Sin el optimismo propio de quienes desearían que el pensamiento científico permeara en toda la población, ni con el pesimismo de quienes suponen que todos somos ignorantes; sino con el escepticismo y cautela con que se observa un fenómeno social, puede decirse que la pandemia ha permitido acercar un poco a la gente a la ciencia.
A pesar de los cientos o miles de “especialistas” recién graduados de la escuela Redes sociales, que emiten juicios y opiniones sobre cualquier área de las disciplinas científicas con lenguaje seudocientífico, algo va quedando del pensamiento y método científico en algunos sectores de la población.
Los mitos sobre la ciencia
Los conductores de programas de radio y televisión, sin conocimiento de causa, repiten información de dudosa procedencia, avalada únicamente por el típico “según los expertos…” o porque “lo dijo el Premio Nobel o el Premio Nacional de Ciencia”, sin tomar en cuenta que en la ciencia no importa la supuesta autoridad sino la seriedad y verificabilidad de los resultados.
Los ejemplos abundan, la semana pasada en un noticiario se anunciaba que por fin se tendría una vacuna rusa en septiembre, claro que se omitió que ha despertado dudas y descalificaciones porque no se llevaron a cabo ensayos clínicos con miles de voluntarios, lo que impide conocer cuáles pueden ser sus efectos secundarios y contraindicaciones.
Asimismo, no faltan quienes ante un artículo publicado en una revista no arbitrada (las arbitradas someten los artículos al dictamen de pares, es decir expertos de la misma disciplina) o un documento pre-print (texto que no ha sido revisado por pares ni preparado para su publicación) dan por hecho lo allí establecido, ya sea porque lo leyeron en un periódico o revista o porque se acudió a la fuente original, sin verificar su confiabilidad.
Por su parte, reporteros que se asoman por primera vez al mundo de los artículos científicos mal interpretan la información por desconocimiento o por la búsqueda de la noticia sensacionalista. Así, creen que un solo experimento hace verano, consideran que, si apareció en una revista o en un cable de una agencia noticiosa, se trata de algo comprobado; en el peor de los casos tergiversan una información, por ejemplo, una hipótesis de trabajo la consideran una verdad irrefutable, aunque los autores la planteen como el punto de partida de trabajos que la confirmarán o descartarán.
Quienes están expuestos a esta infodemia (“cantidad excesiva de información —en algunos casos correcta, en otros no— que dificulta que las personas encuentren fuentes confiables y orientación fidedigna” como la define la Organización Mundial de la Salud) pueden tener una idea distorsionada de la ciencia y su método. Así que su acercamiento al pensamiento científico no es del todo acertado.
El acercamiento a la ciencia
Pero no todo ha sido malo. Ahora muchas personas se han dado cuenta que la ciencia no tiene todas las respuestas ni que los científicos son infalibles. En estos meses se ha conocido cada vez más del virus SARS-CoV2 y su manera de producir la enfermedad; asimismo, han aumentado los conocimientos sobre la inmunología, las terapias y el comportamiento social, es probable que a niños y adolescentes se les haya despertado la vocación científica y, en cierta medida, una parte de la sociedad se haya asomado al método científico.
Claro, no ha faltado el razonamiento motivado o el sesgo político de los nuevos conocimientos. Pero lo importante es que se ha transmitido la idea de que el conocimiento científico no es inmutable, que todo debe ser verificable; que si una hipótesis o teoría deja de funcionar debe descartarse, como se hace con cualquier herramienta o utensilio de cocina defectuoso (si se disculpa la analogía).
También ha empezado a quedar clara la diferencia entre predicción y profecía, la primera es perfectible y se basa en leyes e informaciones específicas fidedignas, se dice: “disminuirá la epidemia siempre que…”. La profecía, en cambio, se cumple o no se cumple, no es perfectible.
Por esta razón, ahora también se sabe que es más confiable el doctor López Gatell porque supuestamente cae en contradicciones, cuando en realidad cambia sus planteamientos porque así se ha modificado la situación, y lo hace basado en evidencias científicas. Por el contrario, debe desconfiarse de aquellos que no cambian sus pareceres porque siguen empecinados en sus profecías catastrofistas.
@RenAnaya2
f/René Anaya Periodista Científico
