Entre la teoría y la praxis

Salvador Abascal Carranza
(Segunda y última parte)

Las ideas tienen consecuencias. Ellas siempre inciden en la realidad; la transforman, por mediación de sus buenos o malos intérpretes, para mejorarla o para empeorarla. De ahí la extraordinaria  importancia que  para bien, y en ocasiones para mal, han tenido los pensadores, los filósofos, los científicos, a través de la historia.  Lenin y Stalin (y Mao, y Castro) tomaron como inspiración el pensamiento de Karl Marx y Federico Engels, y crearon  un imperio del terror para casi la mitad del mundo del siglo XX. Por su lado, Hitler confiesa su dedicación a las obras de Shopenhauer y Nietszche: “Leía mucho y concienzudamente en todas mis horas de descanso. Así pude en pocos años cimentar los fundamentos de una preparación intelectual de la que hoy mismo me sirvo” (Adolfo Hitler, Mi lucha). Estos son ejemplos evidentes de la maldad, del odio, de la destrucción y de la muerte que pueden generar algunas ideas.

En contraste, personajes como Konrad Adenauer en Alemania, Robert Schumann en Francia y Alcide de Gasperi en Italia, fueron los grandes reconstructores de sus respectivos países, inspirados en el humanismo cristiano. Ellos llevaron la paz a Europa y al mundo, lo que les valió el título de “padres de Europa”.

Por su parte en México, frente al autoritarismo antidemocrático del partido-gobierno, los fundadores de Acción Nacional, entre los que se encontraba destacadamente don Rafael Preciado Hernández, apostaron a la transformación del país mediante la democracia. Al igual que los autores europeos, y antes que ellos en el tiempo, se inspiraron en la filosofía del humanismo aristotélico-tomista y en la tradición judeo-cristiana. De manera especial, abrevaron de la Doctrina Social de la Iglesia.

Don Rafael influyó e influye hasta nuestros días a través de sus ideas, legado transformador de nuestra realidad. Su obra filosófico-jurídica sigue siendo referente obligado en muchas universidades. Como dato interesante, en mis correrías académicas por Sudamérica, me encontré que en las universidades jesuitas de Caracas (Universidad Andrés Bello) y de Bogotá (Universidad Javeriana), las obras del maestro Rafael Preciado: Lecciones de filosofía del derecho y Ensayos filosófico-jurídicos y políticos constituyen la bibliografía vertebral en las facultades de Ciencias Políticas y Sociales, y  en la de Derecho.

La trascendencia de la vida y obra de don Rafael, de quien la Fundación Preciado Hernández lleva honrosamente el nombre se debe, entre otras cosas, a que el maestro jalisciense no se conformó con “cimentar en pocos años su preparación intelectual”, sino que a ella  dedicó, como debe ser, todos los días de toda su vida. Él sabía muy bien, y así lo enseñaba, que la verdad es inagotable y que siempre se podrán conocer nuevas y fascinantes facetas de la misma. El compromiso con la verdad exige un gran respeto por la misma, porque  ella no se encuentra en los extremos: … “y ya lo decía Aristóteles, quien busca la verdad debe huir de los extremos y colocarse en el justo medio (RPH, Ideas fuerza, p. 30).

Empecé exponiendo algunas razones por las cuales he afirmado  que la filosofía, como la teología y otras disciplinas del saber humano no sirven, no son útiles. Al releer a Preciado Hernández, recordé lo que en mi defensa argüía frente a las juveniles insidias de mis amigos y que sigo explicando en la cátedra y conferencias de filosofía: “No cabe duda; el amor, la caridad, el patriotismo, la justicia, el heroísmo, la santidad, aun cuando no sean útiles, son valores superiores al de la utilidad” (RPH, Ideas fuerza, p. 28).

La política, para don Rafael, como para muchos genuinos intelectuales, se presentaba con ese doble aspecto, atrayente y apasionado, de la búsqueda de la verdad, por un lado, y de la misión transformadora de la realidad por el otro: “Las ideas son el fundamento, lo básico, pero no lo son todo […] La política es tan necesaria e indispensable en una sociedad, como es la existencia misma del Estado y el establecimiento y mantenimiento de un orden jurídico positivo” (RPH, Ideas fuerza, p. 112).