En una parte de Amor ciego — Conversación con Jean-Luc Godard (Blind Liebe — Gespräch mit Jean-Luc Godard, Alemania, 2001) de Alexander Kluge, Jean-Luc Godard exclama: “Vimos ‘Tartufo` de Molière, en ¡cine mudo!” Y continúa: “Nosotros, que somos franceses, conocimos el texto de Molière, y vimos una película alemana muda. Y no hizo diferencia.” Quiero suponer que aquellos jóvenes cinéfilos, al principio, veían películas sin espíritu crítico, si nos atenemos a que, vuelvo a citar a Jean-Luc Godard, “cuando en aquel entonces, descubrimos el cine en la cinemateca, no hicimos ninguna diferencia entre los primitivos y las últimas películas. Vimos una película de Murnau o de Griffith y salíamos después a la calle. No notamos ninguna diferencia. Hoy en día, un adolescente nota una diferencia. Incluso un cineasta joven. En cambio, nosotros no vimos ninguna diferencia… No hacíamos diferencia entre una película muda o sonora. No es más que una diferencia técnica”.
Por supuesto que sí hay diferencia, entre el texto de Molière, una comedia escrita para teatro, y Tartufo o el hipócrita (Herr Tartüfo, Alemania, 1926) de Friedrich Wilhelm Murnau, adaptación insólita para el cine del texto y de la que se dice que, no me acuerdo donde lo leí (alguna Historia del Cine), no abrió nuevos campos ni en contenido ni en estilo, aunque es un film dentro de otro film, considerándosele sólo como una película recordable.
Nunca había leído el texto de la comedia de Molière, ni visto la película silente de Friedrich Wilhelm Murnau. Tuve que leer el texto y ver la película, para escribir el presente comentario. Respecto a un texto, no tan reciente, de la comedia (Molière, COMEDIAS, Colección Sepan Cuantos, Núm. 144, Editorial Porrúa, México, 1982), previa lista de personajes, destacando el de Tartufo (falso devoto), y la aclaración de que la acción ocurre en París, formalmente, se divide en cinco actos, cada uno con sus respectivas escenas, cinco del primero, cuatro del segundo, siete del tercero, ocho del cuarto, y siete del quinto, que no nos dice nada del tema, que sería: Las apariencias engañan y la falsedad con que se conducen ciertos personajes de la vida real. Pienso en algunos políticos populistas, incluyendo uno, cuyo nombre no quiero mencionar, dejándoles intuir de quien se trata.
De Jean-Baptiste Poquelin, más conocido como Molière (1622-1673), se habla mucho y poco se sabe de él, aparte de que se le conoce como uno de los mejores escritores de la lengua francesa y de la literatura universal, aparte de ser el padre de la Comédie Française. Son famosas sus comedias, la mencionada Tartufo, quizá la más representada, El burgués gentilhombre, El misántropo, El enfermo imaginario, que vienen en el libro citado, etc.
En 1664, terminó de escribir Tartuffe, obra que denuncia la hipocresía religiosa. En la puesta en escena, de la época, el personaje aparecía vestido de cura y con cilicio. Leo que provocó tal escándalo entre los beatos que el rey (Luis XIV) prohibió durante cinco años la obra, lo que no impidió que Molière montara algunas representaciones privadas, reescribiendo la obra dos veces, para capotear las embestidas, por lo que la pieza cuenta con abundante subtexto o matiz [contenido de una obra que no se anuncia de manera expresa por los personajes (o por el autor), pero viene implícito o se convierte en algo comprensible para el observador a través del desarrollo de la misma]. Los pensamientos y motivaciones de los personajes se muestran en parte. Tartuffe es una Comedia de carácter, con típicos personajes, como el hipócrita (en el presente caso), descubriéndose sus planes y final feliz.
