“… un poco de orden de los papeles.”
En el principio fue el verbo, dice la Biblia. Siglos más tarde El Fausto de Goethe dirá “En el principio fue la acción”. El contrapunto entre vida y obra, verbo y acción, deriva en una acción del discurso y en un discurso de la acción. Esas dos categorías son los espejos en los cuales se abisma el escritor que aspira a la unidad imposible a través de la ficción de las Obras completas.
Nadie más obsesionado por la literatura que Franz Kafka (1883-1924). Hay un relato suyo no concluido que se ha titulado justamente “La obra”, “La construcción”, “La guarida” o “La madriguera”. Es una parábola del escritor y su obra, según aprendimos de Juan García Ponce. “La construcción” o “La madriguera” está habitada por un animal subterráneo cuya identidad desconocemos. Vive pendiente de lo que sucede en los corredores vacíos de ese palacio subterráneo. El menor rumor es para él motivo de inquietud. Reyes no vivía en un espacio vacío pero sí era una persona muy susceptible de la recepción de su trabajo. De ahí que haya encargado a su discípulo preferido, José Luis Martínez, el conjunto de papeles titulado “El cerro de la silla” donde está en juego precisamente esa recepción y que, en última instancia, tal vez podría y debería formar parte de esta obra que parecería infinita y que todavía estamos descubriendo. Rodrigo Martínez Baracs y María
Hay todavía mucho por descubrir, reeditar, anotar y organizar. Pongo aquí un ejemplo de esos descubrimientos. La entrevista que Carlos Fuentes le hizo a Alfonso Reyes para El Espectador en 1950 sobre el cine, tema que apasionaba a los dos. Fuentes tenía muy buen oído. Por eso en ella podemos escuchar a Reyes como si estuviera ante nosotros:
ALFONSO REYES. Un espectador de calidad habla del cine Mexicano[7]
Por Carlos Fuentes Macías
Cuando conocí a Don Alfonso Reyes era yo lo que el cuento denomina “una pistolita”. Desempeñaba don Alfonso a la sazón el puesto de Embajador de México en Brasil, y entre los recuerdos menos nebulosos, está su figura sonriente dibujada contra el ocaso carioca en aquella inolvidable Rua das Laranjeiras, cuajada de polen y mar, donde tenía su sede la Casa de México. De aquella vez y de las subsecuentes en que, por distintas latitudes —él como jefe de misión, yo en calidad de equipaje- vi y hablé con Alfonso Reyes, quedó siempre más impresionada en la placa irrevelable de mi memoria, su maravillosa actitud vital, absorbedora de paisajes y emociones, de siluetas e ideas. Antes de crear Don Alfonso Reyes era espectador pleno. Y hoy que lo reencuentro entre sus volúmenes tonsurados —el Góngora que ha rehabilitado, Baudelaire una calosfriante portada de Ellery Queen- el licenciado Reyes, con su ondear brillante deriva a los campos de la cinematografía.
—No, no creo que el cine deba ser un espectáculo minorista, selecto, de cámara: su misión es mucho más rica.
—El cine, salvo honrosas excepciones, se ha lanzado por los caminos antagónicos del artepurismo y del taquillazo. Exquisitez apartada e infecunda en uno, vulgaridad y concesión repelentes en otro. ¿Cuál debe ser el camino medio (y fundamental) del llamado Séptimo Arte?
—El cinematógrafo es la forma de la épica actual. Sus infinitas posibilidades, su abundancia de medios, su lenguaje directo y universalista, así lo exigen.
—¿Han sido utilizadas debidamente estas posibilidades?
—Por desgracias, no. No es que yo exija de cada film una acabada perfección. Un film puede emocionar, dar placer, simplemente entretener, si su meta se logra, el film me satisface. Pero más allá de la belleza estética y del “divertimento”, hay una posibilidad suprema del cine: el cine uniformizante de ideas, el cine como valor activo del acercamiento, de conocimientos mutuos, el cine transmisor de pensamientos y verdades religadoras entre los pueblos.
—No se ha querido otorgar la importancia que tiene el director. El director es el verdadero impulso creador de la obra cinesca. Por eso, mientras se subraye la importancia del “astro” virtuoso y se minimice al director, el cine cargará con una pesada carga de “diletantismo”.Ejemplo magistral es el “Goupi Mains Rouges” de los franceses, en que el astroaislado y momificante no es Ledoux, ni Levigain, sino una familia y una sociedad elevadas a protagonistas por la dirección creativa. Los grandes pasos en la ruta del Séptimo Arte los han dado siempre los directores en su calidad de elementos creadores”, Griffith, Eisenstein, Lang, Chaplin, Olivier, en nuestro solar, Fernández, Bracho, Galindo, Urueta.
