Las Naciones Unidas designaron este 2020 como el Año Internacional de la Sanidad Vegetal, no porque haya algo que conmemorar o reconocer, sino porque precisamente se requiere llamar la atención sobre esos seres con los que cotidianamente convivimos, pero que frecuentemente pasan inadvertidos, los vegetales.
Las plantas están en riesgo de extinción y también son destruidas por desastres naturales y provocados, como los incendios en California y en Australia, pero rara vez se destaca o lamenta la pérdida de plantas, como sí sucede con los animales, tal vez porque nos identificamos más con ellos. Pero la falta de vegetales también pone en riesgo nuestra sobrevivencia.
La importancia de las plantas
Las Naciones Unidas decidió declarar 2020 como Año Internacional de la Sanidad Vegetal (AISV) para crear conciencia en el mundo de que “la protección de la salud de las plantas puede ayudar a erradicar el hambre, reducir la pobreza, proteger el medio ambiente e impulsar el desarrollo económico”, según puntualizó en un comunicado la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
El planteamiento no es exagerado, pues surge de una serie de datos que se tiene. Se conoce que 80 por ciento de los alimentos que consumimos provienen de las plantas, las cuales producen 98 por ciento del oxígeno que respiramos. Asimismo, se ha documentado que anualmente las plagas son responsables de la pérdida de hasta 40 por ciento de los cultivos de alimentos del mundo y de pérdidas comerciales en productos agrícolas de más de 220 mil millones de dólares al año.
Pero eso no es todo, la falta de esos productos ocasiona que millones de personas sufran hambre, muchas de ellas enfermen y mueran, principalmente la población infantil, ya que la merma en la producción agrícola perjudica a las comunidades rurales más pobres que se dedican a cultivos de subsistencia.
Además de las pérdidas por plagas, también se sufre el cambio climático, que causa la reducción de la calidad y cantidad de los cultivos, ya que el aumento de temperatura y de los ciclos estacionales ha aumentado los problemas de abasto de agua.
Estas modificaciones también alteran los ecosistemas, pues han cambiado la relación entre plagas, plantas y agentes patógenos que causan enfermedades a los vegetales. En años recientes han surgido más plagas en lugares que no eran su hábitat natural, como ha sucedido con moscos transmisores de enfermedades en seres humanos.
Este panorama no es alentador y puede agravarse aún más, si se considera que la FAO estima que la producción agrícola deberá aumentar 60 por ciento dentro de 30 años, en 2050, para alimentar a una mayor población. Por esa razón, se ha planteado una serie de medidas para preservar la salud de los vegetales, presentes en nuestros jardines, mercados y mesas, pero casi siempre poco estimados.

Las medidas de prevención
Las Naciones Unidas y la FAO han llamado la atención con esos datos aterradores, pero también han destacado la necesidad de adoptar medidas preventivas. Han planteado que “Mantener las plantas o los productos vegetales libres de plagas y enfermedades […] facilita el comercio y garantiza el acceso a los mercados, en especial para los países en desarrollo. Para ello es importante reforzar la adhesión a los reglamentos y normas fitosanitarias armonizados a nivel internacional”.
Con ese objetivo, en el AISV se trabajará para prevenir la propagación de plagas y enfermedades de las plantas, con programas que deberán involucrar a los sectores agropecuario, gubernamental y empresarial.
A quienes trabajan en el campo se les pide que utilicen solo semillas y plántulas libres de plagas, realicen el seguimiento y notificación periódico de la presencia de plagas, empleen métodos plaguicidas amables con el ambiente y, en especial, con los insectos polinizadores.
A los gobiernos se les solicita, entre otras actividades, organizar campañas de sensibilización sobre la sanidad vegetal; invertir en protección fitosanitaria y en investigación y tecnologías innovadoras; y alinear sus políticas con los objetivos de desarrollo sostenible para eliminar el hambre, la malnutrición, reducir la pobreza y las amenazas al medio ambiente.
A los empresarios se les invita a promover productos y prácticas favorables al medio ambiente para prevenir y manejar las plagas, cumplir con las normas y legislaciones y apoyar tanto las prácticas innovadoras de sanidad vegetal como el uso de nuevas tecnologías para facilitar el acceso a los mercados.
Y todos, en general, podremos contribuir a la sanidad vegetal con acciones tendentes a cuidar a las plantas y no atentar contra insectos y aves polinizadores como mariposas, abejas y colibríes; asimismo, deberemos hacernos conscientes de la importancia de los vegetales para los ecosistemas y para nuestra alimentación.
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f/René Anaya Periodista Científico
