Reacomodando mis viejos libros de cine, encontré escondidos, entre uno de ellos (Cine Italiano de Mario Gromo, Colección Estudios Cinematográfico No. 3, Ediciones Losange, Buenos Aires, Argentina, 1955), 3  películas de Pupi Avati, en 3 DVDs, que daba por perdidos: La casa dalle finestre che ridono, Zeder e Il coure altrove.

El libro es un resumen histórico del cine italiano, dividido en tres partes: El cine mudo (1903-1934), El cine durante el régimen fascista (1935-1942) y El nuevo cine (1943). La tercera parte da cuenta, en 8 apartados, de El nuevo cine italiano, mejor conocido como “neorrealismo”. Se mencionan nombres de realizadores, tan conocidos y no tan conocidos por los historiadores del cine y público enterado, como Roberto Rosellini, Vittorio De Sica, Luchino Visconti, Alessandro Blasetti, Augusto Genina, Mario Camerini, Pietro Germi, Alberto Lattuada, Renato Castellani, Giuseppe De Santis, Mario Soldati, Luigi Zampa, Luciano Emmer, Michelangelo Antonioni, Carlo Lizzani, Aldo Vergano, Claudio Gora, Eduardo De Filippo, Federico Fellini, Luigi Comencini y Antonio Pietrangeli.

La novedad fue encontrar las tres películas mencionadas de Pupi Avati y, en tiempos de pandemias, epidemias, quédate en casa, no salgas, en tiempos de Cinetecas y Salas de Cine cerradas, pues a verlas. No habiendo a la mano, ni en las enciclopedias del cine, ni en las revistas recientes sobre el cine italiano, datos sobre Pupi Avati, un realizador desconocido viviente, pues a buscar en internet y en Wikipedia, para encontrar información. Hago entrega de mis cortos comentarios sobre las tres películas mencionadas, señalando que ni en el libro El cine Italiano de Pierre Leprohone (Ediciones Era, México, 1971, primera edición en francés, 1966), ni en el libro “Cine Italiano” de José de Colina (Cuadernos de Cine / 3, Dirección General de Difusión Cultural, UNAM, 1962), un excelente ensayo dedicado a Francisco Pina, en el que en cuatro apartados (La orgía romana, La larga noche, El resurgimiento y Otras voces, otros ámbito, incluidas una Bibliografía y una Filmografía), donde aparecen los realizadores Mario Bava, Mauro Bolognini, Vitorio Cottafavi, Ricardo Freda, Carmine Gallone, Emilio Ghione, Enrico Guazzoni, Febo Mari, Nino Martoglio, Francesco Maselli, Mario Monicelli, Giovanni Pastrone, Gustavo Serena, Vittorio De Seta y Florestano Vancini, no se le menciona, porque Pupi Avati comenzó su carrera de realizador con Balsamus l’uomo di Satana (1970) y la concluyó con Il papa di Giovanna (2008).

Pupi Avati es un músico de jazz (clarinete), escritor, guionista, realizador y productor de cine italiano ya retirado, casi completamente desconocido en México. Hay 34 películas en su filmografía y el cortometraje “Sposi” (primer episodio de Sposi, 1987), un trabajo para la televisión (È proibito ballare, 1989) y una miniserie (Voci notturne, 1995).

La casa de las ventanas que ríen (La casa dalle finestre che ridono, Italia, 1976), con Lino Capolicchio, Francesca Marciano, Gianni Cavina…

Imágenes de ubicación, fuera del relato: La Italia, la región Emilia-Romagna, la llanura del Po, la ciudad de Ferrara, un lugar al sureste de la ciudad. Único dato: Pupi se inició en la música, antes que en el cine. Sin faltarle su buena dosis de erotismo (la maestra ninfómana y la sensual Francesca Marciano), acentuada por la música ad hoc, las imágenes del relato inician con una alucinante secuencia, acompañada por una voz fuera de cuadro, que marca la pauta hacia el misterio y el miedo. El relato cinematográfico llega a extremos de impredecible locura, al transformar el límpido ambiente de la campiña romagna en una desolada pesadilla. La casa de las ventanas que ríen es una película de horror con interesantes hallazgos formales, en lo relativo al uso de la luz y los silencios dialogales. Fuera de la sinopsis e interpretaciones racionales, hay que dejarse llevar por la puesta en escena, poblada por extraños personajes, y por una casa con ventanas que ríen, nota de humor dentro del escalofriante relato, donde habitaba un artista mórbido, al que le rinden pleitesía maniaca y perversa sus enloquecidas hermanas. Película de culto que, siendo subversiva respecto a las reglas del género, contiene un significante final con horrífico significado.

Se dice que pertenece al género giallo (amarillo), aunque no en el cien por cien de su pureza, en el que el suspenso y el horror contienen elementos de misterio e investigaciones detectivescas, al narrar extraños sucesos que transcurren en la vida de un artista al que se le encomienda la restauración de un fresco en una pequeña iglesia, obra de un maníaco que acabó suicidándose. Sin abundar en la sinopsis, a medida que avanza la restauración del cuadro, comienzan a sucederse misteriosas muertes en el pueblo.

Zeder (Zeder, Italia, 1983), con Gabriele Lavia, Anne Canovas…

Una posición personal, fuera del relato: A diferencia de Martin Santomé, personaje de la novela La tregua de Mario Benedetti, quien comenta, al ver la película Senso de Luchino Visconti: … Alida Valli sufre tanto con el imbécil de Farley Granger…, siento deleite frente al misterio, goce frente a lo inesperado; son sensaciones que soporto con placer. Único dato: El guion fue escrito por los hermanos Avati y Mauricio Costanzo. El refinado gusto para expresar la belleza de la campiña y las ciudades (Bolonia y Rimini) de la región Emilia-Romagna, permite a Pupi manifestar su capacidad para causar escalofríos ante la evidencia científica de lo sobrenatural. Convincente incursión al tema de la probabilidad del retorno de los muertos. ¡Qué extraordinaria película de género! Por otra parte, el erotismo no ceja.

El otro lado del amor (Il cuore altrove, Italia, 2003), con Neri Marcoré, Vanessa Incontrada, Giancarlo Giannini…

En principio, unas imágenes fuera del relato: La Italia, la región Emilia-Romagna, la llanura del río Po, la provincia Bolognesa, el río Reno y, finalmente, la ciudad de Bolonia. Único dato: Giuseppe Avati, más conocido por Pupi Avati, nació el 3 de noviembre de 1938, en la campiña mediterránea, Bolonia, Emilia-Romagna. A continuación, imágenes del relato: Vistas de Bolonia, en la época del cine silente. La narración fílmica comunica, previa información, sobre donde sucederá la ficción dramática que tendrá el tono de comedia triste. Parte de la ciudad es reflejada en imágenes artísticas, bien montadas, al grado de que son únicas e irrepetibles, en cuanto a su significación estética. Podrían usarse para otros fines, pero, “aquí y ahora”, bastan por sí mismas, para el propósito concreto. Y arranca la acción, sobre la ingenuidad en la iniciación amorosa. El otro lado del amor es una película romántica, provista, a momentos, de singular erotismo, en la que el autor refleja caracteres humanos particulares y donde le hace un homenaje a Charles Chaplin.