Por Herlinda Carrillo Alquicira
Hacer lo correcto es una acción que ha preocupado durante siglos a los seres humanos, sistemas de pensamientos religiosos, filosóficos, éticos, estéticos se han desarrollado a partir de esta necesidad y dependiendo de los momentos históricos tanto en occidente como en oriente se han privilegiado ciertas premisas. Lo correcto se ha integrado a lo verdadero y lo verdadero a lo correcto, tratándose de una diada indisoluble. Sin embargo, la praxis cultural, política y científica en varias ocasiones ha indicado que no es necesariamente inseparable ésta diada. Y existen muchos ejemplos acerca de cómo lo verdadero no siempre ha sido lo correcto y de cómo lo correcto no necesariamente conduce a la verdad.
Sin entrar en definiciones exhaustivas o en la relatividad que todo discurso no científico tiene —que no es el objeto de ésta reflexión—, me interesa analizar la decisión de haber convertido a varios hospitales Federales y Estatales en instituciones dedicadas a la atención de la Pandemia por COVID19 y que en la conversión tuvieron que suspender la atención a los pacientes subsecuentes, ya sea derivándolos a otros lugares, “difiriéndolos” (posponiéndolos), o atendiendo únicamente urgencias y complicaciones de procesos anteriores a la conversión.
La dimensión mundial de la pandemia, más sus características de ser altamente contagiosa y generar pronósticos malos en poblaciones con varias comorbilidades, más las directrices de organismos internacionales que analizan datos y sustentan decisiones y recomendaciones de gran calado para los países, más la amenaza real de que las instituciones hospitalarias se vieran desbordadas por la demanda, son algunos de los sustentos para hacer lo “correcto” y la conversión fue sostenida por estos argumentos visibles y válidos.
Pero es necesario no perder de vista los múltiples contextos que forman la realidad, parte de encontrar la verdad es poder acercarnos a sus diferentes contextos o escenarios. Ni la verdad, ni lo correcto puede emanar de una sola interpretación de la realidad, la realidad es polisémica, admite varias interpretaciones porque tiene varios sentidos. Y en este contexto están los pacientes que fueron diferidos de los procesos a los cuales tenían que someterse por indicación médica; siendo necesarios para que pudieran restablecerse y continuar sus vidas. Fueron considerados secundarios a la prioridad de la pandemia, y a casi nueve meses de estas decisiones, el devenir de ellos, ellas, que no son pocos, tiene tintes de tragedia. No existen estadísticas suficientes al respecto del impacto de la “decisión correcta” de la conversión hospitalaria. Las estadísticas que por ahora son relevantes, es el número de fallecimientos por COVID19, el número de pacientes reestablecidos de COVID19, el censo de camas disponibles para atender recaídas o incidencias respiratorias estacionales, el número de respiradores y medicamentos disponibles, etc. No hay una aproximación similar al decurso de los padecimientos y sus desenlaces que venían atendiéndose antes de la “decisión correcta”.
A través de llamadas telefónicas de seguimiento psicológico a pacientes que esperaban la cirugía de bypass gástrico para resolver en parte su obesidad mórbida, después de haber estado preparándose durante 4 meses para recibir esta intervención; he podido asomarme a una sola ventana de la condición de abandono en la que están los pacientes que recibían atención por parte de un hospital que contenía las necesidades de una gran población ya vulnerable antes de la pandemia.
Debe haber más ventanas de pacientes que esperaban continuidad en el tratamiento de sus enfermedades no Covid-19 pero las decisiones correctas sin atender a la verdad de la realidad los volvieron invisibles y prescindibles. Es paradójico el resultado de la separación de la mancuerna verdadero-correcto en cuanto a las víctimas por COVID19 y la conversión hospitalaria. La conversión ha arrojado a la condición de super vulnerabilidad y fallecimiento a muchos pacientes que podrían haber afrontado con mejores posibilidades la Pandemia. Es daño colateral, dirían los Actuarios y Administradores.
Pero, ¿si se tratará de sus familiares, de sus seres queridos?, tal y como las campañas sociales insisten sobre la necesidad de ponernos el cubre bocas y usarlo correctamente, además de las otras medidas de protección: por amor, por respeto, por el futuro, por responsabilidad, no bajar la guardia etc… entonces me pregunto ¿cuáles son las personas que amparan las decisiones correctas? y ¿cuáles son las que la verdad no pudo amparar?
La autora es doctora en Psicología, adscrita a la Unidad Metabólica y Soporte Nutricional y es parte de la comunidad médica del Hospital Juárez de México.
