Allá por 1950, un embajador de Estados Unidos de América (EUA) en Guatemala acusó al dirigente local Jacobo Arbenz Guzmán, de ser comunista, con una serie de consideraciones que se volvieron populares: “Siempre que usted ve un/ pájaro caminando por una/ granja. Este pájaro no tiene/ una etiqueta que ponga/ “Pato”. Pero el pájaro/ ciertamente parece un pato./ También va al estanque y/ usted denota que nada como/ un pato. Entonces abre su pico/ y parpa como un pato. Bien,/ pues en ese punto usted puede/ deducir claramente que es un/ pato, lleve una etiqueta o no/ la lleve”/.
Algo parecido usó Richard Cushing en 1964 para referirse a Fidel Castro Ruz, que todo mundo sabe cómo terminó sus días. Y ahora, el presidente José Daniel Ortega Saavedra (11 de noviembre de 1945, La Libertad, Nicaragua), simplemente llamado Daniel Ortega, nada como pato, grazna como pato, y actúa como pato, seguramente es un pato, mejor dicho, es un dictador que trata de ser un líder popular cobijándose con los delgados lienzos del “pueblo sabio y bueno”, a semejanza de un merolico en tierras que un día usufructuaron los emperadores aztecas.
Resulta que Daniel Ortega (que busca reelegirse por tercera ocasión para hacer realidad su cuarta presidencia en Nicaragua), en compañía de su esposa y vicepresidenta Rosario María Murillo Zambrana (22 de junio de 1951, Managua) –curiosamente al escribir este reportaje la primera dama en cuestión celebra sus setenta años de vida–, trata de “competir” en unas elecciones sin oposición el próximo 7 de noviembre con el innoble propósito de perpetuarse y prolongar su poder que mantiene en las manos desde hace varios lustros con todas las características del autoritarismo corporativo.
Lo paradójico del caso es que Ortega, al paso del tiempo, se ha convertido en un fantasmón semejante al dictador Anastasio Somoza Debayle, derrocado por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), dirigido entre otros por el propio Daniel Ortega, con lo que se dio fin a un ciclo de dictaduras dinásticas, en Centroamérica, iniciado en 1937. José Daniel fue un gobernante “progresista y democrático” después de la Revolución Sandinista, de 1979 a 1990. Este último año, una vez que los Sandinistas fueron derrotados en las urnas, Ortega pasó a la oposición y regresó a la Presidencia hasta el mes de enero de 2007, aliado con facciones de derecha y con un programa regresivo en los ámbitos de los derechos populares. Ortega fue reelegido en 2011 y en 2016. Entonces empezó la represión en Nicaragua, con autoritarismo sin disfraces. En 2018 las protestas sociales sufrieron la embestidas del gobierno, con un saldo de 300 muertos. De tal suerte, “el régimen autoritario de Ortega Murillo hoy se asemeja más a la dictadura somocista que al gobierno revolucionario que le sucedió y en Nicaragua hoy por hoy, la democracia es solo una aspiración”, por no decir un sueño.
Así las cosas, el régimen de Daniel y Rosario se ha endurecido, Teme que no pueda seguir dirigiendo el país después del 7 de noviembre cuando se realicen elecciones libres y supervisadas. Y la represión se puso en marcha. A principios de junio la policía arrestó a la dirigente de la oposición Cristiana Chamorro, poco después de anunciar sus planes de postularse a la Presidencia de Nicaragua, con el evidente propósito de poner fin a 14 años consecutivos de mandato de Ortega, casi tres lustros…A la detención de Chamorro siguieron otros opositores como la de los ex guerrilleros Sandinistas Dora María Téllez, la Comandante 2, y el general retirado Hugo Torres, Comandante 1, que participó en las dos operaciones más grandes del Frente Sandinista contra la dictadura de Anastasio Somoza: la toma de la casa del alto funcionario somocista José María (Chema) Castillo, cuando realizaba una fiesta de despedida al embajador del EUA, Turner B. Shelton, operativo con el que se exigió la liberación de varios presos políticos, entre ellos al propio Daniel Ortega. La otra gran batalla en la que combatió Hugo Torres fue el asalto al Palacio Nacional junto con Edén Pastora, Comandante Cero, y Dora María Téllez, asalto conocido como la Operación Chanchera el 22 de agosto de 1978, acción armada que aceleró la caída de Somoza.
Por cierto, la Comandante 2 es de los veteranos Sandinistas que desde 1995 advirtieron que Ortega empezó a dar todos los pasos para entronizarse en el Frente Sandinista, primero, y posteriormente, en 2007, para auparse en el poder y no abandonarlo nunca. Sobre la actual coyuntura política, Téllez declaró a un periódico mexicano –declarado portavoz del presidente Andrés Manuel López Obrador–, “Yo francamente no me siento traicionada por Ortega. Porque yo no peleé, ni me metí al Frente Sandinista por él. Yo me metí a la lucha contra la dictadura de los Somoza y por cambios revolucionarios en Nicaragua….Ortega no sólo traicionó al Frente Sandinista. Lo destruyó por completo. Precisamente por ejercer una dictadura a sangre y fuego contra el pueblo nicaragüense”.
Como parte de la ola de arrestos, la policía nicaragüense ha detenido a dos empresarios, dos ex vice cancilleres, cuatro activistas opositores y dos comandantes guerrilleros disidentes del gobernante Frente Sandinista.
