En distintas ocasiones, me he referido al tema del PRI en el Distrito Federal. Jamás he sido optimista. Sin embargo, la ciudad capital, como el resto del país, pareciera estar fastidiada del PRD y del PAN. Extraña a los dinosaurios. Tienen la vaga idea que los golpes lo han cambiado y si regresa a Los Pinos no será el mismo partido autoritario que conocimos hasta 2000. Y no lo es porque somos nosotros, la ciudadanía, la que ha cambiado positivamente, somos más críticos y estamos mejor informados.

Pareciera que el PRI regresa a Los Pinos, que entre la incapacidad del PAN y la corrupción perredista, se abren las puertas nuevamente. Pero eso es a nivel federal, ¿y el Distrito Federal? Desde que Cárdenas triunfó espectacularmente, ha estado en manos perredistas, algunas delegaciones se han resistido: Benito Juárez y Miguel Hidalgo, por ejemplo. Pero llevamos ya más de diez años soportando las pillerías y trampas de un partido que con Cárdenas fue esperanzador, antes de caer en los más bajos niveles. Tlalpan, Xochimilco, Coyoacán e Iztapalapa son buenos ejemplos de cómo gobierna “la izquierda”. Al autoritarismo hay que añadir la corrupción la ignorancia y la demagogia.

En todos estos años, el PRI no se ha asomado a ver el panorama. Se mantiene oculto en alguna oficina, en espera de que la presa pase por allí. Esto es, que un golpe de fortuna les permita tener presencia en una ciudad donde no ha sido muy admirado que digamos. El milagro llegó. Nadie se lo explica (por eso es milagro), pero las encuestas indican que el PRI ha crecido mucho, su problema es la ausencia de líderes nuevos y talentosos. Hasta hoy estuvo en las peores manos y hasta hoy, gracias al efecto Enrique Peña Nieto, dicen los expertos, parece regresar de entre los muertos.

Esas mismas encuestas, todas serias, explican que si como candidata a jefe de gobierno capitalino va Beatriz Paredes, podrá triunfar. Pero esto nos da una idea de lo que estamos hablando: siguen siendo los mismos de siempre, los que han ocupado cargos en los gobiernos más autoritarios y más ineptos, los beneficiarios de un partido que disfrutó el poder por 70 años. Los aspirantes no son muchos. Pero hay que comenzar por el principio: ¿quién va a dirigirlo: Rosario Guerra, María de los Angeles Moreno, la propia Paredes o el aguerrido Cuauhtémoc Gutiérrez? A las tres anteriores las hemos visto en todos los filmes patrióticos. Una vez que se logren poner de acuerdo sobre quién dirigirá a un casi inexistente PRI-Distrito Federal, vendrá el siguiente paso: ¿quién va en pos de la jefatura de gobierno? Todo parece indicar que será Beatriz Paredes, por ahora muy discreta.

De ser así, comprobaremos que el nuevo PRI no existe, que es el partido que bien conocemos y que los únicos jóvenes, en el mejor de los casos, son Peña Nieto y Humberto Moreira.

De cualquier forma, sigue siendo un partido que toma las decisiones en la cúpula, jamás consulta a sus militantes, a la base. Si llegara a ganar en el Distrito Federal o al menos a conquistar algunas delegaciones, sería, en efecto, un milagro.

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