Entrevista con Pablo Mijangos, profesor investigador del CIDE

 

En el CIDE se sigue calentando el ambiente. Se han intensificado las protestas contra el director, José Antonio Romero Tellaeche, que provocaran desde hace una semana la toma de las  instalaciones por parte de estudiantes, al considerar que su designación fue un acto ilegal, aunada a la protesta de los académicos por la suspensión de las comisiones académicas dictaminadoras y la purga política que realiza en la institución, entre otros punto.

La intervención de la titular de Conacyt, María Elena Álvarez Buylla, en el CIDE ha sido antecedida por ataques del gobierno a la UNAM, a la UAM, a la ANUIES y a otras instituciones de educación superior, que a su vez han llamado al diálogo. Incluso dos premios Nobel, James Hechman y Jean Marie Le Clezio, han intervenido públicamente para exigir libertad académica en el CIDE y que no priven los criterios políticos en el manejo de esa institución.

En respuesta, en una carta, Álvarez Buylla se comprometió a no ejercer represalias contra los estudiantes que participaron en la protesta y a reunirse con ellos este fin de semana para dialogar y liberar las instalaciones del Centro, pero no se cree en ella. Así, la comunidad estudiantil no reconoció la mesa de diálogo por no cumplirse las condiciones mínimas para un diálogo que permita una real conciliación.

Y es que los agravios han sido muchos por parte del doctor Romero Tellaeche que en opinión de propios y extraños buscaría aplastar al CIDE al costo que sea y convertirlo en una sucursal de la 4T, haciendo a un lado la libertad de cátedra, de investigación, de expresión y de pluralidad ideológica. Incluso ya se presentan denuncias de falta de pago a profesores y demás personal de la institución.

Siempre platicó con el doctor Pablo Mijangos, profesor investigador de la división de historia del CIDE, quien destaca que hay por lo menos dos movimientos de protesta al interior de la institución y se pronuncia por una mediación y su acompañamiento por parte de Gobernación, el gobierno de la CDMX o el Senado para desescalar el conflicto. Estas son las respuestas de nuestro entrevistado.

 

Pablo Mijangos

Pablo Mijangos

 

Romero Tellaeche rompió la normatividad

En el CIDE hay dos movimientos paralelos de protesta. Uno, encabezado por los estudiantes que desconocen al doctor Romero Tellaeche y demandan tener una participación más significativa en el gobierno de la institución. Lo que prendió la mecha fue de que la comunidad estudiantil se sintió muy ofendida por el doctor Romero Tellaeche y que su opinión no fuera tomada en cuenta en la designación hecha por Conacyt. Es un movimiento estudiantil, que tiene su dinámica propia, sus liderazgos y una estructura particular. En paralelo, hay una protesta del personal académico respaldada por el sindicato de trabajadores del CIDE, SITCIDE, y el sindicato de trabajadores académicos, el SIPACIDE.

La protesta del personal académico tiene que ver con agravios parecidos que se centran en la imposición del doctor Romero, en las irregularidades del proceso de designación y que tampoco fueron escuchados por la directora de Conacyt, no se tomó en cuenta nuestra opinión, sobre todo porque hemos vivido en carne propia, decisiones arbitrarias muy graves. En los medios se ha hablado mucho de las destituciones es el caso de Alejandro Madrazo, pero la parte central fue el hecho de que el doctor Romero canceló, sin tener facultades y unilateralmente las evaluaciones para profesores para este semestre.

La permanencia, los derechos del profesorado, el estatus laboral dependen de estas evaluaciones que se programan con meses de antelación y son reguladas cuidadosamente. Hay un reglamento propio y se llevan a cabo por comisiones dictaminadoras integradas de manera plural, donde no está solo el director general o el secretario académico sino también el director de la división que corresponda y 3 académicos externos, además de un representante de todo el profesorado, con la idea de que ninguno de los actores tenga un peso determinante y que no puedan, por algún tipo de filia o fobia, personal o ideológica, decidir el destino laboral de un colega.

El doctor Romero Tellaeche rompió la normatividad institucional y mintió, porque cuando hizo esta cancelación dijo que las evaluaciones tenían que hacerse con el director permanente, no el interino, pero simultáneamente ante de su designación como director permanente, antes del 29 de noviembre, Romero Tellaeche reconoció ante tres académicos, que hizo la cancelación porque sentía que en las comisiones le impondrían la aprobación de 4 colegas, en cuya permanencia no estaba de acuerdo porque eran políticamente incómodas. Quiere tener comisiones a modo para purgar a la institución de acuerdo a ciertos lineamientos políticos e ideológicos, respaldados por la dirección de Conacyt.

