La irrupción del Covid-19 ha representado el mayor reto de adaptación que muchas generaciones hemos vivido. El aislamiento, la sana distancia, el semáforo y las medidas sanitarias son conceptos que llegaron abruptamente a nuestro día a día y parece que estarán presentes por un tiempo más.

La narrativa optimista del desarrollo de la vacuna es un faro que genera esperanzas, pero del que todavía parece que estamos lejos. El mundo no debe detenerse y siguiendo todas las medidas que sean necesarias para salvaguardar la vida y la salud de todos, debe continuar y cada rubro debe encontrar su forma de adaptarse a la nueva realidad.

El tema educativo se ha intentado resolver para cumplir con el compromiso de iniciar el ciclo escolar, pero la educación necesita una amplitud y profundidad que no se está discutiendo ni analizando con seriedad, y las propuestas y soluciones han sido incompletas e insuficientes.

La implementación de un modelo virtual dividido en televisión e internet dependiendo de la cobertura ha sido una respuesta viable pero no suficiente ya que hay un rezago tecnológico en muchas partes del país, donde no sólo no hay señal telefónica, sino que tampoco hay accesibilidad para televisión, o bien las personas no están familiarizadas con la utilización de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs) debido a la brecha y el analfabetismo digitales que se siguen arrastrando.

Hay más dudas que certezas sobre el nuevo modelo educativo virtual, sobre todo porque no se garantiza un adecuado seguimiento del aprendizaje de los alumnos y no se han contemplado aspectos tan básicos como el daño a la salud emocional de los niños que no están conviviendo con sus compañeros y que no tienen contacto con su maestro. No todas las niñas y niños tienen un padre o una madre capacitados para el acompañamiento educativo que requiere la formación digital, o el espacio para tomar clases de forma adecuada. Además, no existen todavía planes de estudio adecuados y diseñados específicamente para ser impartidos por la vía virtual.

Es cierto que era necesario adaptarse e innovar para poder dar respuestas ante la contingencia, pero es necesaria una adaptación eficiente y programada, no ocurrencias. Son muchos los problemas que aún falta resolver como que la obligación constitucional de impartir educación desde preescolar y no se está atendiendo, como que los maestros y los padres de familia no han sido capacitados y como que la nueva modalidad virtual exige un acompañamiento mucho más cercano de los padres y no todas las familias están en posibilidades de darlo ya sea porque ambos padres trabajan o porque son varios hijos.

Nadie desprecia el esfuerzo que se está llevando a cabo para poder iniciar el ciclo escolar, especialmente el de los padres de familia y de los estudiantes, pero todavía estamos lejos de tener un sistema adaptado a las nuevas necesidades.

Coordinador del Grupo Parlamentario del PAN en la Cámara de Diputados.

@JCRomeroHicks