Títulos El desconocido, en México, Raíces profundas, en España, El hombre de los valles perdidos, Francia (Shane, Estados Unidos, 1952) de Georges Stevens, con Alan Ladd, Van Heflin, Brandon de Wilde, Jean Arthur, Emile Meyer, Jack Palance, Ben Johnson, Elisha Cook Jr., Edgar Buchanan…

Un desconocido jinete baja de las montañas, al paso del caballo. Es un pistolero errante que va al Norte, los sabremos después. Llega a un valle perdido, lo cruza, teniendo como fondo las montañas lejanas. Se acerca a una granja. Es visto por un niño, quien juega a cazar venado. El encuentro entre el jinete con el niño, es el inicio de lo que quizá sea el fin de su jornada solitaria, en busca de raíces profundas. La música, bajo créditos, de Víctor Young, y la fotografía de Loyal Griggs, le dan a la secuencia inicial, una suerte de romanticismo irreal, como si el jinete hubiera llegado a la tierra prometida, un paraíso sin igual a otros, donde no había estado nunca, en del lejano Oeste. Pero, encontrará una realidad conflictiva.

Con un modelo de guión (A. B. Guthier Jr.), basado en la novela de Jack Schaefer, y diálogos adicionales (Jac Sher), y un estupendo montaje (William Hornbec y Tom McAdoo), Georges Stevens (18 de diciembre de 1904, Oakland, California-8 de marzo de 1975, Lancaster, California), conocido por ser un gran director de actores, realizó uno de los westerns más famosos, brillantes y bellos, de la historia del cine que, dentro de su asombrosa atmósfera cinematográfica, en technicolor, contiene una potente fuerza ideológica sobre la cuestión agraria y la propiedad privada de la Tierra, en el Imperio de la Ley del más Fuerte.

De todos los westerns que he visto en mi vida, Shane es mi favorito, lo que no quiere decir que sea el mejor western de la historia del cine. Para mí gusto, sí lo es y Amén. Considerada obra maestra del género, fue saludada, por la concisa crítica norteamericana así: “Former gunfighter comes in defense of homesteaders and is ideolized by their son. Clasic Western is splendid in every way (ex pistolero se convierte en defensor de unos colonos y es idolatrado por su hijo. Un western clásico que es espléndido en todos los sentidos).

Generalizando, hay claves en el género western. Ángel Fernández-Santos escribe sobre La Nostalgia, La Americanidad, El Pecado Original, El Desacuerdo, La Frontera (interna, añado, en cuanto a la delimitación de la propiedad). El Territorio Hostil, El Pistolero, El Rufián, La Caza del Hombre, El Predominio de la Forma y Una Mirada a la Historia. Sobre El Pecado Original apunta: “Infinidad de hombres atormentados transitan de un lado a otro del western, ocultando algo. En la vasta mitología del cine del Oeste, nos encontramos, con rara periodicidad, con sujetos que pasan, o que huyen, o que vagan sin rumbo, en busca de una oscura rehabilitación. Son gente hermética, sedienta de tranquilidad, austera, sombría, callada, cerrada a cal y canto, sobre un pasado del que jamás hablan…”

Particularizando, todas las claves en el género Western mencionadas por Ángel Fernández-Santos se conjugan en la película Shane de George Stevens y en El Pecado Original, aún más, en el personaje de Shane (interpretado por Alan Ladd); pero, más que eso, Shane tiene dos cualidades: una presencia extraterrenal, angelical, y una presencia terrenal, caballerosidad.

El tema principal de la película es la propiedad de la tierra, en la Norteamérica del siglo XIX. El Oeste en proceso de colonización. Se intuye el tema del desarrollo del capitalismo y la agricultura, en menor escala, contra el capitalismo y la ganadería extensiva, en gran escala, en los Estados Unidos de América. Una nación que se aprestaba a convertirse en vanguardia del capitalismo moderno y en la que el Oeste fue, en lo fundamental, una región de homesteaders (colonos), en la que se distribuían gratuitamente, o vendían a precios muy bajos, tierras no ocupadas u ocupadas, antes de darle forma legal a su ocupación. Lucha a muerte entre homesteaders (colonos, propietarios de parcelas de terrenos) contra landowners (terratenientes ambiciosos, propietarios de enormes extensiones de terrenos que, a costa de los terrenos parcelados, querían extenderlos más), farmers (agricultores) contra cattlers (ganaderos). Lucha de la sacrosanta pequeña propiedad contra la gran propiedad terrateniente, al margen de la muy lejana Ley, para imponer el orden, lucha en la que, idílica y románticamente, triunfa, momentáneamente, la sacrosanta pequeña propiedad, por la intervención temporal, a fuerza de sus puños y de su revólver, de un solitario héroe errabundo, del que nunca sabremos su pasado, menos su futuro.

Shane es una película de culto, ante la mirada del público y la crítica más exigente de todos los tiempos, aunque se diga que su realizador, muy apreciado por su trayectoria filmográfica, deja cierto residuo de insatisfacción, casi imperceptible en Shane. Lo que sea, George Stevens fue un realizador de gran altura. Véanse Alice Adams, 1933, con Katharine Hepburn, Annie Oakley, 1933, con Barbara Stanwyck, Swing Time, Estados Unidos, 1936, con Ginger Rogers y Fred Astaire, un estupendo musical, y Vivacious Lady, 1938, con Ginger Rogers y James Stewart, entre otras, en las que se comprueba que fue un hábil realizador de comedias. Véanse Gunga Din, 1939, con Cary Grant, Douglas Fairbanks Jr. y Victor McLaglen, para notar su maestría en la puesta en escena cinematográfica, pese al tema sobre el imperialismo inglés. Con Woman of the Year, 1942, con Katharine Hepburn y Spencer Tracy, acabó demostrando su capacidad para dirigir actores. A Place in the Sun, 1951, con Monthgomery Clift, Shelly Winters y Elizabeth Taylor, fue la mejor película que había salido de Hollywood, según Charles Chaplin, por su estilo visual. Something to Live For, 1952, con Ray Milland, Teresa Wrigh y Joan Fontaine, es, supuestamente, mejor que A Place in the Sun, por su intensidad dramática y realista. George Strevens tiene en su haber tres Westerns: el mencionado Annie Oakley, Shane y Giant, 1956. Sus últimas películas fueron: The Diary of Anne Frank, 1959, The Greatest Story Ever Told, 1965, una extraña e interesante versión sobre la vida de Jesucristo, y The Only Game in Town, 1970.

Volviendo a Shane, estoy de acuerdo, tiene pretensiones metafísicas, cuando el niño le grita, al momento que el héroe se aleja herido hacia las montañas, de donde había llegado, después del duelo final, del que sale victorioso, por el oportuno aviso del niño (“Cuidado Shane”): “Shane. Shane. ¡Vuelve!”, como si las montañas regresaran en eco expansivo y celestial el grito inútil, para impedir que el pistolero pueda integrarse al paraíso perdido. El justiciero, en su individualidad, adquiere dimensiones de mito, después de liarse a golpes, conjuntamente con el padre del niño, contra todos los lacayos del terrateniente, y contra el mismo padre para impedirle, de mala manera, que vaya al encuentro con sus enemigos.