La comunidad está muy preocupada por lo que está diciendo Romero Tellaeche de hacer una purga política de la institución, además de que ha dejado clara su posición con el centro.

El primero —que no ha muy reportado en los medios—, es que a finales de octubre después de la destitución del doctor Madrazo, el consejo académico de la institución— instancia representativa más importante—, pidió una explicación de lo que había sucedido con la destitución, ya que las explicaciones de Romero Tellaeche eran incompletas o inconsistentes. Preocupa mucho a los miembros del consejo académico saber qué pasa con la libertad de expresión por lo que se elaboró un pronunciamiento en donde dice que básicamente las libertades de cátedra, de investigación y de expresión son esenciales para la labor que tenemos encomendada como centro público de investigación y que cuando los profesores hicieran uso de la libertad de expresión, era a título personal, sobre todo los profesores que tenemos alguna autoridad, como en su momento la tuvo el doctor Madrazo.

Era un pronunciamiento bastante moderado pero Romero rechazó firmar ese pronunciamiento, lo que significa un gesto peligroso y preocupante porque no firmó un pronunciamiento de una autoridad formal, colegiada, donde se dice que es la libertad de expresión, de cátedra y de investigación son centrales para nuestra labor.

Punto dos, su plan de trabajo, es muy elocuente, lo que anuncia en ese plan es que las actividades del CIDE, lo que se enseña y se investiga tiene que alinearse a las directrices del gobierno. Acusa al CIDE de ser una cueva de neoliberales, culpables de todos los males de la patria y que para ayudarla, hay que purificar a la institución del neoliberalismo y alinearlo con la 4T.

Hay un desprecio del doctor Romero hacia las instancias colegiadas como la comisión académica dictaminadora, el consejo académico y hacia la legalidad interna de la institución. El doctor Romero, no es abogado, es un economista que no ha tenido una gran experiencia en la administración pública y no entiende su papel como director general de una entidad paraestatal. Siente que es como tener un instituto a su total disposición, es su rancho. Se le olvida que también es un funcionario público que debe fundar y fundamentar todas sus decisiones adecuadamente, conocer bien la normatividad interna, su estructura, sus órganos colegiados y entender porqué están ahí.

 

Purgas en el CIDE

Han habido muchas recapitulaciones de la historia del centro. Se recuerda que en el gobierno del presidente Salinas de Gortari hubo una purga muy agresiva hacia el centro y era un CIDE mucho más pequeño. Una de las lecciones para la gente que ingresó décadas después, hablo a partir del 2000, es que al CIDE no se le podía conducir así, por ser un centro público y por eso se dieron estatutos del personal académico, reglamentos sobre docencia, sobre la comisión dictaminadora y se le dotó de una normatividad, para prevenir y reducir este tipo de arbitrariedades.

Romero Tellaeche no lo entiende, piensa que las normas y estas instancias colegiadas son una estratagema de élites académicas que se quieren perpetuar para evitar la purificación que venga de parte del pueblo de México, que se entiende, habla a través de él. Se asume por transitividad como un intérprete de los sentimientos populares respecto al Centro, lo que hace muy difícil el trabajo.

Hay una combinación de factores que han llevado a una convivencia imposible, tanto entre el doctor Romero y el cuerpo estudiantil como de parte del profesorado, incluso con los trabajadores que han sido los menos involucrados en esta historia. Dicen este señor que llegó de interino en agosto no habló con ellos, hasta un día antes del paro y les pidió apoyo para evitar que los alumnos tomaran las instalaciones.

 

Urge una mediación

La apuesta de Conacyt y de Romero Tellaeche, es esperar que la gente se agote o se vaya y Conacyt se imponga. La directora de Conacyt y Romero no están dispuestos a escuchar ningún reclamo, a reconocer la legitimidad de los agravios que tiene la comunidad. Por ese lado, es muy difícil avanzar.

Si no sucede otra cosa probablemente Conacyt se imponga a sangre y fuego al costo de destruir la institución, paralizar las actividades, amedrentar a sus investigadores y agotar a los alumnos que quieren estudiar. Dejarlo morir y convertirlo ahora sí, en el centro militante de la 4T.

La otra opción, es que dentro del propio gobierno haya una mediación y un acompañamiento para desescalar el conflicto. Buscar una instancia mediadora, alguien neutral, que permita encontrar una ruta de trabajo, de recuperación de la normalidad. Lo que piden las Asambleas de profesores y del personal académico, es que ya sea Gobernación, el gobierno de la CDMX o la comisión de ciencia del Senado intervengan para que haya una mesa de negociación donde estén todas las partes para encontrar una ruta de salida.

