Por el interés nacional

Serán doce años desde que la ineptitud devino en desgobierno y éste en destrucción de las instituciones, la eterna corrupción se disparó. ¿Hubo dolo? Resulta inútil buscar respuesta. Baste saber que hay graves infracciones éticas, políticas, administrativas y penales que generan efectos verdaderamente destructivos inconmensurables, imposibles de dimensionar en su profundidad.

Hubo una fortísima expansión de la corrupción en todas sus manifestaciones, no sólo la monetaria. Ante la incompetencia, mil descontrolados leviatanes surgieron con distintas formas en cada rincón. No se ha salvado nada, la corrosión es general y progresiva.

El asalto a las arcas públicas está a la vista de todos. Millones de dólares volaron de las cajas de Toluca.

Montiel el ex gobernador salió totalmente librado por la influencia de su sobrino Enrique Peña Nieto sobre su dócil congreso. Otros gobernadores como Ulises Ruíz, Mario Marín, Sergio Estrada Cajigal o Marco Antonio Adame y faltaría papel para enlistarlos son de cualquier partido, la corrupción no tiene filiación. Algunos llevaron su corrupción no sólo a la parte monetaria sino a su comprobada vinculación con el crimen organizado. Pasarán a la historia, no sólo por lo que se llevaron sino por la impunidad que se les toleró.

Eso sería un apunte de la corrupción oficial. La privada es igual o peor. Se manifiesta principalmente en la evasión de impuestos, algunos pactados con el gobierno de distintas maneras y con distintos  nombres, otros validos de argucias fiscales, de precios, calidades y cantidades.

El contrabando ha proliferado de manera brutal. Ha cambiado la materia. Los electrodomésticos, alcoholes, tabacos y prendas de vestir y textiles eran lo máximo, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte  modificó esas especies. Sin ser desplazados del todo hoy están por lo menos igualados por productos como calzado, ropa barata, videos ya sean películas o juegos, música, etc.

México ocupa el segundo lugar a nivel mundial en prácticas de soborno tanto de políticos como de funcionarios públicos de niveles inferiores para “acelerar las cosas”, así como en el uso de relaciones personales o familiares para obtener contratos públicos; el primer sitio lo tiene Rusia. Ese país, México, la India y China son los que más participan en estas prácticas. Ahí, el 38 por ciento de los encuestados ha señalado que las empresas de México son propensas a recurrir a las relaciones personales y familiares para conseguir contratos públicos, con lo que ésta representa la práctica de corrupción más frecuente. Las empresas mexicanas participan en el soborno de políticos de alto nivel, partidos políticos o funcionarios de niveles inferiores.

Pero si todo sucediera por dinero o sus derivados, fuera. Pero no la corrupción además del daño patrimonial a individuos e instituciones tiene un efecto nacional que es empinar al país por el tobogán de la degradación. Hoy México no está sólo corrompido, está en plena corrosión y rumbo al no retorno. Siempre ha habido corrupción, pero ha habido grados y formas. En estos diez años de panismo la cosa sencillamente explotó. Y además de la voracidad frente a las arcas abiertas ha habido otro factor que no se debe menospreciar: Ante la falta de experiencia y habilidades políticas se optó por comprar conciencias, complicidades y encubrimientos.

¿Qué, la compra de votos por Felipe Calderón a Elba Esther  Gordillo pagándole con el ISSSTE, la Lotería Nacional y la educación básica no es un acto punible de corrupción?  Fue clarísima corrupción el obsequio de Santiago Creel a Televisa de concesiones para casinos, justo días antes de salir de Gobernación. Lo es tanto como los congresos acallados con embutes y privilegios. Tanto como algunas auditorias superiores estatales que sencillamente no encuentran fallas en las cuentas públicas a cambio de igualas. Si se quiere un permiso  para abrir un negocio, un cambio de uso del suelo para una construcción civil y ¡asústese!, hasta para derribar un árbol convertido oficialmente en amenaza pública habrá que aceitar al funcionario.

Pero déjeme provocar un azoro  mayor: ciertas policías están vendiendo ¡¡sus frecuencias de radio!! ¿A quién y para qué? Sí, acertó. ¿Cuál será el remedio? Adivine, adivinador, porque en la baraja nacional no veo el as que necesitamos.

hienca@prodigy.net.mx