Patricia Gutiérrez-Otero

En la gran literatura hebrea, cuya excelsa obra es la Biblia, el pueblo israelita ganaba una de sus cuantiosas guerras mientras Moisés, su liberador y guía, mantenía los brazos levantados al cielo. Cuando el cansancio lo obligaba a bajarlos, su pueblo perdía. Dos grandes compañeros suyos decidieron sostener sus brazos en alto.

En la magnífica mitología griega, Sísifo, abusivo y hasta tramposo con la muerte, recibió como castigo la ceguera y el deber de subir una pesada roca hasta la cima de una montaña. Cada vez que estaba por lograrlo, la roca se desbarrancaba. Sísifo debía recomenzar el proceso interminable. Albert Camus, escritor y filósofo del siglo XX, retomó en un ensayo filosófico el tema de Sísifo como el gran absurdo. El ensayo de Camus inicia con una frase crucial “No hay sino un problema filosófico realmente serio: el suicidio”. Sísifo es el personaje total del absurdo. Al final del ensayo, Camus, un hombre vital, dice “hay que imaginar que Sísifo es feliz”. ¿Por qué feliz? Porque a pesar de ser ciego, estar en la altura de la montaña le permite gozar de los paisajes que no puede ver.

La vida es así. No somos sin los otros. En este momento de su historia, Javier Sicilia aceptó, aconsejado por sus amigos, no retraerse en su dolor y salir al mundo por su hijo y por las tantas otras víctimas que no tienen voz. Javier aceptó elevar los brazos. Sus amigos, sostenerlo. Moisés murió sin entrar en la Tierra Prometida. Sólo pudo verla desde lejos. Hizo lo que tenía que hacer. Fue apoyado por sus más cercanos.

¿Es absurdo e inútil insistir en la Paz, la Justicia y la Dignidad? Sin una gran fe en la vida y en el ser humano, y lo que lo sostiene, sí. Pero la grandeza del ser humano es intentar una y otra vez. Sísifo sube múltiples veces una gran roca que se despeña. Camus lo imagina feliz porque en su ceguera ve la belleza. La vida puede ser absurda, pero lo sería aún más si no se creyera que el ser humano puede llegar a la cima, tratando y tratando y gozando lo logrado. Reintentando.

Apoyo de todos, sobre todo de los más allegados a Javier, para mantener vivo el deseo de luchar por un mundo mejor dónde no haya más víctimas y que se reconozcan a las actuales. Gracias Pietro, Rebolledo, Rocato, Roberto… Gracias chavos y chavas del SERPAJ, gracias periodistas e investigadores valientes y honestos: Aristegui, Granados Chapa, Puig, Fazio, Scherer, y muchos más. Todos sostienen los cansados brazos de Javier Sicilia y todos siguen creyendo en que hay que seguir subiendo la roca…

Además, opinamos que todo está que se lo lleva la mierda, pero que no podemos dejar de actuar. Por eso, exigimos que se respeten los acuerdos de San Andrés, que se detengan las mineras y, en particular, la que afecta a Wirikuta (lugar sagrado de los huicholes), que se abandone o revise el TLC, que nos unamos más con los países de América del Sur, que se averigüen los casos de corrupción ligados con el narco, que se investigue, incrimine y restituya el lavado de dinero, que recuperemos el campo mexicano a pequeña escala…