Entrevista a Claudia Adeath y Regnar Kristensen, autores
Hacia el año de 1961, el antropólogo norteamericano Oscar Lewis publicó, en su idioma, un ensayo sobre una familia mexicana. Se trataba de Los hijos de Sánchez, un estudio presentado en forma narrativa en el que Lewis capturó diferentes ángulos de la vida de la familia Sánchez, radicada en la colonia Morelos de la Ciudad de México. Exponiendo las condiciones de marginalidad y violencia a las que se enfrentaban las clases populares, la obra rápidamente se vio envuelta en una polémica de censura que protagonizaron el gobierno mexicano y Arnaldo Orfila, entonces director del Fondo de Cultura Económica, sello que amparó la edición nacional.
Posteriormente, Los hijos de Sánchez fue adaptada a la pantalla grande con un elenco estelar que incluía a Anthony Quinn y Dolores del Rio, pero que fue realizada con tan mediocre visión que no trascendió más allá de su ciclo de estreno. Y aunque el trabajo de Oscar Lewis se volvió una referencia en el ámbito de las ciencias sociales mexicanas, lo cierto es que paulatinamente comenzó a empolvarse en cuanto a nuevas interpretaciones y dinámicas tanto en la academia, como con los lectores. Por ello resulta trascendente la labor que han realizado Claudia Adeath y Regnar Kristensen, autores de Los hijos de Gregoria: Relato de una familia mexicana, un libro que bajo el sello de Grijalbo retoma el método de la experiencia personal y estrecha de los investigadores con las personas en situaciones de pobreza y violencia en la capital mexicana, más de medio siglo después de Oscar Lewis.
“Los hijos de Gregoria es una obra que nos llevó varios años concretar, en la cual condensamos una serie de entrevistas, de conversaciones, con los miembros de una familia residente en la colonia Esperanza de la Ciudad de México. Si bien, no estamos de acuerdo en muchas de las teorías que Lewis desarrolló en Los hijos de Sánchez, reconocemos que la manera de abordar el tema de la pobreza, escuchando de viva voz las historias de los personajes y rompiendo el acartonamiento de los formatos académicos, presentándolas en forma narrativa, es excepcional para acercarse a muchas problemáticas interesantes”.
Los autores señalan que aunque al principio la familia se mostró un poco recelosa por sus intenciones, poco a poco lograron integrarse a diferentes actividades, dialogar con confianza y conocerse de una manera entrañable, pudiendo llegar a conocer diferentes aspectos de su vida cotidiana.
“Un momento capital para nuestro trabajo fue cuando acompañamos a la familia a una peregrinación al santuario de Chalma. Durante el trayecto pudimos conversar ampliamente con Gregoria y comenzar a conocer las circunstancias a las que se enfrentan las personas en escenarios socialmente adversos y prácticamente toda su vida, lo cual puede considerarse trágico, pero ellos logran visualizarlo con mucho sentido del humor. En ese viaje, pudimos conocer la exaltación de la religiosidad católica de la familia, aunque mezclada con otras creencias como el culto a la Santa Muerte. De la misma manera, la solemnidad que representaba ese peregrinaje confluía con los desmanes que un grupo iba realizando durante el camino. Pudimos captar cosas que parecieran contradictorias, pero que nos dan un panorama amplio, sin sesgos, de sus costumbres y su significado”.
Pero el adentrase en la existencia de los seres humanos conlleva también una inmersión en los problemas que debe sortear, sean en el ámbito personal o el social, dificultados adicionalmente por vicios como la corrupción y la violencia.
“En algunos capítulos del libro son muy visibles las problemáticas que enfrenta la familia en cuanto al contexto que les rodea. Por ejemplo, uno de los hijos de Gregoria se encuentra preso y ella tiene que entrar en el mundo de la corrupción penitenciaria donde debe pagarse absolutamente por todo y se vive un desgaste brutal. En un momento distinto, otro de sus hijos debió de huir de su hogar por estar involucrado en un conflicto entre las pandillas de las zonas y vale decir que muchas de estas luchas entre grupos son bastantes veces producto más de querellas personales que de algún asunto relacionado con actividades delictivas”.
Finalmente, los autores reconocen lo enriquecedora que fue la experiencia de crear Los hijos de Gregoria: Relato de una familia mexicana.
“El trabajo que culmina en esta publicación fue muy satisfactorio para ambos porque tuvimos la oportunidad conocer de manera cercana a personas que valoramos muchísimo, de poder establecer un marco comparativo entre lo que Lewis observó y lo que ocurre ahora con familias en situaciones marginales, pero, especialmente, de poder volver a darles voz a sus integrantes y que sus historias sean conocidas por todos los lectores. Este libro puede ayudar a abrir muchos ojos hacía muchos escenarios, pero también puede enfocarnos en algo que hemos perdido a lo largo del tiempo: escuchar“.