Quiero creer que dentro de la coalición de la 4T, hay actores menos estalinistas, dispuestos a escuchar los reclamos de la comunidad y acompañarla a una transición a una comunidad más funcional. Insisto Gobernación, el gobierno de la CDMX, la comisión de ciencia del Senado e incluso el propio senador Ricardo Monreal que ha sido como el adulto del grupo y que podría acompañar este proceso.

La ruta ideal tendría que ser la reposición de todo el movimiento, que un nuevo interinato permita crear un ambiente donde participe no solo la comunidad o cualquier externo y que tome en cuenta la opinión del alumnado. Lo que no se puede hacerse es imponer a un señor que ha dado muestras reiteradas de autoritarismo, de incompetencia e insensibilidad a los reclamos de la comunidad y esperar que la gente se cuadre.

Además hay actos intimidatorios no solo de Romero Tellaeche sino de un par de personas que provienen de la Facultad de Economía  de la UNAM, a quienes se les dio plaza de profesor investigador, titular y que se dedican a amedrentar a partir de que empezaron las protestas. Es un hostigamiento grave, son prácticas comunes en el porrismo universitario.

 

Respeto a la libertad de cátedra y de investigación, que sea plural

La pelea no es solo sobre el futuro del CIDE, el Centro no tendría porque ser este escándalo nacional pero están en juego principios que deben ser sagrados en el mundo académico: el respeto a las instancias colegiadas, a la normatividad, a la defensa clara de las libertades de cátedra, de investigación, de expresión y que los alumnos sean escuchados, respetados tanto por los profesores como por las autoridades del Centro y de Conacyt.

Los alumnos del CIDE —de alta exigencia académica— han peleado por mantenerse ahí, están comprometidos con el país. Es insultante que Romero diga que son esponjas que solo absorben y repiten lo que les dicen sus maestros, que son jóvenes manipulados, neoliberales pero que él en su infinita sabiduría y experiencia anti neoliberal los conducirá a la libertad patriótica.

He dado clases 12 años en el Centro y a mis alumnos les tengo mucho respeto. Están preocupados porque ven un autoritarismo escandaloso, una politización absurda y ellos no se inscribieron al CIDE para entrar al centro militante de la 4T. Entraron a estudiar una carrera con lo estándares más altos posibles de nivel internacional.

Nuestros alumnos —estoy muy orgulloso—, son generalmente admitidos en posgrados de todo el mundo, destacan mucho en el ámbito profesional, porque salen con una formación de primer nivel. Son alumnos políticamente plurales, que están en todos los partidos, panistas, priistas y muchos morenistas, incluso muchos están en la administración actual como Juan Pablo de Botton, — director de Bancomext y Nafin—.

Hay una pluralidad ideológica, política en el CIDE que no se debe menospreciar y es el valor de una universidad. El discurso hiper simplificador de que el CIDE es una cueva de neoliberales, es una mentira absoluta. He tenido alumnos que estudian el maoísmo, la izquierda cardenista, los católicos en los años de la reforma y los temas que se le ocurran y estudian porque tienen la libertad de hacerlo y lo que les enseñamos son las herramientas más adecuadas para que desarrollen su potencial académico, de eso se trata la enseñanza.

No necesito explicar que cuando llegamos a ese tipo de niveles donde ciertas corrientes de pensamiento son asociadas con una actividad criminal, peligrosa para el pueblo y la patria, entramos en una dinámica autoritaria terriblemente peligrosa, porque el poder asume como su tarea extirpar ciertas tareas, purificar a la patria, prevenir la corrupción de la juventud. Es un lenguaje dictatorial.

Insistiría en el punto de la mediación. Sabemos que nuestro trabajo debe ser apoyar al país, los colegas de otras áreas que hacen investigación más aplicada están abiertos a trabajar con las distintas instancias del gobierno federal que requieran la asesoría especializada del profesorado del CIDE bajo términos de libertad de investigación, de objetividad, de rigor académica.

Si se deja al CIDE a merced del autoritarismo, estamos perdidos. Al final quien va perder tristemente son los estudiantes, porque interrumpirán de manera trágica la formación que tienen pero también el país porque no hay tantos centros como el CIDE, es un centro que ha costado décadas de trabajo, que hecho cosas valiosas, denuncias importantes y que no se va recuperar.

Para centros militantes hay muchos, el propio Morena tiene su instituto de formación política y pueden hacer más sucursales pero el CIDE no cumple esa función. No tiene sentido que el estado gaste en una institución de propaganda militante, para eso hay mucha gente de twitter que lo hace de gratis y lo haría más eficazmente que con las herramientas de una institución académica.

 

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