Gilberto Guevara Niebla, doctor en educación por la Universidad de Londres, es investigador de los problemas educativos en el país, conoce bien al sector ya que ha sido profesor de secundaria, de preparatoria, en grados superiores y, hasta hace un tiempo, fue subsecretario de educación.
Guevara Niebla, ha señalado en sus textos publicados en el diario La Crónica que la (buena) educación es el instrumento con mayor poder para combatir la pobreza y para construir una sociedad igualitaria.
Destaca en su texto titulado “La obsesión política” que en México, al parecer, no hay política educativa y que el triunfo electoral de AMLO se acompañó de la mal llamada reforma educativa (2013) y ”una vez que se consumó su demolición, el presidente (AMLO) se abstuvo de definir nuevos objetivos y nuevos cambios en educación”.
A un año del inicio de la pandemia, le pedimos al también escritor, nos contestara un cuestionario sobre los impactos producidos en la educación en el país, en donde señala que el presidente López Obrador solo se guía por la política y que nunca ha apostado por la educación.
A un año de la pandemia, ¿cuál es su evaluación sobre la educación en nuestro país, tomando en cuenta la falta de clases presenciales y sobre todo su impacto en los niños y jóvenes?
El daño que ha causado la pandemia es incalculable. Es la más extensa parálisis del sistema educativo que se recuerde. El saldo negativo, en término de educación, aprendizajes y formación social y moral de niños y jóvenes constituye una laguna que será muy difícil –quizá imposible— de llenar en el futuro. Lo que han hecho las autoridades durante la pandemia constituye un esfuerzo meritorio, pero nunca satisfactorio. El programa Aprende en Casa tiene un impacto limitado. El uso de tecnología digital también es muy restringido, aunque ha tenido más éxito en los niveles medio superior y superior. Para equipar a los salones de clase y a las familias con tablets o computadoras, se necesita hacer una inversión multimillonaria que, desde luego, el gobierno actual no hará.
Esta pandemia por su duración ha hecho más visibles los problemas, rezagos y desigualdades en la educación. ¿Como ha sido la capacidad de respuesta no solo del sistema de educación pública básica —la educación que se imparte vía digital— sino también en las comunidades rurales o de los promotores educativos en las comunidades indígenas?
Los cataclismos tienen la virtud, como usted dice, de arrojar mayor luz sobre las necesidades no satisfechas y los problemas de las sociedades. La pandemia también tiene ese efecto, aunque la conciencia de los rezagos y desigualdades de la educación existe en México desde muchos años. Lo que ocurre es que por décadas la educación no ha sido atendida, como es deseable, por el Estado. Para los políticos nunca ha sido prioridad. Por excepción, en el sexenio anterior las autoridades procedieron a realizar una reforma educativa que pretendía lavar los aprendizajes por el procedimiento de mejorar la formación de los docentes. El problema fue que se estipuló que la evaluación docente iba a ser el procedimiento para lograrlo. Eso desencadenó gran malestar entre el magisterio, malestar que fue dirigido hábilmente por la CNTE, la parte magisterial más cercana a AMLO.
Usted señaló en agosto pasado que la educación está pasando por una etapa de desprestigio y de poco aprecio de la educación y que la sociedad ha reaccionado muy debilmente ante los problemas del sector. Otros señalan que estamos ante una generación perdida en materia educativa. ¿Estaría de acuerdo?
El gobierno de AMLO sólo ha realizado una labor negativa en educación. Suprimió todos los elementos de la anterior reforma educativa, incluyendo al Instituto Nacional de Evaluación Educativa. Pero no ha emprendido ninguna otra reforma. Es verdad que la SEP habló de una Nueva Escuela Mexicana, pero nunca llegó a materializarse en un proyecto educativo de carácter innovador. Pero el problema principal es el dinero. El presidente ha exprimido al sector educativo para sacarle recursos que se destinarán a los proyectos prioritarios del presidente. Una gran parte del dinero educativo se ha desviado hacia los programas de becas Benito Juárez. Estimo que se trata de unos 80 mil millones de pesos.
¿Qué tiene que suceder para que haya una gran movilización social , como usted lo ha planteado, para llenar estos vacíos educativos, de parte del gobierno federal, estados y de la sociedad, cuando hay tanta división y polarizaciónde la que no es ajena la educación?
El presidente, AMLO, no tiene un concepto del desarrollo humano como palanca principal de la democracia, la prosperidad y la justicia social. Sus ideas educativas son muy rudimentarias. En realidad, nunca ha apostado por la educación. Él se guía sólo por la política. Sus programas de becas son programas clientelares que buscan, sobre todo, atraer votos y acrecentar la imagen personal del presidente. El único juego que juega es el del poder.
Hoy ya se ha planteado el retorno a clases en diferentes entidades, ¿cuál será el panorama que se encontrará, cuando también hay muchas escuelas privadas que quebraron y cerraron? ¿en qué condiciones debe ser ese regreso?
Ya tenemos datos. INEGI informa que 738 mil alumnos no concluyeron el año escolar 2020-2021. Dice, asimismo, que medio millón de alumnos de educación básica han desertado, lo cual es desastroso y muy lamentable. Infinidad de colegios privados han cerrado. Estamos ante una catástrofe manifiesta. El sistema educativo que emergerá de la pandemia será todavía más pobre y desigual que el sistema que existía antes de la pandemia. Esto es una tragedia nacional. Si los mexicanos –el gobierno, principalmente– tras la pandemia no nos empeñamos en un esfuerzo mayúsculo de reconstrucción educativa, el futuro de México será lamentable.
¿Cuál es la lección que deja la pandemia a los mexicanos?
La pandemia debió ser un argumento para unir al país en un esfuerzo colectivo, pero el presidente López Obrador se ha negado a hacerlo. Él, por el contrario, ha conservado un discurso de odio que, en vez de unirnos, nos divide. Pero más allá de la voluntad mezquina, politiquera, del presidente, existe una moral colectiva real, de compasión y solidaridad, en la población; esa moral nos ha movido hasta ahora para cuidarnos y para, con nuestra conducta, cuidar a nuestros conciudadanos.