En la filmografía (21 películas) de Friedrich Wilhelm Murnau (28 de diciembre de 1888, Bielefeld, Wesfalia, Alemania-11 de marzo de 1931, Santa Barbara California, Estados Unidos), considerado el más grande realizador que han tenido los alemanes hasta la fecha, aparece Herr Tartüfo como la película número 16. Vale la pena volver a constatar, para consignar un análisis más amplio de la película, lo dicho un poco más atrás, en el sentido de que no abrió nuevos campos ni en contenido ni en estilo, a menos que se manifieste que fue innovadora la idea y su puesta en escena cinematográfica de haber adaptado la comedia de Molière como un film dentro de otro film, por ello su catalogación de película recordable, dentro de la lista de obras notables de la Historia del Cine.
A mi parecer, partiendo de la original adaptación para el cine, de la comedia de Molière, escrita por Carl Mayer, con continuidad (etapa del guion que precede al guion técnico, este a cargo del realizador) impecable, en la que se suprimen diez de los trece personajes del texto de Molière, reduciéndolos a cuatro (Orgon, su mujer Elmira, la sirvienta de Elmira y Tartufo, con el apoyo de la cámara de Karl Freund, uno de los más grandes “directores de luces” del cine mundial, y, por supuesto, de la formidable actuación de Emil Jannings, en el papel, que ni mandado a hacer, de Tartufo, Friedrich Wilhelm Murnau (en realidad se apellidaba Plumpe), recrea libremente, al incluir dentro de la historia que da inicio a la película (una anciana y despreciable sirvienta ambiciosa que cuida a un más viejo anciano enfermo que corre a su nieto que lo va a visitar, quedando en manos de ella, a la que va a heredar, mientras que la ambiciosa lo envenena poco a poco) otra historia, la historia del no gracioso, sino grotesco (siempre leyendo un libro de oraciones, pegado a los ojos), patético y libidinoso, también ambicioso y despreciable santurrón hipócrita, llamado Tartufo, que sin ningún escrúpulo quiere apoderarse de los bienes de un inocente y gentil hombre, que lo considera un santo, que se topa con su esposa enamorada de que lo desenmascara, fingiendo que algo pecaminoso quiere con él. Se ha escrito por ahí que Emil Jannings, en ese papel, llega casi a lo genial, pasando de una actitud piadosa a la altanería, hasta transformarse en un libertino sarcástico y borracho, muy divertido. Grotesco diría yo.
La historia-película sobre Tartufo es proyectada, dentro de la casa del anciano, por el nieto que se disfraza de exhibidor ambulante, para entrar a la casa, perturbando a la sirvienta y descubriendo sus malas artes, corriéndola y salvando a su abuelo. Al salir de la casa, la mala mujer es seguida por varios niños, gritándole a coro: Tartufo, Tartufo, Tartufo, última secuencia de la película y, sin duda, la única realmente graciosa.
Cabe apuntar algo más sobre Friedrich Wilhelm Murnau. Es responsable de la realización de auténticas obras maestras de la Historia del Cine, tales como Nosfertu (Nosferatu: eine Symphonie des Grauens, Alemania, 1922), El último (Der Letzte Mann, Alemania, 1924), Fausto (Faust, Alemania, 1926), Amanecer (Sunrise, Estados Unidos, 1927) y Tabú (Tabu, Estados Unidos, 1931) que merecen comentario aparte, cada una de ellas, ni más ni menos.
Habría que mencionar El pan nuestro de cada día (City Girl, Estados Unidos, 1930). Una verdadera joya. Otro poema de amor (muy diferente a Amanecer, que también es un poema de amor) que surge inesperado, fortuito, en un Café de una gran ciudad (Chicago) y que contiene escenas bucólicas de gran belleza, como aquella en la que el viento mece los sembradíos de trigo, invitando al romance, en medio de inevitables conflictos y pasiones humanas. De Los cuatro diablos (Four Devils, Estados Unidos, 1928) no tengo la menor idea, más que es un drama circense de escasas pretensiones. Habría que verla y opinar.
