgano Interno de Control, así que “apretar una tuerca aquí, otra allá y adiós democracia”.
Defender al INE se ha convertido en un deporte de alto riesgo, permea el discurso de odio disfrazado de austeridad y todavía un buen número de ciudadanos creen que destruir esta gran institución es lo correcto, están tan equivocados.
Todo parece una exageración, pero ¿Qué acaso la Organización de Estados Americanos no nos ha puesto sobre aviso respecto al caso “Evo Morales”? ¿Qué no estamos viendo?
Remar contra corriente es difícil, pero no imposible…
@DrThe