—El cine es un arte nuevo, y esa es su atracción y su aventura. Arte transitorio por la multitud de requerimientos psicológicos de que participa. Arte, en fin, fugaz y anidado muchas veces en la nostalgia y la evocación, porque ha sabido presentar realidades emocionantemente.
El problema del cine mexicano:
—Uno fundamental: la temática. Más y mejores temas, una búsqueda constante de valores —que el argumentista cinematográfico es un “metiér” muy especial y distinto de sus hermanos el literato y el dramaturgo. Naturalidad en los diálogos, un buen almácigo de actores teatrales y siempre, más y mejores temas.
La riqueza del México anecdótico, la exposición de sus problemas actuales, la simple obra de fantasía ¡qué olvidadas estás por los argumentistas cinematográficos! ¡Y qué olvidado, también el señorío y la calidad del castellano que se habla en México ¿por qué trocarlo por el argot populachero, vulgar y sofocante que viene imperando en las películas mexicanas? Muy bien ese “siang” mexicano en “Campeón sin corona”, donde llenaba una misión. Muy mal como solución a todos los temas, a todas las risas y a todos los ambientes. Si el cine en México un día se dignificó con un “Distinto Amanecer”, unas “Divorciadas”, un “Crepúsculo”, con comedias que aspiraban a la originalidad y a la finura (“Internado para Señoritas”, “No Basta ser Charro”, “El Globo de Cantoya”, etc.), ¿por qué tuvo que recaer en la astracanada, en los Romeo y Julieta rurales en el melodrama ratonero, en el patrón-campesina ingenua-caporal? Si al recobrar sus ímpetus los cines americanos y europeos, México hubiera persistido en su campaña de superación, si no hubiera “Cortado p’al rancho” y “Hecho la Mocha” en la búsqueda cobarde de los temas viejos y seguros, ¡otro gallo nos cantara! y no presenciaríamos el triste espectáculo de un Indio Fernández quemándose año tras año en una lucha solitaria por sostener la calidad internacional de la cinematografía mexicana. ¿Qué tienen, preguntan los públicos europeos y sudamericanos, aparte del Indio, las nubes de Figueroa y la pareja Del Río-Armendáriz? Tenemos algo muy grande: la nada.
Pero me he dejado llevar por la elocuencia, y don Alfonso Reyes se ríe un poco de mi actitud vehemente, al través de sus ojos pequeños y danzarines como dos monedas brillantes asomando por las rendijas de una alcancía llena.
—Sí, México debe comprender el valor nacionalista del cine, embajador de embajadores. El cine yanqui nos ha yanquizado un poco a todos, como en su época primitiva nos “italianizó”, en un sentido muy especial la década de Francesca Bertini y Tulio Carminati.
Don Alfonso, que ha gastado muchas butacas en muchas lenguas y en muchos años, fabrica recuerdos:
—Allá en los albores del cine, yo fui uno de los primeros en empuñar la pluma para recoger la crítica a un arte sin tradición. Me carteaba con otro crítico, lejano, en Minneapolis. Nos sentíamos iniciadores y aventureros en este campo virgen. Fué en “El Imparcial” de Madrid donde comencé a escribir crítica de cine; algo de ella he transcrito a mis “Simpatías y Diferencias”.
Cuatro paredes y dos pisos saturados de volúmenes nos rodean. Se respiran amigos en la casa de Alfonso Reyes cada libro es un camarada de mano abierta, esperando que lo saludemos.
—¿Que hay mercantilismo en la crítica de cine? ¡Como lo hay en todo arte, y más si ese arte es una gigantesca industria! ¡Como hay mercaderes de la literatura y de la pintura!
La crítica, lazarillo de un tuerto.
Y don Alfonso Reyes pasa a otro tema, sonriente.
Los invito a seguir sonriendo de la mano del inagotable y travieso Alfonso Reyes.
RUTA: Adolfo Castañón/Alfonso Reyes/Alfonso Reyes entre las Obras completas. 30 de octubre de 2019/1ª. versión: 1-X-2019. Verónica/2ª versión: 2-XI-2019. Verónica./3ª versión: 9-X-2019. Vero./4ª ver. Cristina 1-11-19.
[7] Carlos Fuentes, “Alfonso Reyes, un espectador de calidad habla de cine”, Hoy 675 (28 de enero de 1950): 45.