Por su parte, en entrevista con la agencia de noticias The Associated Press (AP) de EUA, el escritor y ex vicepresidente de Nicaragua, Sergio Ramírez, advirtió el lunes 21 de junio, que en su país de origen hay “cero posibilidad” de que se realicen elecciones libres el 7 de noviembre próximo. Además, alertó que las fuerzas opositoras que tomen parte en los comicios estarán “legitimando” una reelección de Daniel Ortega.
Asimismo, el Premio Cervantes de Literatura 2017 acusó que Ortega ha impuesto un sistema de “terror” en Nicaragua que impide al pueblo salir a las calles libremente y que non tolerará, por tanto, ninguna campaña electoral opositora. Además, Ramírez considera que la ley aprobada a solicitud del presidente para castigar a los opositores detenidos por supuestos “crímenes contra la soberanía” y “traición a la patria”, es “una ley de manga ancha que bien pudo haber sido escrita bajo el régimen de Benito Mussolini”. Por lo mismo, el autor de la novela Margarita está linda la mar y la autobiografía Adiós muchachos, pidió a la comunidad internacional desde EUA, donde se encuentra bajo tratamiento médico, que mantenga la atención en Nicaragua, porque la violación de derechos humanos “es un tema que concierne a la humanidad”,
En tales circunstancias, el martes 15 de junio, el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA), aprobó con cuatro votos en contra y cinco abstenciones (México, Argentina, Honduras, Belice y Dominica), una resolución de condena al arresto, “acoso y restricciones arbitrarias” impuestas a precandidatos presidenciales y a los partidos políticos en Nicaragua y pidió además la inmediata liberación de todos los presos políticos. De los 34 países miembros, 26 votaron a favor de la resolución.
La resolución, patrocinada por Brasil, Canadá, Chile, Costa Rica, Ecuador, EUA, Paraguay y Perú, resalta “la grave preocupación” del Consejo Permanente de la OEA por el hecho de que Nicaragua no ha implementado reformas electorales para garantizar que las elecciones de noviembre sean libres y justas. También insta al gobierno de Daniel Ortega a implementar medidas legislativas con el fin de promover elecciones transparentes.
La abstención de Argentina y de México en la resolución de la OEA que condena la ola represora de Daniel Ortega y esposa en contra de sus adversarios políticos, causó críticas de parte de los países que si la apoyaron. Más que la abstención de los países ya señalados, lo que molestó fue el comunicado conjunto del presidente López Obrador y de Alberto Fernández tratando de “explicar” lo “inexplicable”: que no se aplique la Carta Democrática Interamericana por la represión a la oposición. Se entiende que el representante de Ortega en la OEA defienda a su patrón, y que “exija” cesar toda injerencia y sanciones contra su administración. Pero no se puede entender que dos gobiernos legítimos –como sin duda lo son el mexicano y el argentino–, traten de defender a un régimen como el nicaragüense que ordena disparar a matar contra manifestantes –en Nicaragua van más de 320 personas abatidas desde 2018-., tal y como lo hacen las fuerzas militares birmanas contra los activistas pro democracia que tratan de justificarse diciendo que su decisión es un asunto interno de Birmania”. ¿O será cierto que Fernández y López Obrador tienen diferente vara de medir si el opresor es de izquierda (como les gusta afirmar que son ellos) o de derecha?
Vale la pena leer en la Crónica de Hoy (viernes 18/6/21) la Aldea Global de Fran Ruíz titulada: “Alberto Fernández y AMLO, los tontos útiles que necesitaba Daniel Ortega”. Cito un párrafo: “Lamentablemente, esto es justo lo que necesitaba oír Ortega, antes de rematar a todo rival para perpetuarse en el poder, como digno hijo putativo del dictador Somoza: que los líderes de dos de las naciones principales latinoamericanas, el mexicano López Obrador y el argentino Fernández salgan ahora en su defensa. Solo falta que ambos presidentes viajen pronto a Managua para hacerse una “foto de camaradas”, como la que se hizo recientemente el presidente ruso, Vladimir Putin, con el dictador Alexandr Lukashenko, en plena ola represora contra la población”.
Capítulo de último momento. Nicaragua sumó el lunes 21 de junio el quinto arresto de un aspirante presidencial de oposición al ser detenido el empresario periodístico Miguel Mora. El canal del televisión digital 100% Noticias –que Mora dirigió hasta 2020–, informó que la policía allanó la vivienda del comunicador y de su esposa, la también periodista Verónica Chávez, en Managua.
Mora se suma a la lista de aspirantes a la presidencia detenidos en Nicaragua desde el 2 de junio cuando fue arrestada la periodista Cristiana Chamorro, que permanece bajo arresto domiciliario. Los otros tres son el ex diplomático Arturo Cruz, el politólogo Felix Madariaga y el economista Juan Sebastián Chamorro.
Parece ser que la detención de Miguel Mora obligó a que las cancillerías argentina y mexicana instruyeran a sus respectivos embajadores en Managua, Mateo Daniel Capitanich y Gustavo Alonso Cabrera, se trasladaran a sus capitales para consultarlos sobre las últimas acciones del gobierno nicaragüense. En un comunicado conjunto, los gobiernos citados explican: “Han puesto en riesgo la integridad y libertad de diversas figuras de la oposición (incluidos precandidatos presidenciales), activistas y empresarios nicaragüenses”. En este documento, se agrega que hay “la disposición plena para colaborar constructivamente en la promoción del diálogo” en Nicaragua. Todavía es temprano para conocer cuál será la conducta que adopte Daniel Ortega y señora al respecto. VALE.
