Uno de los avances tecnológicos que más polémica ha causado en los últimos tiempos es el de la inteligencia artificial, es decir, un recurso que con base en programación en computadoras permite el desarrollo de un amplio espectro de actividades.

Una de las aplicaciones prácticas se ubica en el terreno de los asistentes personales, principalmente en dispositivos móviles, los cuales no sólo responden a nuestras preguntas, sino que son capaces de realizar las tareas solicitadas sin nuestra intervención, desde fijar un recordatorio en el calendario, enviar un mensaje o reproducir una canción.

Asimismo, la inteligencia artificial ya incursionó en el terreno de la fotografía al poder restaurar una imagen dañada o en otros ámbitos al recopilar información para crear bases de datos que puedan orientar los esfuerzos publicitarios de una marca.

Pero a pesar del amplio abanico de posibilidades y las aplicaciones prácticas que tiene, así como los beneficios que nos puede traer como usuarios de dicha tecnología, el temor sigue presente influido por novelas y películas de ciencia ficción que ofrecen historias en las que una inteligencia artificial se convierte en el enemigo de la humanidad en busca de su extinción.

Quizá este tipo de pronósticos nunca se cumplan o posiblemente la inteligencia artificial necesite el establecimiento de unas cuantas leyes, como planteó Isaac Asimov en su novela Yo Robot, para que no se le considere potencialmente peligrosa, algo que el tiempo se encargará de demostrar y, finalmente, decirnos quien tenía razón.